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Local Las técnicas de amortiguación social del ingeniero Choquehuanca.

¡Oh Llanta!

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En Pamplona levantan torres de hasta 12 llantas de alto para sostener las casas.

Sorteando con el carro las residenciales locaciones y jardines de la urbanización Las Casuarinas, Surco, a la vuelta del cerro cae la otra cara de la moneda. El panorama cambia drásticamente al llegar al asentamiento humano de Pamplona, San Juan de Miraflores, característico pueblo joven en medio del arenal. Objeto de una arremetida masiva de habitantes hace sólo ocho años, coexisten los sectores de Pamplona Baja y Alta. Sin embargo, ahora también puede hablarse de una tercera zona: Pamplona Llanta, al más fiel estilo de la fiebre del caucho.

Rueda sobre rueda, cada día son más los pobladores que optan por sostener sus viviendas sobre torres de neumáticos, transformando totalmente el panorama del lugar. Pero, ¿qué pasó acá exactamente? “La llanta nos ayuda para que la tierra no se vaya abajo con nuestras casas”, sostiene uno de los pobladores: “Sólo tenemos que echarles tierra, que acá sobra, y taconearlas para hacerlas estables”.

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Ing. Choquehuanca vive la fiebre del caucho.

El director de la ONG Asociación Cristiana Evangélica para el Desarrollo (ACED), Leoncio Choquehuanca, trabaja proyectos de desarrollo en el área desde 2004 con un presupuesto de 40 mil euros anuales: ganadería urbana, sistemas de agua y desagüe, etc. Pero luego del sismo de agosto de 2007, la necesidad por seguridad ante derrumbes se hizo urgente. “Antes todos usaban sacos de arena como cimientos”, comenta Choquehuanca: “Pero estos se reventaban en cuestión de meses poniendo en peligro las vidas de todos. Entonces surgió la idea de estabilizar las bases con llantas”.

Y claro, a un módico precio de 50 céntimos cada una en cualquier taller de mecánica, la adquisición se hace llevadera hasta para el bolsillo más necesitado. Y el ingenio ha llevado a la ONG a ir más allá. Dentro de su programa de actividades está incluida la implementación de forestación para mitigar la contaminación y siembra de biohuertos para el autosostenimiento de las familias. En ambos casos, los neumáticos han mostrado ser aliados importantes.

A la fecha, 1,650 árboles han sido plantados valiéndose de llantas que funjan de macetas para los primeros años de crecimiento. Lo mismo en el caso de los biohuertos, que ya suman más de 65, para sembrar lechugas, betarragas y demás. Todo llevado de manera orgánica, con las hojas de las plantas utilizadas como abono y el agua del lavado de arroz y papa para regarlas.

Con esto, la calidad de vida en esta suerte de Ciudad Michelin intenta mejorar poco a poco. Y creciendo frente a tal exposición neumática diaria, no extrañaría ver salir de aquí a algún inspirado Michael Schumacher pamplonero. (T.M.)


 


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