Personajes Paul Newman se va con entereza de película. Deja filmografía, admiradores y un matrimonio de 50 años.
El Galán Monógamo
 |
Tuvo en total nueve nominaciones y un Oscar (en 1986, por El Color del Dinero de Scorsese). |
Eran fines de los cincuenta. Noticias de sagas sentimentales y otro tipo de excesos entre los famosos, despertaban el interés de una sociedad conservadora, pero ávida de aventuras dentro y fuera de la pantalla (aunque sea por el gusto de escandalizarse). Fue entonces, en 1958, que Paul Leonard Newman (Ohio, EE.UU., 1925) recibió su primera nominación al Oscar por
La gata sobre el tejado caliente. Había actuado ya en unas cuantas películas (entre ellas,
Marcado por el Odio, del ‘56), pero 1958 fue significativo, pues inició también un matrimonio con la actriz Joanne Woodward. Cincuenta años después, ella lo acompañó, junto con sus hijas, hasta que llegó, el 26 último, la conclusión inevitable del cáncer al pulmón que se le descubrió a comienzos de año.
Legión de fans
Fue también en la década del cincuenta cuando lo vio por primera vez: “en el entrañable cine Bahía de Ancón, en una Semana Santa”, rememora el actor Alberto Ísola (Lima, 1954). “Fue en el
Cáliz de Plata: una típica película bíblica hollywoodense en technicolor. Recuerdo el azul de sus ojos”. A Newman no le gustaría ese recuerdo: él mismo habría de renegar de este filme de 1955, el primero en el que participó. Mientras tanto, en el Perú de la década del sesenta, estar frente al ecran era todo un evento para un adolescente cinéfilo, explica el actor peruano. Las salas del Centro de Lima –Tacna, Central, Colmena– eran plenas para quien quería colarse a las películas de mayores de dieciocho. “Su generación representa una mezcla sólida y notable de “estrellas” con lo más granado del método de Strasberg”, señala Isola. “Como actor, son una referencia obligada”.
Newman estudió interpretación en la Universidad de Yale y también en el Actor’s Studio de Lee Strasberg, en Nueva York. Se inició en el teatro: en 1953 debutó en Broadway con Picnic. Se cuenta que su director, Joshua Logan, se negó a darle el protagónico pues, para él, la pinta del joven actor carecía del erotismo que requería el papel. Años después, y durante mucho tiempo, sería conocido como el hombre más sexy del mundo.
“El rol de galán ha tenido a actores que no son precisamente bellos, pero sí atractivos, como Spencer Tracy o Jean Paul Belmondo; por carisma, personalidad pero sobre todo, una gran actuación”, apunta Sonia Arispe, fundadora del Cinematógrafo de Barranco. Para Arispe, en el caso de Newman no es su belleza lo que lo podría definir como galán, “más bien su personalidad varonil y su aparente desdén frente a las actrices con las que compartió roles”.
Newman conoció a Woodward durante el rodaje de otra película del ’58, El largo y cálido verano. Antes de casarse con ella, ese mismo año, tuvo que divorciarse de su primera esposa, la también actriz Jaqueline Witt, con quien tenía dos hijas y un hijo –Scott, quien murió de una sobredosis en 1978, y en cuya memoria creó una fundación antidrogas–. Aunque a Witt, en el momento, la honestidad con que se condujo Newman no debió hacerle nada de gracia, de él no se ha sabido otro chisme amoroso. Su largo matrimonio con Woodward, con quien ha tenido tres hijas más, es casi de ficción para Hollywood.
“Creo que la leyenda de Newman seguirá viva mientras haya jóvenes actores que se rehúsen a ser explotados como objetos decorativos”, opina el crítico de cine Claudio Cordero (Lima, 1977). Para Cordero –quien vio su primera película de Newman, El Escándalo Blaze de 1989, en VHS– son mejor recordadas El Color del Dinero y La Gata sobre el Tejado Caliente; entre los críticos, The Hustler es “casi insuperable”. “Pero quizás será mejor recordado por sus filmes con Robert Redford: El Golpe y Butch Cassidy and the Sundance Kid”, concluye.
Escena Final
Hacía semanas que Paul Newman esperaba en su hogar. Sin barullo, sin escándalo; sólo el silencio natural con que se enfrenta el final de una vida. Su última actuación suscita renovada admiración.
(R. Vaisman)