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21/Ago/2008
 
 
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Obituario Partida de tenaz docente y filósofo Constantino Carvallo enluta a la educación nacional.

La Constancia de Constatino

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1953–2008
Fundador y Director de Los Reyes Rojos, hincha acèrrimo de Alianza. Paolo Guerrero y Foquita Farfàn pasaron por sus aulas.

Encuentro un mensaje en mi box del celular: “Estoy muy triste, ha fallecido Constantino Carvallo”. Es la voz de Mayte y en efecto, suena muy triste. ¿Qué he sentido yo al recibir esta noticia? Primero, se me vino a la cabeza como un flash la certeza de que ya estamos, los de mi generación, en la edad de comenzar a morirnos. Constantino tenía un par de años menos que yo, quizás andaba por los 55. Lo mató un infarto. Luego pensé en sus hijos, en Melisa, en Martín, en los pequeños que tuvo en una segunda camada, y a los que no conozco. Pensé en sus nietas, y en su segunda esposa. También en Dehra. Y en Fernando, en Teresa, en Javier, en Cecilia, en la señora Carmen. Pensé en mis propios hijos. Carvallo, él mismo, dirigió la educación de Adriana y Bernardo León, en Los Reyes Rojos, cuando poner allí a un muchacho era todo un asunto, muy complicado. En los años ochenta el nombre mismo del colegio –tomado de un poema de JM Eguren- a los ignorantes y prejuiciosos les sonaba a comunismo, como todo lo que se planteara como alternativo. Creo que una de las mejores cosas que hemos hecho mi esposa y yo en nuestra larga vida en común, fue elegir ese colegio, complejo, cartesiano, humanista y realmente libre, con todo lo que eso implica de riesgo y azar. En gran medida la transparencia del alma de mis hijos data de los diez años que pasaron en el colegio barranquino, tutelados por Constantino para que guardaran siempre la alegría de vivir pero sin ignorar que nuestro mundo generalmente es espantoso, que hay cosas que se pueden cambiar y hay que hacerlo, pero existen otras en nuestra naturaleza que son inmutables. Tenemos la obligación de domeñarlas: la crueldad, la envidia, el deseo del mal a los otros, la mezquindad. Más áreas negras que blancas llevamos dentro los seres humanos, y eso, con tino y respeto, componía el mensaje pedagógico de Constantino a sus discípulos. Nuestra condición existencial. Por ese tema tuve con Carvallo una fuerte discusión alguna vez, una bronca que nos distanció. Una diferencia infantil e inmadura que el tiempo limó y también determinó que yo aceptara que quien tuvo la razón fue él y no yo. Me apena mucho la muerte de Constantino Carvallo. Era joven, seguía dirigiendo el colegio pero además, ya se había vuelto un referente obligado en lo que es la educación, en cuanto foro se trataba con seriedad. Me apena muchísimo. Pero no siento ningún desgarrón que me haga llorar. Es que desde hace un tiempo sé que la muerte es parte del asunto, una verdad de Perogrullo que sin embargo no es tan fácil admitir. Morirse está en nuestros planes, lo que pasa es que tenemos miedo. Yo le tengo miedo no a la desaparición sino al tránsito, al dolor físico, al vahído tremendo que se debe sentir en el último momento. Pero supongo que no es más que eso, un vértigo como en caída libre, pero sin contrasuelazo, simplemente una evaporación en el trayecto y adiós. Queda para los que seguimos vivos una sensación de pérdida, un personaje más tachado en la foto grupal. Pero tampoco es mucho más que eso. Estoy triste porque se murió un buen amigo y el factótum de la calidad emocional de centenares de jóvenes egresados de Los Reyes Rojos. Lo me duele muchísimo, sin embargo, es lo inexplicable: ¿por qué Carvallo y no Montesinos, Abimael Guzmán o Fujimori? La mejor prueba de que no existe Dios. O de que si existe, no piensa en las cosas que hace. (Rafo León)

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Texto originalmente escrito para su blog con la premura y la emoción del caso.(www.caretas.com.pe)

El Tino de Constantino

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Constantino Raúl Carvallo Rey dedicó muchos de sus 55 años de vida a remontar dos grandes problemas: la educación peruana y el fútbol profesional. Fue miembro del Consejo Nacional de Educación del 2003 al 2008. Materializó sus reflexiones en el libro Diario Educar (Aguilar, 2005) y sus ideas más audaces en el Colegio Los Reyes Rojos desde 1978, con el que buscó privilegiar la formación del individuo crítico antes que el paporretismo. Al fútbol le dedicó 10 años como dirigente del Club (de sus amores) Alianza Lima. Disciplinó divisiones menores y llevó a jugadores como los entonces pequeños Paolo Guerrero y Jefferson Farfán a estudiar a su colegio. Fiel a su propia doctrina y formación filosófica desarrolló múltiples intereses, incluyendo la literatura (obtuvo una mención honrosa en El Cuento de las Mil Palabras de 1998 con Los Prolegómenos). Se fue la mañana del 18 de agosto de un paro cardíaco. El gobierno le entregó de forma póstuma las merecidas Palmas Magisteriales en el Grado de Amauta. (C.C.)


 


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