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Optimismo Optimismo bibliotecológico y libresco en el país, según Hugo Neira.

Una Lectura a Favor

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Neira en medio de las extensas reparaciones que se están realizando en sede de la BNP en el Centro de Lima, una de las razones para su optimismo.

La revista CARETAS me hace una pregunta concreta. Quiere saber si soy optimista en el asunto específico de la lectura. Desde hace dos años, actuando con sinceridad, no he dicho que “la lectura deja mucho que desear” (detesto los eufemismos a los que muchos acostumbran) sino que he puesto delante de todo el mundo las terribles cifras de la encuesta mundial de PISA, 2002, donde andamos a la cola del planeta en materia de comprensión de textos en escolares, privados o públicos, de l5 a l8 años. Y no abordo aquí las causas de tan gigantesco desastre. Entre otros, los errados métodos pedagógicos. Pero sí, soy optimista. Respondo desde la modesta dirección de un OPD, la actual BNP.

Soy optimista porque cada noche se llena de espectadores el nuevo teatro “Mario Vargas Llosa” de la sede de San Borja, resultado de “una alianza estratégica”, como se dice, con el Banco Continental y el grupo teatral “Plan 9”. Soy optimista porque nuestros eventos y coloquios son muy concurridos. Uno de ellos, el coloquio que llamamos “Sobre el Cholo”, congregó, el último año, tres o cuatro veces por mes, gente popular que vino a explicarnos a todos, con la presencia de los propios actores sociales (Dina Páucar, artesanos, diseñadores de modas que venden en Europa) qué es lo que hacían, masa geológica emergente de empresarios culturales, a la cabeza de las culturas urbanas, cholas o chicha, triunfadoras. Fue un inmenso foro que filmamos y registramos. Un vivo “cuaderno de dolencias” de la cultura plebeya. Y se dirán ¿qué tienen que ver esos eventos con la práctica de la lectura? Figúrense que tienen que ver. Porque la gente que va a San Borja, convertida en uno de los primeros Centros Culturales de Lima, regresa después, en calidad de lector. Cuando llegué a la tarea que el presidente García me ha confiado, me hallé con que lo que falta no son libros sino lectores. Hablemos con franqueza: faltan hábitos, lugares. La sede de San Borja, paradójicamente, por su modernidad, inhibía. Eso se acabó. El conteo que hace el personal de seguridad revela que hemos pasado de 8 mil visitas a 50 mil.


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