Entrevistas Julio Albi, representante del reino de España en el Perú, se despide en entrevista insólita.
El Adiós Del Embajador (VER)
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Embajador Albi recibiendo en la residencia de Barranco a Felipe de Borbón, Príncipe de Asturias, julio 2006. |
Julio Albi, Embajador de España en el Perú, se marcha en estos próximos días habiendo culminado su gestión en el país. Deja unos lazos muy fuertes entre ambas naciones y, lo sabemos todos, una relación diplomática y amical muy estrecha entre los gobiernos respectivos. Es un “quiet man”, un hombre tranquilo, muy sereno y sosegado, con un extraordinario laboratorio mental procedente de su mundo interno. Se autodefine: “soy introvertido y amiguero a un tiempo”. Hombre muy culto, es toda una autoridad en Historia Militar Española y ha escrito libros sobre los Tercios de Flandes del siglo XVI; sobre el sistema defensivo español en América en el siglo XVIII y sobre las emancipaciones americanas en el XIX. De ficción tiene un libro de cuentos y dos novelas: “La calavera de plata” y “La gran cifra de París”. Ahora, haciendo maletas, nos muestra su personalidad en esta entrevista, respondiendo preguntas absolutamente insólitas para él. Empecemos con algunas casi obligadas:–¿Cómo ve los problemas de la región, entendiendo en este caso por región a Latinoamérica?
–Existe el gran desafío que es la lucha contra la pobreza, y la prioridad de los políticos sin discusión es combatir ésta.
–¿Cree que Cuba saldrá de su marasmo?
–Cuba saldrá adelante. Soy optimista. Hará las reformas precisas para ubicarse en democracia.
–Usted ya se marcha. ¿Puede hacer un balance de resultados de las relaciones entre España y el Perú durante su estancia?
–El balance es muy positivo. He tenido la suerte de que mi estancia aquí coincidiera con el crecimiento de la cooperación entre ambos países y el aumento de la inversión española en el Perú.
–Usted le llama suerte a esto pero ¿no ha tenido usted una actuación personal en el asunto?
–No me apunto ningún tanto, porque las relaciones entre países son demasiado complejas para que una sola persona pueda tener influencia en los resultados. Creo más en las instituciones que en las personas.
–A eso se le llama “perfil bajo”.
–Es lo que corresponde. Y soy muy optimista respecto a Perú, ya que se están haciendo las cosas con la mejor intención para que el país crezca a ritmo acelerado.
–¿La mayor virtud de los peruanos?
–La simpatía.
–¿Su mayor defecto?
–La forma de manejar.
–Si se viera forzado a vivir en el Perú y fuera de Lima, ¿dónde lo haría?
–En Arequipa. Es una ciudad muy amable y extrañamente familiar para mí. El clima no me afecta porque vengo de sitios fríos. Soy de Burgos y los de Burgos presumen de frío.
–Una pregunta extraña para usted: le dan un billete gratis para un viaje a la luna. ¿Lo aprovecharía?
–No. Porque no tengo la menor curiosidad y porque me faltan muchísimas cosas por ver en la tierra.
–¿Eso significa que usted no tiene espíritu aventurero?
–Creo que sin buscarlas ya he tenido bastantes aventuras. Una de ellas volar desde Doula en el Camerún a Malebo en Guinea, con un motor incendiado. Si hubiera sido cuatrimotor la cosa hubiera tenido menos emoción, pero era un bimotor y el susto fue mayúsculo. Llegamos con las justas. También he tenido que recorrer la ruta de la muerte en Bosnia al principio de la guerra en Yugoslavia.
–¿Ruta de la muerte?
–Así se le llamaba a una carretera muy estrecha al borde de un río. Nunca se sabía si esta ruta podía ser completada porque se producían ataques constantes. Pasabas por allí en una tanqueta y veías otros vehículos en llamas, casas bombardeadas y desolación y muerte. No nos pasó nada pero la tensión fue inmensa. También he pasado por la desagradable experiencia de estar detenido en un país africano.
–¿Qué país?
–No se lo puedo decir, por razones obvias de mi profesión.
–Entonces me debe una.
–¿Qué le parece ésta? Cuando se hizo la paz con la guerrilla en El Salvador yo, que trabajaba con el Ministro de Defensa, fui con una delegación en dos helicópteros a ver a un grupo de cascos azules españoles y nos encontramos con que no podíamos aterrizar porque todo el campo estaba completamente minado. Sólo pudimos hacerlo en un espacio pequeñísimo, de unos 20 metros cuadrados, en la cúspide de una montaña y en la que sólo podía aterrizar un helicóptero luego de levantar vuelo el otro.
–¿Ha practicado algún deporte?
–Ninguno convencional, sino los deportes de campo en Burgos y en Zamora, como montar a caballo y sobre todo el de escopeta y perro. La caza de conejos o becadas o perdices o lo que se presente, cubriendo muchos kilómetros de monte acompañado del perro que busca la presa abatida. Deporte muy duro de día abierto, y horas por delante con olor a romero, tomillo y retama.
–¿Su bebida favorita?
–Dry martini o el Gibson, que es lo mismo pero con vodka en vez de gin.
–¿A qué es adicto?
–Al tabaco, a la música y a los libros.
–¿Música? ¿Le gusta bailar?
–Nada. Mi afición a la buena música es tan grande que pienso que no hay que oírla sino escucharla, que es diferente. Adoro la música clásica y las tres “B”, Beethoven, Bach y Brahms, en la cúspide y bajando de ésta podría llegar a las habaneras y a las canciones de orfeón y ya, en el llano, me gusta lo que hacen Bebo y Cigala.
–¿Y de su tercera adicción, los libros? ¿Cuáles son sus gustos?
–Diversos y dispersos. Mis autores favoritos: Borges, Baroja y Zola. Y curiosamente también me gustan mucho las descripciones que tiene Somerset Maugham sobre las gentes y los ambientes existencialmente decadentes de un Imperio británico ya lleno de fisuras. Y me entretienen muchísimo las novelas policiacas de un Conan Doyle con su Sherlock Holmes o de un Cammillieri con su detective Montalvano. ¿Grandes libros?: “El siglo de las luces”, de Alejo Carpentier, “El Aleph”, de Borges o “El Gatopardo” de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.
–¿Cuándo dio su primer beso?
–Cuando me enamoré por primera vez. En Madrid, a los 14 años y con una chica de mi misma edad, morena, alta, de muy buen tipo y gran sentido del humor.
–¿Conserva algún recuerdo erótico de su juventud?
–Sigo enamorado de Lauren Bacall. Hasta la muerte.
–¿Lauren Bacall, la ex de Bogart? ¿Es usted aficionado al cine? Deme tres títulos.
(Se toma su tiempo para pensar. No sé si mira al mar, puesto que desde nuestra mesa del restaurant Costa Verde éste se palpa casi con las manos, o se distrae con las volutas del humo de su cigarrillo. Finalmente responde con todo detalle).
–“El tercer hombre” de Carol Reed, con Orson Welles y Joseph Cotten; “Fitzcarraldo” de Herzog, con Klaus Kinski y Claudia Cardinale, que sucede en la amazonía peruana en la época de los caucheros, y una fantástica comedia de principios de los 40, “To be or not to be” o “Ser o no ser”, de Ernst Lubitsch, con Jack Benny y Carole Lombard, una joya.
–¿Qué es la felicidad?
–Un estado de equilibrio y serenidad cuando no hay de nada demasiado. Cuando las ambiciones cesan y no se echa nada de más y nada de menos.
(Esta definición me parece original y perfecta).
–¿El personaje del año?
–Barak Obama. No me pregunte más.
–Como historiador y analizando la tremenda problemática actual, ¿en qué época le hubiera gustado haber nacido?
–Hoy. No hay que tener pesimismo ni optimismo histórico. El ser humano, con todos sus problemas y defectos, jamás ha vivido como en el siglo XXI.
–¿Algo más?
–Sí. De aquí, desde Caretas, me despido de todos los amigos del Perú. Un abrazo entrañable. Los recordaré siempre. (Por: el marqués de Valero de Palma)