miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2048

09/Oct/2008
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre EconomíaVER
Acceso libre NarcotráficoVER
Acceso libre CongresoVER
Acceso libre FútbolVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Música
Sólo para usuarios suscritos Eventos
Sólo para usuarios suscritos Publicaciones
Sólo para usuarios suscritos Exposiciones
Sólo para usuarios suscritos Televisión
Sólo para usuarios suscritos Literatura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Suplementos
Acceso libre EspañaVER
Acceso libre MabeVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Literatura ¿A quién no le darán nunca el Nobel de Literatura? Antivaticinios ante el esperado anuncio este jueves 9.

El Mito Escandinavo

Philip Roth y Mario Vargas Llosa, convertidos en eternos candidatos al Nobel por sus posiciones políticas derechistas.

Todos sabemos que Jorge Luis Borges, el candidato eterno, jamás viajó a Estocolmo por la que hubiera significado la “gran medalla” de su vida. ¿La quería? Eso siempre estará en duda, lo único que podemos saber es que coqueteó con ella durante todo el tiempo, pero que debido a su carácter terminó por perderla.

Esto según lo cuenta María Kodama: “(Borges) en dos ocasiones burló las aspiraciones de Arthur Lundqvist, el académico sueco que prácticamente concedía el Nobel a los escritores de nuestra lengua. La primera, cuando Victoria Ocampo lo trajo hasta Buenos Aires, le organizó una cena en San Isidro y puso a Borges al lado del sueco, que con su tradicional apetito de gloria, leyó a Borges uno de sus poemas; y él dijo que le parecía dignos ‘del inventor de la dinamita’. Luego, cuando en Chile le ofrecieron aquel doctorado en la Universidad Católica siendo Pinochet el dictador y lo llamaron para advertirle que si iba a recibirlo no recogería el Nobel ese año, respondió que había dos cosas que un hombre no se puede permitir: Ni amenazar ni ser amenazado, ni chantajear ni ser chantajeado”.


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista