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Espectáculos A propósito de temporada circense y estreno de La Tarumba, recorrido de la carpa nacional.

Sueños de Carpa (VER)

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Argentina Mariana Zarabozo es Esmeralda, personaje principal en Illuminare, que estrena el 20.

Dicta la tradición de medio año que junto con las banderas blanquirrojas se levanten telas de otro tipo, de otros colores. Que además de ese inmaterial espíritu patrio, una magia distinta se cierna sobre las cabezas de los peruanos. Llegada la mitad del año, es tiempo de circo.

Esta temporada se inicia con los peruanos de La Tarumba y su propuesta de prácticas circenses, teatro y música, como es costumbre dada la constancia del grupo: desde el 2003 ha presentado por lo menos una pieza al año. Este toca el estreno de Illuminare, obra en la que el amor le sirve a la protagonista para hacer una revisión interior. Y de paso, encontrarse con personajes fantásticos y acrobáticos, según explica Fernando Zevallos, director del grupo más no de la pieza, pues en esta ocasión ha invitado a dos directores argentinos, Aurea Gonzales y Roberto Uriona. Ellos han desarrollado la premisa de este año: “Tocar al espectador más allá de sorprenderlo con las habilidades técnicas; obligarlo a reflexionar y mirarse a sí mismo”, dice Zevallos, quien ha desistido de la dirección porque está abocado desde ya al espectáculo que el próximo año festejará los veinticinco años de existencia de La Tarumba.

“Cuando dejé la televisión, en donde trabajaba, por La Tarumba, aparentemente me metía en un fracaso seguro. Eso, al menos, era lo que muchos me decían”, recuerda Zevallos. “En ese entonces el circo no estaba de moda. Así que considero que la actitud de La Tarumba fue la del pionero”.

Carpa Nacional

Para Zevallos, el circo peruano tuvo un par de décadas de auge, las del ’60 y ’70. “Existía un circo tradicional de mucho nivel en el que no participaban empresarios ni artistas que no fueran de circo”, afirma. Menciona a la familia Mando, a los Pintado y a los Coronel. También a payasos como Pitillo y Farolito. Incluso a empresarios “maravillosos” como Enrique Basurto. Sin embargo, la lenta degradación del circo podría adjudicarse a la política nacionalista de Velasco Alvarado, en cuyo gobierno el circo era uno de tantos asuntos foráneos que no cabía apoyar. “Fue un grave error. Como consecuencia, artistas nacionales emigraron, y los de fuera dejaron de venir”, explica Zevallos.

Como invariablemente tenía que suceder, la guerra interna y la crisis económica mellaron aún más las raídas carpas: muchos circos dejaron de moverse; ya no podían recorrer el Perú “por miedo a ser atacados por terroristas o a ser tomados por tales”, afirma el director. En ese contexto, a La Tarumba se le reclamó su falta de pronunciamiento o, en todo caso, la falta de obviedad en su discurso o en su postura política. “Pero buscábamos rescatar la bondad y la belleza en momentos en que esta parecía no existir más. Creo que en esa época, eso era ser subversivo”, apunta Zevallos.

Aún así, fue durante el alargado gobierno de Fujimori que el circo experimenta la degradación que imperó en distintos ámbitos. “Por una cuestión de supervivencia, muchos artistas se dejaron manipular por empresarios y estrellas de esa televisión sin principios, que vieron en el circo un negocio lucrativo, pero que no tenían la menor preocupación por la formación y educación de la gente que ahí trabajaba”, continúa Zevallos.

Sin embargo, a mediados del ’80, paralelamente a lo narrado, surge a nivel internacional una preocupación por recuperar las artes circenses; aparece lo que ahora se conoce como “nuevo circo” o “circo contemporáneo”. Si bien el Cirque du Soleil es, probablemente, el representante con más alcance de esta corriente, explica Zevallos que sólo es uno de sus gestores, y da cuenta de grupos como Pluma (surgido en el ’83) o Archaos (en el ’84). En el Perú, La Tarumba no es su único cultor: están grupos como La Tropa del Eclipse, Circoband o Agárrate Catalina. Este arte no sólo se ve como una manifestación escénica compleja y completa, sino que se exploran sus posibilidades como herramienta de desarrollo social a través de proyectos interesantes como lo fue Fantástica Circo.

-En cuanto al Estado –léase INC–, Fernando, ¿se reconoce y apoya al circo nacional?
–En el Perú, la madre del cordero es la ausencia de política cultural. No sólo hacen falta estímulos a nivel de premios nacionales, sino un apoyo real a las artes vivas en general. Es verdad que entre las artes escénicas no se reconoce al circo como un hecho cultural, lo cual hace falta. Sobre todo las autoridades. No me importa que el Congreso condecore a Chespirito, hasta me parece bien; pero el Estado también debería reconocer a personas que han hecho cosas importantes para este país. Todo esto pasa por el gran problema de la educación en el Perú. Por esa revolución hay que comenzar.

La esperanza de que ocurra lo que parece imposible. He ahí la magia del circo. (R. Vaisman)


 


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