Política En tiempos de crisis global, las ideas del economista británico son revaloradas por los políticos. AGP se cuenta entre ellos.
Keynes de Cabecera (VER)
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García en la clausura de la CADE: “Hoy no hay que comprar libros de Marx, sino de Keynes”. |
Durante su discurso en la CADE, el presidente Alan García reveló cuál es su autor de referencia en estas últimas semanas de la crisis: “Hoy hay que comprar los libros de Keynes”, sugirió.
No es el único.
El nombre del británico John Maynard Keynes vuelve a sonar por doquier sobre los escombros de las bolsas del mundo. La crisis financiera mundial ha recordado la Gran Depresión de 1929. Y fue entonces que las teorías keynesianas, precursoras de la macroeconomía, emergieron como un salvavidas en medio del naufragio.
“El problema de los economistas es establecer una delgada línea entre la promoción del crecimiento y la prevención de una debilitante inflación”.
¿Suena familiar?
Podría haber sido una cita recurrente de la CADE. Pero no. Lo planteaba la revista Time al terminar 1965. Veinte años después de muerto, Keynes era el personaje en la carátula de la edición de año nuevo.
Fue el primer resurgimiento del famoso economista británico muerto en 1946.
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Revista Time explicaba el éxito económico estadounidense de 1965 en el keynesianismo. |
En 1960 la economía estadounidense era una máquina formidablemente aceitada, con un crecimiento real de 5%, indicadores positivos en todas las áreas y libre de inflación. Desafiando las predicciones más optimistas, el PBI creció de US$ 628 billones a US$ 672 billones.
En cambio, Barack Obama hereda hoy una economía patas arriba, al punto que el gobierno estadounidense planea inyectar ahora más que todo el PBI de 1965 en su sistema financiero, en un desesperado esfuerzo por evitar que sucumba arrastrando al planeta con él.
Por el momento quedó confirmado que marchamos rumbo a una recesión global.
“Puede ser muy tarde para evitar una recesión en los países desarrollados y para retardar su aparición en los países de bajos recursos”, sostuvo en Lima Dominique Strauss Kahn, director ejecutivo del FMI, el martes 4. “Pero no es muy tarde para evitar una depresión mundial”.
¿Presenciamos el retorno de las tesis keynesianas?
El debate ya se encendió. Para Edmund Phelps, director del Centro para el Capitalismo de la Universidad de Columbia, y premio Nobel de Economía del 2006, no.
En el Financial Times del martes último anotó que “el pensamiento de algunos ha girado hacia John Maynard Keynes. Sus análisis sobre la incertidumbre y la especulación fueron profundos. Sin embargo, su teoría del empleo era problemática y las soluciones keynesianas son cuestionables en el mejor de los casos”.
Aún así, y si bien Phelps es escéptico con las premisas laborales de Keynes formuladas siete décadas atrás, no desecha la esencia de la filosofía del brillante economista británico.
Ante la Gran Depresión, Keynes concluyó que al capitalismo no le bastaba únicamente el mercado para alcanzar su máxima expresión. El gobierno debía entrar a tallar con tres palancas: política fiscal, monetaria y presupuestal.
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Caricatura del británico Keynes. |
La intervención pública ayuda a incrementar el gasto privado, estimula la demanda y la producción. El empleo pleno era la meta final en su modelo.
Keynes no creía que la “mano invisible” del mercado bastaba para encaminar a las naciones al desarrollo.
Aquellas políticas, subrayaba el economista, necesitan la contraparte de un sector privado listo para coger la pelota y mantener el juego económico.
El optimismo del presidente García en el encuentro del hotel El Pueblo parece reflejar ese componente. También su fe en la fortaleza del capitalismo como sistema.
En el mundo entero, las autoridades económicas anuncian multimillonarios paquetes de salvataje fiscal para contarrestar la debacle de Wall Street.
Esta semana Rusia destinó US$ 32 billones de sus reservas para contener la devaluación del rublo. En Chile la presidenta Michelle Bachelet anunció un plan de estímulos fiscales de US$ 1,500 millones para expandir el crédito a la pequeña y mediana industria y fomentar el mercado inmobiliario. El mes pasado anunció un primer paquete de US$ 850 millones.
En medio de la Gran Depresión, Keynes sostuvo que la única forma de revivir la “demanda agregada” (la que totaliza toda la demanda en un país) era recortar impuestos, reducir las tasas de interés y aumentar sin temores el gasto público. Para hacer crecer la Economía el Estado debía bombear dinero en ella, no retirarlo.
El déficit era para Keynes una consecuencia con la que se podía lidiar. Pero la inflación la tomaba como una amenaza inaceptable. “No hay un medio más seguro de poner de cabeza la base de una sociedad”, aseguró.
Las ideas de Keynes fueron la base del New Deal propugnado por Franklin D. Roosevelt. Y, sumadas al desarrollismo de posguerra, extendieron su vigencia mucho más allá. La distorsión de sus ideas y la ola neoliberal pareció sepultarlo. Pero de allí ha vuelto a emerger, fresco como una lechuga.
Paul Krugman, recién designado Premio Nobel de Economía, es el último de una larga y notable descendencia. Más acá, durante las pausas de café de la CADE, otrora recalcitrantes liberales abrazaban sin remilgos sus doctrinas para criticar al actual ministro de Economía, Luis Valdivieso. A primera escucha, la exposición del titular del MEF no pareció muy apartada de esos mismos parámetros. Pero algunas cartas, como “las medidas fiscales para ayudar al sector privado en sus planes de inversión”, todavía son guardadas por si la situación lo amerita. El ministro fondomonetarista no parece tener prisa, a diferencia de su actual jefe, en conseguir su carnet del Keynes Club (ver más).
KEYNES NACIÓ el año de la muerte de Marx (1883) y murió cuando la economía internacional pasaba por el primer año del boom de la posguerra (1946). Lejos de ser un izquierdista como lo pintaron algunos de sus críticos contemporáneos, consideraba al marxismo “ilógico y aburrido” y se autocalificaba de “economista burgués”.
Perteneció a una familia acomodada e hizo sus estudios superiores en Eton y Cambridge. Amante de las artes y las letras, fue un miembro destacado del grupo de Bloomsbury, donde se hizo muy amigo de personajes como la escritora Virginia Woolf. Las relaciones homosexuales eran norma entre muchos de sus integrantes y el pintor Duncan Grant fue uno de sus más grandes amores. Dejó esa etapa antes de cumplir los treinta y se casó con la bailarina rusa Lydia Lopokova.
Trabajó en las divisiones financieras de la corona y desde entonces labró su fama. Fue el representante del tesoro de su país en la Conferencia de Versalles y predijo que las penalidades impuestas a Alemania llevarían a ese país a la ruina y provocarían más conflicto.
Era un sesudo analista de los tipos de cambio y los precios de commodities. Hizo una fortuna de más de US$ 2 millones como especulador. Se esfumó con la debacle de 1929 pero luego la recuperó forzando el alza del dólar y la depreciación de las divisas europeas. Era un gran jugador en la bolsa. Trabajó como agente bursátil del King’s College y también mejoró sustantivamente la posición financiera de la tradicional institución educativa. En 1936 publicó su compleja obra magna: La Teoría General del Empleo, Interés y Dinero.
“Parte diletante y parte renacentista”, como lo describió Time, Keynes era una figura de alta sociedad, coleccionista de arte y de manuscritos de Newton, además de coordinador del ballet londinense Camargo y el Teatro de Cambridge. Luego encabezó el Consejo Británico de las Artes.
A pesar de su vida tan intensa y una obra casi interminable se llevó un arrepentimiento a la tumba. Poco antes de que un ataque al corazón lo fulminase, confesó que le hubiera gustado haber bebido más champaña.