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Literatura En medio de un frenesí de tratados comerciales interoceánicos, CARETAS ofrece una literaria navegación por las obras más significativas que el Pacífico ha inspirado.

Historias Del Mar Del Sur

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Robinson Crusoe hace fuego intentando atraer atención hacia su isla.

La historia del Océano Pacífico es curiosa. Siendo el cuerpo de agua más grande del planeta Tierra, recién se consideró descubierto con todas las de la ley cuando Vasco Núñez de Balboa, un 25 de septiembre de 1513, miró fijamente desde el istmo de Panamá lo que él llamaría el “Mar del Sur”. Ahí comenzaba la historia del Pacífico para Occidente, a pesar de que su presencia ya había dejado una rúbrica indeleble sobre los pueblos de Asia, Oceanía y América que se acogieron miles de años antes en sus orillas bajo el constante oleaje de sus aguas. Y es que no podía ser de otra manera, la presencia de semejante superficie azul se tenía que mezclar indefectiblemente con el espíritu de los que viven a su lado o subsisten gracias a él, y no es extraño que su influencia se traduzca febrilmente a través de múltiples expresiones del espíritu humano como la literatura.

Teniendo en cuenta que el ser humano es proclive a adorar lo inconmensurable, el Océano Pacífico no podía menos que impresionar a los hombres del pasado. Infinitud azul, se erigía como un desierto de agua salada o una barrera natural que separaba el mundo. Ningún pueblo cercano le fue indiferente, y así como leemos en los mantos Paracas señas de una relación simbiótica entre el pueblo y el mar que los obsequiaba con su abundancia sobrenatural, los chinos nos cuentan en sus antediluvianas crónicas imperiales de su paciente estudio de los cielos, ese minucioso seguimiento de las estrellas que resultaba fundamental para la delicada navegación de sus juncos sobre ese monstruo líquido que invadía el horizonte. Y es que, ocupando la tercera mitad de la superficie del planeta (165’700,000 km2), el Pacífico simplemente no podía pasar desapercibido.


 


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