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Deportes Peruanos en maratón pre electoral de Nueva York.

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Polly Lanfranco, izq, corriendo por niños de Neoplásicas con María bellatín Recaudó US$ 32 mil. El Tío Sam puso el hombro.

Eran las 5:30 de la mañana y en Manhattan los termómetros marcaban unos gélidos 3 grados centígrados, sin embargo, Polly Lanfranco, 41, lucía sonriente. No era para menos. La noche anterior se enteró que había logrado recaudar US$ 32 mil gracias a la campaña “Desafíame” que había empezado semanas antes de participar en la Maratón de Nueva York y que tendría como beneficiario al pabellón de niños del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas, lugar donde hace ocho años Pauline, su pequeña de tan sólo cuatro, moría por un tumor maligno en el cerebro.

El desafío de Polly, y por el cual miles apostaron por ella, era llegar a la meta final de los 42 kilómetros 195 metros de una de las maratones más difíciles del mundo. Y lo cumplió.

El domingo 2 de noviembre, luego de 4 horas y 44 minutos (la partida fue a las 10:20) y tras atravesar Staten Island, Brooklyn, Queens, Manhattan, Bronx y otra vez Manhattan hasta el Central Park, Polly llegó a la meta.

Durante el largo y difícil recorrido, cada vez que sentía sus fuerzas esfumarse, recordaba una frase que leyó poco tiempo atrás: “si crees que correr una maratón es difícil, intenta la quimioterapia”. Pensar en Pauline y lo que sufrió fue el motor que la llevó a cruzar la meta. “Es una carrera por amor, por los niños, por la memoria de Pauline”, dijo a CARETAS.

Junto a Polly, otros 61 peruanos se lanzaron a las calles de Nueva York para también desafiar el frío y el cuerpo. Los resultados demostraron que este variopinto grupo de corredores, organizados por Perú Runners y su entrenador principal José Alfonso Arias, Pepe Pocho, estaban decididos a dejar todo en la pista.

De los 62 inscritos, 59 llegaron a la meta. Camilo Peirano Blondet, de 30 años, fue el primero en llegar a la calle 67 con Central Park West tras 3 horas 12 minutos. Llegó en el puesto 1 899.

Claudia Carranza, 40, fue la tercera de Perú en terminar la maratón con 3 horas 23 minutos y quedó en el puesto 79 de las mujeres y en el 3306 del total.
Para Hildebrando López Sánchez, 51, correr en esta maratón tenía un significado especial. Pese a tener 15 años corriendo por su cuenta, nunca había tenido los recursos y dinero suficiente para participar en una maratón de esta envergadura.
Los funcionarios de la empresa Ernst & Young, donde trabaja como empleado, vieron su ganas y decidieron pagarle el viaje a Nueva York y apoyarlo con todo lo necesario. López les ha retribuido con creces. Fue el sexto peruano en llegar a la meta con un tiempo de 3 horas 38 minutos y quedó en el puesto 6518 de 38 mil corredores.

Al igual que López, esta también fue la primera maratón de la editora de política del diario El Comercio, Diana Seminario, 40. Bien apertrechada con un cinturón con botellitas de bebida energizante se lanzó a la carrera y llegó a la meta en 6 horas 5 minutos. Le dedicó la carrera a su abuela.

Esta maratón es un evento mundial que reúne atletas y aficionados de todo el mundo. Y es todo un show.

Un grupo de corredoras inglesas decidió hacer los 42 kilómetros en brasierre, mientras que un norteamericano se vistió como el boxeador Rocky, el personaje que Sylvester Stallone hizo famoso a fines de los setentas.

La política también estuvo presente. Algunos llevaban polos o carteles en apoyo a Barack Obama y también a John McCain.

Los vaticinios tampoco fueron ajenos a la maratón. En el kilómetro 25 los periodistas de CARETAS lograron divisar a un grupo de corredores japoneses vestidos de presos con traje a rayas y fue imposible no pensar en la suerte de otro súbdito del imperio del Sol, Alberto Fujimori, quien el próximo mes será sentenciado.

Pero lo que más llamó la atención fueron los participantes discapacitados, sobre todo aquellos que pese a tener una o hasta las dos piernas amputadas, corrieron con sus prótesis decididos a demostrar que la vida tiene que continuar.
Los corredores invidentes también marcaron el ritmo de la maratón. Provenientes de todas partes del mundo participaron junto con sus guías. Y llegaron a la meta.
El público espectador fue un espectáculo aparte. Durante todo el trayecto avivaron no sólo a los suyos sino a todos los corredores por igual. Al final del puente Queensboro que une Queens con Manhattan, un grupo de rubias argentinas les gritaban a algunos corredores: “lomo de burro, lomo de burro”, versión gaucha para “guapo”.

Pero la magia de esta maratón no sólo fue la carrera en sí, sino todo lo que la rodeó. Y es que esta ciudad, bajo la batuta del actual alcalde Michael Bloomberg (que contra el voto popular quiere extender su mandato por otros cuatro años más), crea atracciones turísticas de cualquier evento.

Una gigantesca expo y carreras amistosas tuvieron lugar los días previos a la maratón. En la víspera de la carrera la marca italiana de pastas Barilla organizó una cena masiva en Central Park donde miles de kilos de tallarines, ravioles y canellonis llenaron las barrigas de los corredores y sus amigos.

Cerveza, bebidas energizantes y helado de limón, eran repartidos gratuitamente.
Esa misma noche, la marca de agua Poland Springs organizó un espectáculo de fuegos artificiales que mantuvo despiertos a los corredores hasta las 11 p.m.
En total fueron 38 mil los corredores, los cuales muchos de ellos llegaron junto con familiares y amigos, y según los cálculos más conservadores el dinero que dejaron en Nueva York durante la semana de la maratón puede llegar a los US$ 20 millones. Nada despreciable para una ciudad que hace dos meses fue el epicentro de la crisis financiera más fuerte de las últimas ocho décadas. (Desde Nueva York Patricia Caycho).


 


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