Sociedad Protagonistas del proyecto PRA dan la cara.
Sonrisas de Colección
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Pintorescas tablas de Sarhua reproducen mitos y fiestas ayacuchanas para el mundo. |
Si alguna vez el refrán “quien ríe al último, ríe mejor” fue pertinente, esta sería la ocasión. El último 22 agosto el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú reunió a una delegación de campesinos y empresarios de zonas históricamente olvidadas del país que participaron del Programa de Reducción y Alivio de la Pobreza (PRA). Celebraban el cierre de operaciones del proyecto y la algarabía fue la nota común del evento.
Venidos de las zonas más pobres de Huancavelica, Puno, Ayacucho y nueve regiones más, los participantes recordaron su incursión en el programa y cómo éste transformó su calidad de vida. “Yo empecé un negocio familiar de truchas en 2000, pero al poco tiempo la empresa se fue a la quiebra”, relata Ruth Suca, veinteañera empresaria puneña: “Teníamos muchas ganas pero nada de experiencia. Entonces en 2002 llegó el PRA trayendo especialistas para darnos asistencia en la crianza y selección de los peces y cambió todo”. De esta manera, el negocio de Suca, bautizado El Caribe, vive hoy un segundo nado exitoso con entregas por 6 mil kilos de trucha mensuales.