Internacional Ingrid Betancourt: Futuro político y personal de Ingrid Betancourt en crónica de su liberación.
Vida Después de las FARC (VER)
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Durante su último encuentro con la prensa en Colombia y flanqueada por sus hijos Melanie y Lorenzo. |
El rescate de Ingrid Betancourt y otros 14 secuestrados por las FARC capturó la atención mundial. Tras la emocionante primera intervención de la ex congresista las opiniones se dividieron. Hay quienes la cantan de fuerte contendora a la presidencia colombiana. Otros, como el columnista Rafo León, confiesan desconfianza hacia su figura (ver entrada de su blog en www.caretas.com.pe). Ya desde París, Betancourt ha ofrecido interesantes entrevistas que demuestran una madurez política que le era esquiva antes del plagio. A la BBC le dijo: "Entre Álvaro Uribe y yo hay una diferencia fundamental, y es que Uribe concibe el problema colombiano como una crisis de violencia, de seguridad, y esa crisis de seguridad es la que produce un malestar social. Yo pienso al revés: porque hay un malestar social hay violencia". Aún torea la posibilidad de una candidatura y reconoce que Alan García es el único aliado de su país en la región. Con respecto al fin del conflicto colombiano, resume con sensatez lo obligado por las circunstancias tras una historia de procesos de paz frustrados: "La negociación hay que buscarla como prioridad, pero la presión militar hay que mantenerla, porque las FARC nunca van a negociar mientras piensen que tienen una opción militar para conquistar el poder".
Madre al fin y al cabo, lo primero que Ingrid Betancourt dijo a Lorenzo, su hijo menor, al darle el alcance en las escalinatas del avión que lo traía de París fue: “Estás mal vestido”. Lo segundo fue un “te amo mucho” acompañado del hondo abrazo imaginado y postergado durante 6 años, 4 meses y 9 días, al que se unió Melanie, hija mayor. “El momento más feliz de toda mi vida es este… ya estoy con mis niños”, declaró luego Ingrid a la prensa. Niños que ya encuentra adultos: Melanie tiene 22 años y Lorenzo 19.
Hasta ese momento, 8:26 a.m. del jueves 3 de julio, la ex candidata presidencial no parecía sentir el agobio de sus primeras 15 horas frenéticas de libertad, y eso que ya llevaba 27 sin dormir: El día anterior, el de la liberación, se levantó a las 5 de la mañana con una sensación de expectativa, “esperando todo el día, no sabíamos qué”. Las noticias abrieron ese miércoles con una fotografía suya que unos alpinistas habían colocado en la cima del Mont Blanc, la cumbre más alta de Europa, en homenaje a su resistencia. Unas horas después, en Bogotá, Yolanda Pulecio se preparaba para tomar un avión a Francia; al mediodía recibió una llamada del Ministerio de Defensa colombiano, pidiéndole que se quedara, que en unas horas habría novedades sobre su hija. Tal vez en ese momento recordó lo que había declarado unos días antes a CARETAS 2034 en una entrevista exclusiva: “Dios quiera que sea pronto”.
A las 2 de la tarde la noticia de la liberación de Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes de las FARC, sin disparar una sola bala, rebotó en los medios de comunicación de todo el mundo.
Aparte de unos bogotanos que entraron a un centro comercial con banderas blancas y una celebración espontánea en Medellín, no hubo grandes expresiones de júbilo. Ni manifestaciones ciudadanas en el barrio de Los Rosales –en donde vive Yolanda Pulecio–, ni cánticos en la Casa de Nariño. Los colombianos recibieron la buena nueva con serena alegría, como guardando los festejos para el día del verdadero desenlace y dejando la euforia colectiva para el otro suceso del día (o de la noche): el partido entre el América de Cali y el Boyacá Chico, primera final del campeonato nacional que terminó en empate polémico –el árbitro dio el pitazo final en el momento en que el Chico hacía el gol de la victoria– y dio que hablar y debatir durante los días siguientes. Cual metáfora de la lucha contra las FARC, tal vez los colombianos entienden mejor que nadie, o al menos mejor que los que sí celebraron en París y otras partes del mundo, que el partido no termina hasta que termina.
Pero el que definitivamente tuvo un gran día miércoles fue el presidente Álvaro Uribe. Justo cuando era duramente criticado por la prensa luego de proponer un referéndum para tentar una nueva reelección en los comicios del 2010, y acusado por las familias de los rehenes, incluyendo a la de Betancourt, de no estar llevando bien la negociación con las FARC, borró de un brochazo todo atisbo de oposición y cosechó elogios en todo el planeta por la audacia de su Operación Jaque. Además supo explotar mediáticamente su triunfo: acumuló expectativas al continuar con la agenda del día luego de conocida la noticia y solo reservar los flashes para la noche, en una especie de conversación coloquial con los liberados que él mismo dirigió en público y teniendo a la prensa como espectadora.
La noche del miércoles terminó en una Bogotá sumida en el silencio y la llovizna de invierno. Un programa de radio para noctámbulos dedicó a los liberados una canción: Libre, de Nino Bravo.
El jueves, corresponsales de todo el mundo iniciaron de madrugada la persecución a Ingrid Betancourt por la calles de la capital. Una accidentada conferencia de prensa en la embajada francesa demarcó sus últimas declaraciones en territorio colombiano. Abundaron las preguntas repetidas y evidentes, pero Betancourt respondió todo con esmero de candidata presidencial, y continuó declarando a la prensa luego de aterrizar en Francia, para sorpresa del propio Sarkozy. Tanto ha hablado Ingrid Betancourt que en el programa humorístico La Luciérnaga le han pedido que ya se calle, sugiriendo entre chistes que en sus palabras hay algo más que entusiasmo y gratitud; no por nada la revista Semana cuenta que ya tiene elaborado un plan de gobierno de 190 puntos, cavilado durante el cautiverio, al mismo tiempo que hace notar que en diciembre del 2001 tenía una popularidad de 24%, que se ha disparado a 71% en marzo de este año. Uribe ha traído de vuelta a su más dura contrincante, aliada por el momento. Por otra parte, se puede decir que lo que Ingrid Betancourt perdió al ser secuestrada no le ha sido devuelto, sino transformado. Su nuevo régimen de vida, siempre con una cámara delante, viene también con un nuevo tipo de libertad. (Escribe desde Bogotá: Giomar Silva)