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Fotografía Cusco y la primera mitad del siglo XX en impactante muestra fotográfica.

Imperio en Blanco y Negro

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Indígenas en Sacsayhuamán, 1940. Foto de Horacio Ochoa.

Anónima para la posteridad, una mujer entrega su frondosa desnudez al lente de Pablo Veramendi. Es el año 1935 y la modelo no puede imaginar que más de siete décadas después su exhibicionismo sería motivo de admiración y de alguna que otra risita adolescente. La imagen, obra de uno de los ya legendarios fotógrafos que retrataron al Cusco y sus habitantes entre 1900 y 1950, forma parte de la muestra titulada “Óyeme con los ojos” o, en su versión quechua, “Ñawiykikunawan uyarimuway”.

Sobre las paredes del Museo Inca en una callecita empinada de Cusco cuelgan retratos, paisajes, imágenes del tiempo de gestación del indigenismo, momentos congelados de vida cotidiana, fiestas, aristocracia, el trabajo en las minas y hasta construcciones dramáticas a cargo de Juan Manuel Figueroa, Sebastián Rodríguez, Eulogio Nishiyama y los hermanos Cabrera, entre otros. Como señala el museólogo Luis Repetto, representante del Centro Cultural de la Universidad Católica, auspiciador del evento: “la foto en blanco y negro de la primera mitad del siglo XX es un hecho cultural irrepetible”.

El arte, sin embargo, no solo corre por cuenta de los fotógrafos, sino de los organizadores que, en impensable trabajo de selección, han elegido 90 imágenes de las más de 33 mil que integran el archivo de la Fototeca Andina del Centro Bartolomé de Las Casas de Cusco. Tamaño reto corresponde a una de las dos premisas de la Fototeca: conservar y difundir. Ubicada al fondo de un pasaje ciego con empedrado de rigor cusqueño, la Fototeca guarda rarezas como un foto-óleo de 1874. Con un exiguo presupuesto de por medio, la conservación de tales joyas no cuenta con el sistema de deshumidificación y estabilización de temperatura que merecería. Se hace, pues, lo que se puede. Y ello, por el momento, se limita a conservar los valiosos negativos en sobres y cajas libres de PH. Rescatadas incluso de cajas de zapatos debajo de una cama, las imágenes de la Fototeca corresponden a una veintena de fotógrafos y están divididas en cincuenta archivos provenientes de álbumes familiares, instituciones y aquellas cedidas por los descendientes de los fotógrafos.

Una por una y multiplicando la acción por 33 mil veces, las placas se limpian con alcohol por el lado opuesto a la emulsión, labor que se retoma cada dos años cuando le toca el turno a la última de las imágenes. “Hay químicos especiales para trabajar esto, pero la verdad es que nosotros trabajamos de manera bastante rudimentaria… tratamos de hacer maravillas con el poco presupuesto”, explica Andrea Espinar, responsable de la Fototeca. Felizmente, el apoyo de entidades del extranjero permite que su trabajo no se limite a pasarle un poco de alcohol a las placas. Gracias a la Cooperación Alemana la Fototeca acaba de digitalizar 15 mil imágenes, y con financiamiento del BID ya está por concretarse otro proyecto: pasar a papel 3 mil fotos que estarán a disposición de los investigadores. Además, ya se prepara para noviembre próximo la exposición “Conservando miradas”, que llegará a Lima para celebrar los 20 años de vida de la Fototeca. Buen momento para decir “chís”. (Maribel De Paz)


 


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