Entrevistas Las confidencias filosóficas de Mariano Querol, 83, en entrevista insólita.
Confesiones en Frío (VER)
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"El yoga ha mejorado mi calidad de vida. Cuando salga esta entrevista estaré en la India". |
¿El psicoanálisis es la cura del alma? ¿Vomitar los fantasmas de nuestros cerebros nos acerca a la paz, a la perfecta ataraxia de los griegos antiguos? ¿La confesión católica no tiene algo qué ver con esto? Indudablemente que sí. Frente a mí, ahora, almorzando en el restaurant Costa Verde, tengo a un psiquiatra de polendas: Mariano Querol, más conocido que la ruda. De una afabilidad extrema y un “art de vivre” lujuriante y sincero se sitúa ante esta entrevista cambiando posiciones. Sin darnos cuenta él acaba convirtiéndose en el paciente y yo (sin comerlo ni beberlo) en el psicoanalista.Su padre era médico cirujano diplomado en la Universidad de Barcelona convertido en homeópata. Tiene 83 años. Como todos es producto de su niñez. Desde muy pequeño su padre lo enseñó todo lo que sabía. Su madre lo hacía estudiar de todo, todo el día y rezar el rosario diario de rodillas con las letanías a la Virgen completas. Él confiesa: “ella tenía una religiosidad extrema, rayana en el fanatismo, que era para mí limitante, espantosa y castrante”.
–¿Y cómo se liberó de eso?
–Empecé a liberarme a los 13 años cuando me pregunté a mí mismo y le pregunté a Dios si era lícito pensar por mí mismo, ya que mi razón era producto de su Creación. Y es que a los 13 años yo estaba en la universidad, ya que, inducido por mi madre había modificado la fecha de nacimiento en la partida. Ella era una persona muy ambiciosa, y hasta arrasadora cuando se trataba del progreso de sus hijos.
–Demasiado rigor.
–Poco a poco me fui liberando, con todos los medios a mi alcance, lo que me puso en pugna con mi madre. Mi padre no se metía en esto. A los 16 años empecé a “pecar” con putas. Había mucha angustia, por el “pecado” de sentir mis impulsos sexuales naturales como algo que iba en contra de mi razón. La remisión de mis pecados, el intento por no repetirlos y mi propia razón andaban en furioso conflicto, por eso todo lo que tenía que ver con la pseudomoral religiosa me desesperaba. Mi sensatez crítica y mi liberalismo me han quitado muchos lastres.
–¿Tan negativa fue la influencia de su madre?
–También fue positiva en otros aspectos educacionales. Era amante de la música clásica y mis hermanos y yo, desde los 7 años, empezamos a aprender cada uno tres instrumentos. Yo tocaba piano, violín y laúd. A los 12 años dejé el laúd y el violín. Y el piano lo he conservado siempre hasta hace escasamente 5 años en que tapé el teclado. Mi pasión real es la danza. Bailo desde siempre y hoy, a mi edad, me jacto de estar dispuesto a bailar cualquier ritmo. Bailo marinera limeña y norteña y danza contemporánea. Y hoy me da clases de perfeccionamiento de marinera Alicia Maguiña. En ese orden de cosas medito y hago yoga.
–A sus 83 años tiene usted una salud de hierro.
–En absoluto, aunque lo parece pues me siento bien conmigo mismo. He pasado situaciones difíciles producto de las enfermedades. Cogí el paludismo a los 18 años y la quinina me dejó algo sordo. Tuve tuberculosis a los 25 años y la estreptomicina me dejó algo más sordo todavía. He tenido cáncer a la próstata y cáncer a la vejiga. ¿Le parece poco?… también hipertensión arterial. ¡Ufff! (levanta los brazos y da un soplido largo como de descanso). Todo lo tengo estabilizado ahora felizmente.
–Con ese tipo de enfermedades habrá usted necesitado mucho apoyo.
–Tengo una familia maravillosa que ha sido siempre el mayor soporte de mis infortunios en la medida en que los he ido teniendo. Comenzando por mi ex mujer que me ayudó, me cuidó y gracias a ella pude sobrevivir a la tuberculosis. Un tiempo después nos divorciamos, pero esa es otra historia.
–¿Cuándo se enamoró por primera vez?
–A los 11 años me enamoré de los senos de una mujer francesa de ojos verdes con la que había contacto familiar. Era la hija del gerente de las minas de Huarón.
–Resuma su carácter en pocas palabras.
–Inteligente. Dialéctico. Liberal. Violento. Pacifista. Contradictorio. Amigable. Erótico y romántico. Espiritual. Sincero.
–Su interés por lo artístico ¿se fija sólo en la música y la danza?
–La literatura me atrae. ¿Mis autores favoritos? Aparte de los inevitables Vargas Llosa y García Márquez me gustan muchísimo Álvaro Mutis y Carlos Fuentes, eso en novela y cuentos de ficción. Pero en poesía me quedo con César Vallejo y Miguel Hernández.
–¿Su libro de cabecera?
–No es de literatura novelesca sino de poesía filosófica. Es el “Tao Te Ching” de Lao Tse. El taoísmo como filosofía, porque no es religión. Es un libro de sabiduría china escrito 2,000 años antes de Cristo.
–¿Le gusta la filosofía espiritual?
–Me fascina y me apasiona. Por eso hago yoga. El yoga es la filosofía de la conjunción del hombre consigo mismo y el hombre con el cosmos en forma indivisible. El yoga es una disciplina de origen hindú que ha mejorado mi calidad de vida. Ahora, cuando salga esta entrevista publicada yo estaré en la India.
–¿Países que ha conocido?
–Muchos. Unos 40. El viaje para mí es romper con la cotidianeidad. No en vano ha sido siempre el tratamiento ideal para curar las depresiones. Por eso antiguamente al muchacho entristecido por un amor frustrado la familia lo hacía viajar, lo metía en un velero de aquellos de la época y después de 6 meses volvía curado del “mal de amores”.
–¿Cuál es el país que más le ha gustado?
–Ningún viaje al extranjero puede suplantar lo que es viajar por el Perú con toda su pobreza, sus contrastes, su dureza, su salvajismo y su esplendor, su majestuosidad y la supervivencia de sus culturas.
–¿No está usted queriendo darles gusto a los lectores?
–¿Cree que no soy sincero? ¡Pero si le estoy contando mi verdad, le estoy abriendo mi alma! Conozco al Perú y me conmueve más que cualquier otro país.
–¿La mayor virtud de los peruanos?
–Su aceptación de la realidad tal como se presenta. Su conformismo. Su adaptabilidad a las dificultades de la vida en un país tan difícil como el nuestro.
–¿Su mayor defecto?
¡Supongo que no me pregunta por el mío sino por el de los peruanos! La anomia, la corruptela y, sobre todo, la ignorancia. Lo que sucede en el Congreso es un ejemplo escueto de lo que es la realidad. No en vano estos sujetos fueron elegidos por votantes libres en libres votaciones.
–¿Cuál sería su fórmula para arreglar el Perú?
–Educación. Educación. Educación. 15 años seguidos de educación a chorros.
–Cambiemos: ¿el hombre del año?
–Barak Obama. El camino difícil.
–¿Y la mujer?
–Carla Bruni. El camino fácil.
–¿El peor día de su vida?
–El día de mi secuestro, hace 12 años y de cuya fecha no quiero acordarme. Me tuvieron 18 días encerrado en un baño de 2 x 3 m, durmiendo en el suelo en una colchoneta. Fue un caso de extorsión. Hubo negociaciones. Mis hijos llegaron del extranjero para aportar sus ahorros. La policía fue muy efectiva y capturó a los secuestradores en el último momento gracias a que el jefe de éstos había cometido un error al marcar un teléfono intervenido por la policía. (Me cuenta muchos detalles y su mirada se torna triste. Para cambiar de atmósfera nos vamos a las antípodas).
–¿El mejor día… bueno… humm… la mejor noche de su vida?
–En Viena, con Helga, una mujer maravillosa y una noche maravillosa. Cuando pasaron los meses y ella acabó poniéndome cuernos fueron los que más me dolieron en mi vida.
–Le dan boleto gratis para un viaje a la luna. ¿Lo aprovecharía?
–No. Me da miedo. No vale la pena. De verdad que podría hacer un viaje estelar, a muchísima más distancia que la luna, si me aseguraran que lo que voy a ver es el paraíso de las huríes de Mahoma. ¡Iría encantado! Pero para ir a ver la soledad total y rocas frías y grises… ¡Puaf!
(Ante tanta bonhomía, entrega veraz y confesión sincera, me siento, por un momento y sin mérito alguno, curador de almas).
–“Ego te absolvo”. (Por: José Carlos Valero de Palma)