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Turismo Suspiros y lecciones de mar y selva en el Parque Nacional Tayrona, en Colombia.

Caribe Insólito

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El Parque Tayrona y sus eco-habitaciones vienen con la promesa de la dolce vita: vistas espectaculares desde cómodas hamacas y un sistema ultrasonido para guardar los cuartos de temerarios visitantes arácnidos y demás bichos.

Al ritmo de un silvestre concierto de ranas y aves, los caminantes avanzan por el bosque húmedo purificando sus urbanos pulmones. Luchan con el embarrado camino y, los que olvidaron el repelente, con ejércitos de insectos. Al discernir el hotel a la distancia, un trueno advierte una torrencial lluvia y apuran el paso: común recepción al natural del Parque Nacional Tayrona, una de las 54 Áreas Naturales Protegidas (ANP) de Colombia.

A tan sólo 34 kilómetros de Santa Marta, Magdalena, y sumado a una hora de hercúlea caminata (o algo menos a lomo de caballo, para los sensatos previsores), se llega al corazón del Tayrona, de 19,400 hectáreas de extensión y donde confluyen 11 ecosistemas –siete marinos, como el pelágico, y cuatro terrestres, como el bosque seco–: diversidad para todos los gustos en pleno caribe colocho.


 


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