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Policiales En un arranque de furia, pistolero de 25 años asesina a dos miembros de su propia organización de narcotráfico.

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Miércoles 23, 9:30 de la noche. Cadáver de Gagliardi yace en el auto del líder de la mafia: el colombiano José Montlank H.

De pie y enmarrocado, el asesino Francisco Tapia Urquizo, de 25 años, da inicio a su espeluznante confesión en el cuarto piso del edificio de la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri): “No quería acabar con la vida de más gente inocente y por eso pensé entregarme. Ya no podía más”.

La mañana del lunes 28, el autor del doble crimen de un colombiano y un peruano en Surco había llamado a América Televisión ofreciendo entregarse. Sabía que podía ser cazado en cualquier instante.

Un testigo que lo conocía y a quien no pudo matar la noche de ese mismo miércoles 23, lo había delatado. La Policía ya estaba tras sus pasos.

Miraflorino de 1.81 m de estatura, Tapia dijo a la División de Homicidios que asesinó al colombiano Diego Jaramillo Cardona (34) y al peruano Juan Gagliardi Del Águila (23) por una presunta deuda de US$ 10,000 y “porque me iban a matar y antes de que lo hicieran yo acabé primero con ellos”.

Los tres integraban una red que enviaba ‘burriers’ a Europa.

A las nueve de la noche del miércoles 23, Tapia y el colombiano Jaramillo se encontraban en el departamento de este último, en la manzana cuatro, lote 25, urbanización Prolongación Benavides, en Surco. Discutían.

Afuera, en un auto Mitsubishi de placa CGY-249, aguardaban Gagliardi y Julio Choquehuanca Inocue, otro presunto integrante de la organización.

“Tuve una discusión con Jaramillo en su departamento”, contó Tapia en su manifestación policial. “Me tenía una deuda y no quiso pagarme por los pases de droga que hice a Holanda. Sospeché que no me iba a pagar y antes de que él me dé ‘vuelta’, decidí anticiparme”. No pasó mucho tiempo para materializar su reacción. Ahí mismo desenfundó su Pietro Beretta, calibre 9 mm y le descerrajó un tiro en la nuca.

Luego fue tras sus dos amigos. Tapia, con el arma en la mano, se acercó veloz al asiento del copiloto y disparó contra Gagliardi: tres balazos en la cabeza y uno en el pecho. Choquehuanca, quien se encontraba en la parte posterior del Mitsubishi, logró huir a tiempo. Luego acudió a la Policía.

El asesino, mientras tanto, tomó un microbús hasta Miraflores y luego otro hasta el puente Atocongo. Una vez allí, abordó un bus de Soyuz que lo llevó a Ica, donde permaneció un día. El viernes 25 viajó a Arequipa.

Escondido en un viejo hotel pasó las noches del viernes y sábado. Creyó notar que lo vigilaban y dijo que estuvo dispuesto a matar para evitar su captura. Luego arguye haber recapacitado. Entonces decidió volver y entregarse.

‘Mi amigo’

Tapia dice no estar arrepentido, aunque se tomó el tiempo para lamentar el destino de Gagliardi: “Juan Pablo era su chaleco (del colombiano), por eso tuve que bajármelo, a pesar de que era buena gente”.

Contó que lo conoció cuando visitó el distrito cafetero de Chanchamayo en el 2006. Cumpliendo trabajos de acopio de droga de un narcotraficante, llegó al fundo ‘Salsipuedes’ donde funciona un hospedaje llamado Gad Gha Kun Lodge, propiedad del padre del joven Gagliardi, de ascendencia italiana. “Conocí a su familia y cuando él vino a Lima lo alojé en mi casa. Yo lo metí al negocio de la coca por encargo del colombiano José Montlank Hincapié”.

Este último era el líder de la red.

Gagliardi estudió en el ‘Instituto de Mecánica de Aviones Elmer Faucett’ de Magdalena. Algunos ex compañeros recuerdan haberlo visto cachueleándose como modelo en ciertos desfiles en Gamarra. Sus padres cuentan con ciertos recursos económicos, pero Gagliardi eligió otro camino para hacer fortuna.

El 8 de abril del 2006, cuando tenía 21 años, Gagliardi, su enamorada y un primo fueron detenidos por la Policía. Se le acusó de integrar la banda del narco colombiano José Montlank Hincapié. El muchacho no lo negó.

En su manifestación policial, obtenida por CARETAS, Gagliardi contó que conoció a Montlank en el gimnasio ‘Perfect Body’ del Óvalo Higuereta. Salían los domingos a ‘bicicletear’ por las calles de Monterrico. Un día Montlank pidió a Gagliardi conseguir 30 amigos para recibir giros provenientes de España por un valor de US$ 1,000 cada uno. Le ofreció una propina de US$ 600 por todo el paquete de remesas. Gagliardi hizo una lista de 10 personas, incluyendo a su enamorada Melissa Soriano Santa María. “Todos recibieron los giros. Montlank me pagó la propina, pero a mis amigos solo les di la mitad”, confesó.

El 9 de abril, sin embargo, la justicia consideró que no había pruebas contra Gagliardi y lo dejó en libertad.

Lo mismo ocurrió con el colombiano asesinado Diego Jaramillo Cardona. Fue capturado el 21 de noviembre del 2003. Según el atestado policial 371-12-2003-Dirandro, Jaramillo fue acusado de ser el “coordinador” de una organización liderada por el mexicano Rubén Tamez del cártel de Tijuana. La Segunda Fiscalía Antidrogas del Callao lo acusó por tráfico ilícito de drogas, pero fue liberado hace seis meses.

Montlank es el objetivo número uno de la Policía. Cuando los detectives examinaron el auto donde fue asesinado Gagliardi encontraron una papeleta de infracción al tránsito a nombre de este colombiano. Según el atestado policial 132-04-06, Montlank funge de “empresario dedicado a la joyería y venta de zapatillas en el centro comercial Gamarra”. Pero cuando fueron a buscarlo ya había puesto pies en polvorosa. ¿Cuántos otros muchachos peruanos, al igual que Gagliardi, se enredaron en su organización? ¿A cuántos más se les enfrió la sangre como al desquiciado pistolero Tapia? (AA).


 


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