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Urbanismo Vecinos de la Clínica Italiana le dicen la vela verde a velatorios.

La Italiana de Luto

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Tradicional panorama de la Clínica Italiana se transformaría ante reinauguración con velatorios.

En un contexto donde las obras viales por doquier tienen a los limeños con los nervios de punta, destaca como un remanso de tranquilidad uno de los rincones residenciales de San Isidro. Ahí se ubica el añejo edificio de la Clínica Italiana, acompañado por un afrancesado café y un panorama de casas y jardines. Y si bien en 1997 el área vio afectada su paz por la toma de la residencia del embajador de Japón, que llevó a la clausura de la clínica luego de 50 años de funcionamiento, hoy todo es tranquilidad a escasos metros de la congestionada avenida Salaverry.

Sin embargo, los vecinos lucen más inquietos de lo imaginable ante el riesgo que el escenario pase a ensombrecerse nuevamente.

Esto debido a que el Grupo Mapfre, primera aseguradora de España y nuevo propietario de la clínica, está buscando reabrir el tradicional establecimiento, pero añadiendo cuatro velatorios en lo que pasaría a llamarse Clínica San Rafael. Para los habitantes del área esto traería consigo congestionamiento vehicular en la zona, además de la caída del valor de sus predios. Carteles de “¡No a los velatorios!” se han dispuesto en los frontis tratando de evitar que el dicho “la muerte llama a la puerta de todos” se vuelva tragicómicamente diario.

El dilema parte en que los velatorios no estarían destinados exclusivamente a los fallecidos dentro de la clínica, sino que la aseguradora, que posee además cementerios y la Funeraria Merino, aprovecharía para completar su circuito comercial al admitir velar a fenecidos de todas partes.

La Municipalidad de San Isidro decidió desaprobar, en mayo de 2007, la propuesta de ‘centro de salud con locales de exequias’. El gerente municipal, Juan Vega, explicó que “no se otorgó la licencia porque la Ley de Cementerios y Servicios Funerarios prohíbe que un velatorio esté a menos de 150 metros de establecimientos de salud, parques y locales de distracción”. Con dichos locales circundando el área quedaba imposibilitado el proyecto. “Si sólo fuese clínica –añadió Vega–, entonces sí lo aprobaríamos”.

Pero el plus económico de los velatorios hizo que el grupo no desistiera en la aprobación del proyecto. Así, indicaron que la zonificación define que se trata de una zona de Hospital General, permitiéndoles la edificación de velatorios. Pero Vega indicó que “eso sólo les autoriza a operar un centro de salud, pero no a edificar velatorios. Además, sólo los hospitales públicos de más de 150 camas pueden construirlos, y aquí se trata de una clínica privada de 40 camas”.

Con esto, Mapfre acudió tanto al Ministerio de Salud (Minsa) como a la Municipalidad de Lima para que aprobasen su iniciativa. Y, sorprendentemente, lo consiguió. El Minsa le refirió que todo estaba en orden e incluso le recomendó no olvidar instalar repostería y servicios higiénicos para los velatorios. Como para llorar con el estómago lleno, pero limpio.

Con el visto bueno del ministerio, la Dirección de Salud de la Municipalidad de Lima autorizó el proyecto y sustentó que, como éste tenía una Unidad de Anatomía Patológica, le correspondía por ley, si es que lo deseaba, contar con un velatorio.

Ante esto, los vecinos decidieron acudir a la Defensoría del Pueblo y ésta se percató que la comuna limeña escudaba su argumento bajo una irregularidad. En la norma donde la municipalidad citaba que las Unidades de Anatomía Patológica podían tener velatorios, en realidad indicaba “mortuorios”. Mientras en la primera se hacen las exequias, la segunda sirve para el análisis de los cadáveres. Con esto, la Defensoría le jaló las orejas a la comuna limeña y definió que con tales características, el proyecto no iba.

Así las cosas, tanto la aseguradora como los sanisidrinos han acudido a la vía judicial para darle fin al conflicto. Y mientras en Mapfre prefieren aguardar el dictamen final, los vecinos tan sólo esperan no desvelarse ante posibles velorios. (Thor Morante)


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