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Cultural Artista Mario Silva sigue pista urbana milenaria en "Lords, Pyramids and Replicas".

La Trocha Neo Moche

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Artista Mario Silva sigue pista urbana milenaria en "Lords, Pyramids and Replicas".

Cuánto de nosotros, los peruanos, expresa Mario Silva en su aventura fotográfica. Las imágenes hablan por sí solas. Quizás por eso, las palabras no aparecen. El sentido recorrido del artista a través de las tierras de Lambayeque, ha quedado plasmado en un libro que ha titulado “Lord, Pyramides and Replicas”, publicado recientemente en Nueva York, libro que enhorabuena llega a nuestro país para ponerse en venta. Una secuencia de imágenes nada pretenciosas, inteligentes, irónicas, componen las páginas de este bello libro como si se tratara de una melodía híbrida en la que la antara y la quena se tejen en la guitarra acústica, en el sintetizador, en la voz estridente de una folclórica con traje de vinilo y zapatitos de charol chino. Mario trae a la memoria el tiempo del no-tiempo, en el que el presente es ancestral y posmoderno y el pasado precolombino es la maskaipacha de un noble señor que sonríe pues debe hacerlo: es el balón de gas de Sipán Gas; un ekeko conversa con Takaynamo en el mercado, Sipán Net ofrece el mundo por cincuenta céntimos la hora, Naylamp adorna con su ensoñado gesto una pollada bailable, y brilla en lo alto de la torre del Casino Moche el semblante adusto del dios degollador. Las plazas, plazoletas, fachadas, puertas y ventanas evocan la gloria de los mochicas más que en clave kitsch, en clave naive, naive como es el pueblo, que quiere rescatar lo suyo, resucitarlo, samaquearlo para que viva y hable, grite, pues nada como el pasado glorioso que vivimos. Pero no se resucita de la muerte, y en ese trajín pueblerino, sincero, natural, se remienda la piel de la historia y tiene un hálito frankesteniano, dulce y torpe como Herman Monster, tan real y cotidiano que no podemos dejar de sonreír: pensamos en el Perú y se nos viene a la mente su tórrido contraste, la yuxtaposición de historias en su mismo metro cuadrado, acumuladas las imágenes, los íconos, las leyendas, las necesidades, entremezcladas las identidades. Redimidas.

–¿Cómo se te ocurrió el libro?
–El libro es una continuación de mi trabajo anterior, el saqueo de las huacas y la necesidad de ordenar un paisaje en estado de caos –la reconstrucción de Mallqui. El libro se origina con la carátula, 5 años atrás vi ese monumento pero no le tomé una foto y pasaron los años y se me quedó grabada en el cerebro, sospechaba que indicaba algo, el nacimiento de un fenómeno. En el 2006 tuve la oportunidad de regresar y me encontré con la proliferación de imágenes Moche, lo que confirmaba lo que presentía. En el libro uso al Señor de Sipán como hilo conductor a través del tiempo para unificar mi experiencia del norte.

Por otro lado, con el boom del turismo en el Perú vemos la proliferación de libros, libros llenos de imágenes descontextualizadas que no llegan a enseñar la complejidad de la realidad peruana. Con este libro no solo vi la oportunidad de resumir mis propios intereses, pero también enseñar un Perú más completo.

–¿Qué fue lo más peculiar que encontraste?
–La satanización del huaquero y la indiferencia de las instituciones culturales ante un personaje como Ernil Bernal, protagonista principal en el descubrimiento de Sipán. La realidad es que el huaquero no existiría si no hubiera una demanda, y esta demanda no solo es local sino internacional, incluyendo museos. El papel que juega el huaquero en esta gran red internacional del tráfico ilícito de nuestro legado cultural es mínimo.

–Hay un paralelo entre culturas
–Si el monumento publico es una representación idealizada, igual lo es la estructura (pirámide) o persona (Señor de Sipán) original en la que está basada. El Señor de Sipán no es una figura aislada sino la imagen que representa toda una estructura, todo un sistema. El legado precolombino y las culturas vivas, ambas separadas por miles de años se rigen y son afectadas por las mismas condiciones físicas. Ambas terminarán enterradas en el desierto y en olvido para tal vez ser redescubiertas en el tiempo. Los edificios de hoy harán las bellas ruinas del mañana y tendrán el mismo valor histórico que las pirámides Moche. La serie de sequías y aluviones que terminaron con la cultura Moche es un escenario no muy diferente al futuro que amenaza nuestra propia civilización. Los ciclos se repiten. Somos ante todo efímeros.

–Defíneme la huachafería…
–Ya sea objeto o comportamiento, es desear ser algo que uno no es, es la reproducción barata de una experiencia real, la copia sin alma, es relamida y domesticada, pretenciosa y acomplejada, es un conflicto social y espiritual, algo no resuelto por falta de información o recursos. Pero esta definición no excluye la posibilidad de encontrar en lo huachafo nuevas y emocionantes manifestaciones individuales. La aberración es siempre fuente creativa.

–¿Los íconos precolombinos invaden la modernidad?
–Una forma repetida suficientes veces garantiza su existencia en el tiempo pero no su significado. La transformación del significado y los nuevos usos que adquieren son impredecibles. La forma hace eco en el tiempo pero no la función, su presencia no puede ser negada y pasa a ser apropiada y comercializada. La copia desenmascara las intenciones de las civilizaciones precolombinas, desmantelando las estructuras de poder y sus estrategias para autoperpetuarse. La imagen original existe para perpetuar un sistema de poder, pero con el tiempo la imagen regresa con el efecto opuesto, toma vida propia y se opone a las intenciones originales de su creador. El mismo destino será compartido por los grandes íconos de poder de nuestro tiempo, Coca Cola, Nike, Mcdonald’s, íconos que pertenecen al mismo orden que la imagen de Sipán. Los íconos teocráticos cumplen la misma función que los íconos corporativos y ambos sobrevivirán en el tiempo mucho después que el sistema al que representan.

–¿Qué es el Neo Moche?
–El Neo-Moche es un movimiento estético. Sus referentes parten del descubrimiento del Señor de Sipán y el desarrollo de la Ruta Moche. En el libro presento este nuevo término para explicar el fenómeno de los monumentos, arquitectura y artesanía inspirados en la cultura Moche. Me parecía necesario darle un nombre, porque no solo está ocurriendo en el norte sino también en Lima (las tiendas artesanales) y en Cusco, donde la iconografía Moche está reemplazando a la imagen del Inca. Digo que es un movimiento (sin realmente serlo) por la necesidad de clasificar el gran volumen de trabajo que se está produciendo y simultáneamente el desarrollo económico a partir de este nuevo estilo.

–La cultura chicha vista por un artista…
–Vemos en el Perú una propuesta fragmentaria que combina la supuesta alta cultura y las manifestaciones populares urbanas. Donde antes solo se copiaba las tendencias artísticas de afuera ahora se ve toda una nueva generación de artistas que miran hacia adentro, redescubriendo el Perú. Esta tendencia está recién en una primera etapa y coincide con el crecimiento económico de sectores marginales y una relativa estabilidad política. En esta primera fase la asimilación de la cultura popular, que no solo abarca el ámbito artístico sino también la moda, está aproximación es solo una forma sin contenido; hay la posibilidad de una segunda etapa en el futuro donde se verá una profundización de la asimilación cultural, pero solo si la tendencia económica y política que existe hoy continua.

–¿Qué te llevó a registrar esta yuxtaposición de tiempos peruanos?
–Estoy interesado en romper con la categorización de los objetos precolombinos y crear nuevas interpretaciones a través del juego con imágenes del presente, crear una nueva narrativa a partir de la realidad peruana donde literalmente vivimos encima de nuestros antepasados. En el libro se crea un espacio estratigráfico donde se permite un diálogo entre pasado y presente que resulta en una retroalimentación entre ambas partes. Esto es algo que debería ocurrir pero que no veo en los museos. (Entrevista: Josefina Barrón)


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