Historia Antecedentes de la paz entre Perú y Ecuador que se subvaluaron en Machala.
Eslabones Fácticos (VER)
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El embajador peruano Juan Miguel Bákula renovando credenciales ante Velasco Ibarra. |
Algo faltó este 26 de agosto en la celebración del décimo aniversario de la suscripción de los Acuerdos de Paz entre Ecuador y nuestro país. El encuentro en Machala entre los Presidentes Alan García y Rafael Correa fue, por cierto, cordial, emotivo y constructivo, y se firmaron varios acuerdos para consolidar las relaciones futuras. Pero allí, como en algunos comentarios publicados, faltó una venia hacia el pasado, y así, indirectamente, reapareció la amnesia selectiva que acompañó al propio Alberto Fujimori en sus momentos de éxito, esa falta de consideración, cuando no un cierto desprecio histórico característico de él, por los esfuerzos colectivos de largo aliento que acompañan los logros trascendentes.El embajador Juan Miguel Bákula, historiador y decano de la diplomacia peruana, fue invitado por Transparencia para dar el discurso de orden en un seminario peruano-ecuatoriano en Lima, y CARETAS conversó con él.
Fue en abril de 1941 que el entonces tercer secretario Juan Miguel Bákula Patiño, hoy 94, llegó con su esposa por barco a Guayaquil y de allí se trasladó a Quito en un pequeño avión de SEDTA – aerolínea alemana que seguía operando en Sudamérica a pesar de la Segunda Guerra Mundial.
Tres meses después, el 5 de julio, se desencadenó el choque armado entre el Perú y Ecuador.
La embajada peruana en Quito constaba de solo cuatro personas, y el desarrollo de los acontecimientos, cuenta Bákula, “nos mantuvo virtualmente inmovilizados durante los siguientes cuatro años”. Las circunstancias, como es de imaginar, fueron particularmente tensas y hostiles.
El 30 de enero de 1942 llegó a la embajada un escueto cable cifrado que decía: “Anoche firmose Río de Janeiro protocolo final”.
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Eslabón Clave.-El proyecto Puyango-Tumbes ya beneficia al norte del Perú y en el sur de Ecuador llegará a irrigar 50,000 hectareas. |
El continente había mediado con premura, y en los dos últimos días de negociaciones el canciller del Brasil, Oswaldo Aranha, intervendría de manera directa para sellar el acuerdo, yendo de una sala a otra, ya que el clima de animadversión entre las partes era tal que las delegaciones del Perú y Ecuador no se podían ver.
Esto se realizó en el ámbito de una reunió de consulta de la Unión Panamericana (predecesora de la OEA) y en circunstancias dramáticas. El 7 de diciembre Japón había atacado Pearl Harbour empujando el ingreso de Estados Unidos a la Guerra Mundial.
No obstante los difíciles 60 años que siguieron, Bákula señala que allí, después de casi un siglo de desavenencias anteriores, es cuando se inició el camino hacia la paz.
Ese Protocolo de Paz, Amistad y Límites confrontaría sin duda una serie de dificultades –que ambas cancillerías se cuidarían en definir como “técnicas”–, pero los mayores escollos los plantearían los halcones a ambos lados de la frontera.
En Ecuador, por cierto, persistía la demanda de un “territorio imaginado” que llegaba hasta el Amazonas, y en el Perú asomaban posiciones como la del dictador Manuel A. Odría, quien se vanagloriaba de haber sobrepasado en 1941 las órdenes del jefe del Agrupamiento Norte, el general Eloy Ureta, para invadir territorio ecuatoriano, y luego negaba que hubiera algún “problema” con nuestro vecino del norte, contribuyendo así a frenar negociaciones a pesar de que faltaba demarcar la totalidad de los 1,600 kilómetros de frontera.
En un inventario de matices que acompañaron el proceso hacia la paz, Bákula recuerda el desaliento que causó en 1952 la intervención del presidente Galo Plaza cuando habló de “los inalienables derechos amazónicos del Ecuador”.
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La represa de Poechos, puesta en funciones en 1978, contiene más agua que toda de la que dispone el estado de Israel. El 80% de abastecimiento proviene del Ecuador. |
También, al iniciarse la década del 60, las posiciones de Carlos Julio Arosemena y la junta militar que lo sucedió, aludiendo a la “anulación” del Protocolo, y la declaratoria de nulidad del tratado, respectivamente.
Pero en 1967, José María Velasco Ibarra, en camino a su quinto mandato, haría una declaración muy discutida en su país: “Hay que cambiar el planteamiento. Tenemos que llegar a una transacción honrosa. Que el Ecuador tenga un puerto en el Amazonas”.
Fue precisamente ese año que Bákula había retornado al Ecuador como embajador y señala que el golpe en 1968 del “Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada” en el Perú fue tomado como una pésima noticia en Ecuador y particularmente por el propio Velasco Ibarra, que tenía 33 días de asumir el mando.
Bákula, junto con los embajadores Arturo García y García en Chile y Fernán Cisneros en Colombia pusieron sus cargos a disposición, solidarizándose implícitamente con el derrocado Fernando Belaunde.
Pero tanto el Canciller Edgardo Mercado Jarrín como las delicadas circunstancias los convencieron de la necesidad de que siguieran representando al país.
“Se buscaba”, dice Bákula, “que el tránsito del conflicto a la amistad no se interrumpiera”.
El régimen de Belaunde había hecho pragmáticos esfuerzos no obstante la renuencia del Ecuador a participar en la Comisión Mixta de Demarcación.
Pero se registraba otro fenómeno trascendental:
“Paralelamente”, dice Bákula, “existía una realidad que se hacía cada vez más evidente: La conveniencia para ambos países y sus habitantes que las relaciones de todo orden, destacando la económica y comercial, se protegieran y privilegiaran”.
Ya en 1964 García y García había servido en Quito y había dado los pasos para enfatizar las “relaciones positivas”.
“A mí me tocó en suerte”, dice Bákula, “plasmar actos concretos, que luego fueron continuados por Jorge Morelli Pando”.
Bákula señala que antes de Brasilia en 1998 ya se había suscrito 207 acuerdos de diversa jerarquía con Ecuador.
Pero lo que se destaca como un monumento a los beneficios de la cooperación bilateral fue el convenio para aprovechar las cuencas hidrográficas Catamayo-Chira y Puyango-Tumbes.
Conversaciones sobre un plan orientado a superar las sequías que asolaban el sur de Ecuador y el norte del Perú se iniciaron en 1968 con auspicio de la Naciones Unidas, y la etapa Chira-Piura del vasto proyecto la suscribió Mercado Jarrín en 1971 con el canciller ecuatoriano Rafael García Velasco. El financiamiento provino del BID y del Banco Mundial.
Esa etapa incluía la represa de Poechos, que fue puesta en funcionamiento en 1976.
Poechos no solo contiene más agua que toda de la que dispone Israel, sino que irriga la campiña de Piura, que es la más rica de la costa del Perú.
Más aún, el 80% del agua del río Chira proviene de las vertientes del lado ecuatoriano.
Bákula indica que, si bien es cierto que desde que se creó este beneficioso eslabón compartido –el primero en la historia de ambos países– se registraron graves sucesos armados, la relación fronteriza entre ambos países se comenzó a enriquecer poderosamente.
“Es que ‘Falso Paquisha’ y el Cenepa fueron conflictos militares en lugares alejados”, señala Bákula, “y en ellos no hubo bajas civiles”.
Las ferias binacionales en Piura y Santa Rosa, por ejemplo, apenas parpadearon en 1981 y 1995 debido a esos enfrentamiento, y ahora esos eventos suman más de 30.
Bákula indica que en cierto punto a ambos lados de la frontera abunda el apellido Burneo, y que él los puede identificar porque se parecen físicamente.
Son solo un símbolo de los múltiples matrimonios binacionales.
El Cenepa fue una ocasión en que la sociedad civil expresó en diversas formas su deseo de superar la contingencia armada. El periodismo intercambió visitas de delegaciones, por ejemplo, y allí surgió el acuerdo de intercambiar comentaristas. En CARETAS escribió Benjamín Ortiz, director del diario Hoy, y en Hoy escribió Marco Zileri, el actual director de esta revista.
También en esos días, Víctor Delfín y Oswaldo Guayasamín se abrazaron en la frontera.
Y ahora que el comercio con Ecuador se ha incrementado siete veces, pasando de US$ 300 millones a unos US$ 2,000 millones, Bákula subraya:
“El documento final de 1998 incluye un párrafo que define que el tránsito no era entre la guerra y la paz, sino hacia la consagración de la paz en un Acuerdo de Integración. Habla, además, de la necesidad de actualizar y perfeccionar mecanismos existentes, de actualizar y fortalecer acuerdos. Es que el camino de consolidar la paz fue largo y ahora requiere de un cuidado permanente”.
Agenda Pendiente
El Canciller José Antonio García Belaunde indicó en Machala que quedan pendientes tareas para impulsar el desarrollo fronterizo. El Estado peruano ha invertido con ese fin más de US$ 600 millones, el sector privado US$ 700 millones y la cooperación internacional solo US$ 300 millones, mientras que Ecuador ha puesto US$ 1,600 millones en total.
Quedan por superar también irracionales resistencias de ciertos grupos ultrapatriotas en Loreto.