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Actualidad Las dificultades para sincronizar discursos en el nuevo gabinete dirigido por Yehude Simon.

Juego de Espejos (VER)

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Martes 20. El premier Simon, acompañado del ministro de Salud, Óscar Ugarte, visitó hospital Las Mercedes en Chiclayo. Ugarte señaló que, luego de casi 40 días, el levantamiento de la huelga era “responsabilidad de la Federación Médica Peruana”, a la que acusó de “intransigencia”.

Ajuste, adaptación. Así describen algunos protagonistas del gobierno las necesidades del nuevo gabinete en los días venideros. El propio presidente Alan García demandó el martes 21 a los distintos sectores políticos un “esfuerzo de generosidad para apoyar a este hombre que no es aprista” y aceptó asumir el despacho de primer ministro en momentos de turbulencia.

“Ingenuidad” es otra palabra, menos generosa, mencionada por las fuentes consultadas. El lunes 20, entre diez y doce de la noche, el nuevo primer ministro, Yehude Simon, se reunió con los miembros del gabinete y escuchó con más detenimiento al ministro de Economía, Luis Valdivieso, y sus planes para revitalizar el gasto público pasada, si pasa, la crisis financiera internacional. Los conceptos de Valdivieso fueron reproducidos a la mañana siguiente por AGP durante la inauguración de un centro comercial (ver nota aparte).

Por momentos parecía que Simon seguía sentado del lado de los presidentes regionales cuando, hace poco menos de dos meses, éstos expresaron su oposición a los recortes presupuestales para lo que resta del año (CARETAS 2043). Entonces la amenaza inflacionaria ya era nítida pero la economía internacional todavía no se había ido al subsuelo como sucede hoy.

El premier se abrió muchos frentes en su primera semana. Además de expresar sus “pequeñas diferencias” con Valdivieso (tal como las calificó en el programa Cuarto Poder), recibió a Lourdes Flores y Ollanta Humala en la Presidencia del Consejo de Ministros. También acudió a la sede de la CGTP para encontrarse con Mario Huamán. Del mismo modo, creó expectativas innecesarias al anunciar que dos ministros más, entre ellos Verónica Zavala, saldrían del gabinete a fines de año.

El premier no es, ciertamente, un político intolerante. En entrevista ofrecida el domingo 19 a El Comercio reconoció la impertinencia de la última revelación (ver más en Mar de Fondo). Pero en líneas generales ofreció la impresión de un recién llegado al juego con gran urgencia de expresar gestos políticos que lo distingan de su antecesor y de, incluso, algunas líneas gubernamentales.

Para eso lo llamaron, podría aludirse. Es el juego de espejos en el que el discurso presidencial necesita la contraparte más social representada por Simon.

PERO LO QUE NO PARECIÓ LEER BIEN fue el escenario que le tocó en su debut. La crisis económica todavía es de un oscuro pronóstico reservado y aventurarse a decir que “un punto más de inflación no importa” mientras se mantenga el ritmo de inversión pública calza perfectamente con la ingenuidad mentada líneas arriba. Los miembros del gobierno que hablaron esta semana con CARETAS coincidieron en un punto central: a pesar de reclamar para sí la “bandera del optimismo”, Alan García, y no solo Valdivieso, está muy lejos de coincidir con una opinión de tales características. El titular del MEF no respondió públicamente a las pechadas del primer ministro pero todo indica que el respaldo presidencial es casi estoico. Tal como ocurrió con su predecesor Luis Carranza, Valdivieso se mueve en una cancha propia. Puede resultar un mal negocio, aunque con posible rentabilidad política, salir a intentar barrerlo.

Los activos observadores anotan que el premier debió dedicar sus primeros días a conocer y organizar su equipo a puerta cerrada. En lugar de ello armó la agenda a la medida de los reclamos de la oposición. Casi no tuvo encuentros con los ministros, exceptuando la reunión de coordinación en la noche del lunes 20, y al cierre de esta edición algunos ya reclamaban sotto voce porque luego de una semana no habían tenido la oportunidad de discutir con él las urgencias de sus respectivos sectores. Aunque sea muy pronto y todavía cuente con el beneficio de la duda, habría que recordarle la paradoja de la ex primera ministra y actual defensora del pueblo, Beatriz Merino: una figura de popularidad hacia fuera y escasa simpatía entre varios miembros de su gabinete por la pobre comunicación que mantenía con ellos.

Una alerta temprana llegó con la desconcertante situación en el Ministerio del Interior.

EL MARTES ÚLTIMO, el director de la Policía, general PNP Octavio Salazar, salió de su despacho solo para almorzar. Se reunió con sus asesores y con algunos de los generales más próximos para analizar su situación.

Ese mismo día el madrugador enfrentamiento mantenido con el flamante ministro del Interior, general PNP (r) Remigio Hernani, había experimentado una nueva vuelta de tuerca. El premier Simon, quien en la víspera había llamado la atención a Hernani por hacer públicas las diferencias, señaló desde Chiclayo que el ministro era el responsable de la cartera del Interior y la conformación de su equipo. Sugirió que si ambos no llegaban a un acuerdo esta semana, Salazar debía renunciar.

Fuentes cercanas a Hernani indican que esto podría ocurrir luego de la cumbre de la APEC, en noviembre. Y es que juntos no pueden trabajar.

La última vez que hablaron fue el miércoles 15, un día después de que se oficializara el nombramiento de Hernani. Hasta el lunes, Salazar pensó que su nuevo jefe sería el ex general PNP (r) Gustavo Carrión Zavala.

El martes 14, cuando Simon se reunió con el Comité Político del APRA, nadie sabía, quizás a excepción de él, quién sería el nuevo ministro del Interior. En los días anteriores el cargo le había sido ofrecido a Carrión. Pero a su nombramiento se opuso férreamente la bancada fujimorista, que transmitió su posición a través del congresista Alejandro Aguinaga. Mientras fue director del INPE, consideran los fujimoristas, Carrión le ajustó las clavijas al ex presidente.

Luego se le informó a Hernani de que el cargo se le había propuesto al civil Dante Vera, que trabajó con Fernando Rospigliosi, pero éste no aceptó. La decisión final se adoptó el martes 14 por la mañana. Benedicto Jiménez habría propuesto a Hernani.

A Salazar no le cayó bien la noticia. Ambos están distanciados desde que fuera designado director de la Policía. Al ocurrir esto, los generales de mayor antigüedad, entre ellos el hermano de Hernani, pasaron al retiro.

Posteriormente, tras el ‘Moqueguazo’, Hernani criticó severamente a Salazar y exigió su renuncia. El miércoles 15, en el cuarto piso del despacho de Córpac, Hernani le habría sugerido que presente su carta de renuncia. Salazar le respondió que su cargo había sido propuesto por el Presidente y, en todo caso, aquél debía tomar la decisión sobre su destino.

Esa misma semana, el director de Inteligencia del Ministerio del Interior, el general PNP (r) Jorge Cárdenas, había presentado su carta de renuncia irrevocable afirmando que no podía estar bajo las órdenes de un sentenciado por terrorismo.

El martes último, Salazar pidió audiencia presidencial y fue recibido por Alan García. Al culminar afirmó a sus colaboradores que el suelo estaba parejo y que era cuestión de horas para que Hernani se marchara. Pero las declaraciones de Simon, ofrecidas horas después, sugerían exactamente lo contrario. Por la noche el ministro se reunió con la bancada aprista en el Congreso pero no ofreció declaraciones.

Las marchas y contramarchas de Córpac fueron el colofón de una semana política donde a muchos les costaba adaptarse y ajustarse. El presidente García habló del tiempo necesario para acomodarse en una nueva casa. Las conocidas cualidades del nuevo primer ministro se hacen necesarias para apurar el desembalaje.


 


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