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Entrevistas Confesiones y aficiones de saxofonista Jean Pierre Magnet en entrevista insólita previa sus conciertos del 24 y 25.

Los Sabrosos Hábitos de Magnet

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Trasladando su sazón musical a la cocina. Magnet ha logrado ahora la fusión de su saxo con el mundo andino, en lo que llama una "nueva música del alma".

Generales de ley. Jean Pierre Magnet Vargas Prada, 60 años, músico por la gracia de Dios, hijo de padre vasco-francés y madre limeña. Su padre era gerente del Country Club de San Isidro. ¿Cuándo, cómo y por qué aprendió a tocar el saxofón? A fuerza de oírlo. Dormía todas las noches arrullado por el grupo musical del restaurante “Acuarium” del hotel que regentaba su padre. “Descartando instrumentos elegí el saxo por sus calidades melódicas. Compraba los discos de Fausto Pappetti”, me confiesa a guisa de introito de su biografía llamémosle oficial. Su padre, fanático de la música, le compró el instrumento cuando él tenía 10 años. El músico del Acuarium (Napoleón Murillo, saxo alto) le dio clases. “Yo soy saxo tenor aunque también toco piccolo (flautín) y saxo soprano”, nos certifica, como queriendo actualizar la instrumentación en la cual se desliza hoy como agua límpida de un manantial con remansos espejeantes. Y viene la tragedia. Los avatares del destino. El instinto musical hermanado con la sensibilidad extrema ante el dolor y las querencias lo marcan. “Mi padre murió cuando yo tenía 13 años y por tristeza enterré el saxo hasta los 15”. Aquí, como veremos, y esto será una constante a lo largo de su vida, la imaginación y los goces musicales salidos del alma tendrán siempre una confrontación con los sentimientos normales y corrientes de todo ser humano. Jean Pierre Magnet tendrá una existencia complicada, dos vidas en constante dicotomía, la que a todos nos toca vivir y esa, propia de su consustancialidad, que derrama la felicidad interna de la música. Y ahora, en el restaurant Costa Verde, con un Jean Pierre abstemio que bebe agua solamente, habrá que intentar ahondar en sus meandros síquicos.

–Enterró el saxofón y se incorporó a esa vida prefijada, normal y lógica, aunque irresoluta, de todo adolescente de su condición social.
–Al final de la secundaria me convocaron amigos del colegio y formamos un grupo de rock llamado “Traffic Sound”, que tuvo mucho éxito, y luego de estudiar 3 años de Administración de Empresas, ya no pude más y decidí dedicarme a la música por completo.


 


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