Economía Como lo demuestra España, ni la gloria deportiva salva hoy a los gobiernos de la impopularidad.
El Contraste Peruano
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España conquistó la Eurocopa y Wimbledon, pero Rodríguez Zapatero no se benefició de la euforia. |
Economía nacional en un auge que no tiene precedentes y popularidad gubernamental que decae hasta niveles anémicos. Son el contraste peruano que intriga al mundo exterior.
Otro sería el cantar, dicen algunos, si la selección de fútbol diera siquiera visos de clasificarse al mundial. Pichicatearía la autoestima y ayudaría al Altísimo.
Afirman que el régimen militar fue fortalecido por la participación en México 70 y Argentina 78, y que hasta los desaparecidos aplaudieron a Videla cuando su país ganó la Copa ese año.
Los nazis, por cierto, creían en la influencia política del deporte y Leni Riefenstahl, la famosa cineasta alemana de la época, hizo una película, ‘Olympia’, que subtituló “Las diosas en el estadio’, con motivo de las olimpiadas de Berlín de 1939.
Pero los tiempos bien pueden haber cambiado.
España ha delirado por tres motivos en las últimas semanas: ha ganado la Eurocopa después de décadas de frustraciones, Rafael Nadal ha triunfado sobre Roger Federer en la final más larga de la historia de Wimbledon (4 horas y 48 minutos) y Fernando Alonso se ha convertido a los 24 años en el campeón de la Fórmula 1.
Sin embargo, en simultáneas encuestas la popularidad del presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero ha descendido.
Era 57% al principio de su gobierno. Ahora es 48%.
La razón: el 90% de los encuestados por la agencia Metroscopia cree que la economía española está en crisis y el 65% piensa que el gobierno de Rodríguez Zapatero no sabe cómo enfrentar la situación. Además, 44% opina que los “artilugios semánticos” del gobernante están destinados a ocultar la gravedad de la situación.
El mundo, pues, ha cambiado. Sin embargo, la situación actual de España es, guardando distancias, muy diferente a la peruana.
Durante una década, la economía española creció sin parar y su producto nacional se duplicó, llegando a superar al de Italia. A su vez, el paro (o desempleo) se redujo al 10%.
Ahora, frente a una inflación inducida por el encarecimiento del petróleo y de ciertos alimentos, aparecen señales de recesión, se pierden puestos de trabajo y se asoma una crisis inmobiliaria contagiada.
En el Perú, si bien la inflación puede repuntar a 7% este año, no hay nada de todo lo otro. Pero los precavidos se vuelven agoreros y, a pesar de que las nuevas inversiones se suman y el empleo crece, prima la resistencia al optimismo.