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Política Las contradicciones ministeriales y las aspiraciones fujimoristas echan más dudas sobre lo que pasó en la Diroes.

Una Visita Indiscreta (VER)

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La noche del jueves 24, Alva Castro ordenó remover a seis escoltas de su seguridad. Los acusaría de filtrar la visita al fundo Barbadillo.

El jueves 24 por la noche se produjo un extraño incidente en el Ministerio del Interior. Particularmente enfadado, el ministro Luis Alva Castro ordenó remover a seis efectivos de su escolta de seguridad.

De acuerdo a fuentes directas, Alva Castro exigió que los policías abandonaran el edificio de Córpac de inmediato. El titular del Interior tuvo que marcharse a su casa solo y conduciendo él mismo su vehículo oficial.

El ministro habría culpado a su seguridad de haber filtrado su visita al fundo Barbadillo, el local de la Dirección de Operaciones Especiales (Diroes), el sábado 19.

Algunos diarios se habían enterado de la historia esa misma noche y solicitaban su confirmación.

El sábado 26, un día después de que el aprista Javier Velásquez Quesquén fue elegido como presidente del Congreso, Alva Castro esquivó a la prensa cuando se le preguntó sobre el asunto. “Esas son especulaciones, siempre las hay en estos meses, mejor vamos a pensar en el futuro del país”, zanjó.

Entonces, ¿a qué fue Alva Castro al ex fundo Barbadillo?

El gobierno acepta que Alva Castro visitó la Diroes el sábado 19, pero desmiente rotundamente que se haya producido algún encuentro con el ex Presidente. Pero persisten contradicciones en horas y datos.

El propio Ministerio asegura que el hecho se produjo entre las 7 y las 8 de la noche del sábado 19, pero el Instituto Nacional Penitenciario (Inpe) sostiene que ocurrió entre las 4 y 5 de la tarde.

De acuerdo al Inpe, el Ministro del Interior llegó a la Diroes para evaluar personalmente la construcción de torreones de vigilancia en el cuartel policial, pero la Dirección de Información de la Policía dijo a CARETAS que Alva Castro “fue a supervisar una quema de droga”.

Con Alva Castro llegó el director de la Policía, general Octavio Salazar. Se dirigió al patio central del cuartel, ubicado a cinco metros de la miniprisión de Alberto Fujimori.

Leonardo Caparrós, presidente del Inpe, dijo a CARETAS que el director del centro de reclusión de Fujimori, coronel Alejandro Castro Ángeles, negó que Alva Castro haya visitado al ex jefe de Estado, pero diversos testigos presenciales sostienen lo contrario. Estas fuentes indican que Alva Castro ingresó a la miniprisión y conversó con Fujimori 15 minutos, aproximadamente. Salazar y su escolta de seguridad aguardaron afuera.

La prisión de Fujimori está a cargo del Inpe, pero la Policía tiene a su cargo la seguridad interna y externa de la Diroes.

“No hay ni prebendas, ni beneficios”, declaró Keiko Fujimori. “Lo que el fujimorismo busca es una mesa directiva que garantice el control político, mayor fiscalización, pero también darle gobernabilidad al país”. A decir verdad, parlamentarios como su tío Santiago se han esforzado en construir la imagen de una bancada que, además de ocupar buena parte de su tiempo en lo que le ocurra al ex presidente, también acompaña al gobierno en las leyes que consideran “responsables”.

Pero luego del escándalo en la reciente presentación del premier Jorge del Castillo, donde los fujimoristas alentaron una huida en masa de la oposición mientras éste intervenía, las relaciones entre los dos grupos no parecían las más fluidas. Este episodio ocurrió el 14 de julio, cinco días antes de la supuesta visita a la Diroes. El voto fujimorista por Velásquez Quesquén fue disciplinado y es obvio que los parlamentarios de Alianza por el Futuro no tuvieron libertad para elegir. Primó la consigna. Incluso Alejandro Aguinaga, fujimorista que terminó de primer vicepresidente, no parecía estar seguro de la situación a pocos días de la elección.

En los últimos días, el pasquín fujimorista publicó la especie de que la “negociación” incluyó la cabeza del premier, quien es identificado como el más opuesto a esa tienda política entre la cúpula oficialista. Si bien el presidente Alan García saludó a Keiko Fujimori y otros congresistas de esa tienda luego de su discurso, nada hace indicar que el primer ministro haya sido realmente parte del tira y afloje. Observadores enterados no perdieron de vista el gesto presidencial del desfile militar, donde rompió el protocolo para poner a Del Castillo a su izquierda, en lugar de que fuera atrás con los ministros, como le correspondía.

CARETAS 2033 reveló que el “plan máximo” de los fujimoristas apunta a una amnistía general que puede ser, en el mejor de los casos, ordenada por Keiko Fujimori si llega al poder. Esta idea ha sido sustentada por el parlamentario, aún aprista, Javier Valle Riestra. Si Alan García entretiene una opción de esas características hacia finales de su gobierno, que es otra de las esperanzas de los fujimoristas, tendría también que asumir los tremendos riesgos que esto conllevaría para su posible futura vida política.

Tales metas suenan hoy a delirio. Pero el “plan mínimo” contempla beneficios penitenciarios y la forma de reclusión del ex presidente, que en el juicio las ve cada vez más negras. Allí hay mucho pan por rebanar.


 


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