Historia El mapamundi bajo otro punto de vista: la vecindad oceánica entre dos continentes de ancestral conocimiento mutuo.
Asia y América Cara a Cara
 |
Ministro chino Li visitó Lima y no fue ajeno a senda sesión fotográfica con Eugene Courret. |
Hemos estado acostumbrados durante siglos a pensar el mundo desde una perspectiva europea. Europa era el centro de la Tierra y, a sus lados, se extendían Asia y América. Esta perspectiva se advierte en la mayor parte de los mapamundi que pretenden mostrarnos al Planeta Tierra en su integridad.
De esta manera, América y Asia Oriental constituían los dos extremos del mundo, los confines de la humanidad. Quedaban absolutamente apartadas, de espaldas la una de la otra, con la mirada puesta en el ombligo de la Tierra que era Europa: la poca relación que pudiera existir entre ellas se debía a la intermediación europea.
Sin embargo, este punto de vista no era correcto si se considera –como lo podemos hacer hoy- el mundo en su totalidad. Asia y América no están en las dos esquinas del mundo sino que se sitúan una frente a la otra, con sólo un océano que las separa. Entre ellas no hay una variedad de culturas y de lenguas sino sólo un océano por encima del cual los dos continentes se miran cara a cara. Y la Historia demuestra que tuvieron una significativa relación desde los orígenes remotos de la humanidad; la que se ha mantenido a lo largo de los siglos, de alguna manera en el anonimato. Esa relación ha sido muy íntima en algunas épocas y, aunque se debilitó en ciertos períodos, nunca se perdió. Sin embargo, lo que sí se perdió fue la conceptualización de esta relación, tanto por los países americanos como por los países asiáticos, en razón de muchos prejuicios.
1. Asia y América en la Prehistoria.
No podemos olvidar que los primeros pobladores de América fueron asiáticos que cruzaron a pie el Estrecho de Behring aprovechando el descenso del nivel del mar, hace aproximadamente 15,000 años. Ahora se habla también de posibles incursiones de vikingos y de polinesios. Pero la masa principal de primeros americanos vino del Asia.
La tesis oficial ha sostenido que, cuando el mar recobró su nivel, el “puente” quedó bajo al agua y toda comunicación con Asia se cortó hasta los tiempos modernos. Pero la comunicación marítima no era imposible. No puede olvidarse que un poco más al Sur de Behring se encuentra otra suerte de puente que existe desde tiempos muy antiguos y que se mantiene hasta nuestros días. Este es el constituido por las islas Aleutianas que parecen ser una prolongación de la península de Alaska, las cuales se extienden prácticamente hasta el continente asiático. Por esta ruta era posible navegar de isla en isla entre Asia y América, aún en embarcaciones primitivas hechas de huesos y pellejo de ballena, sin dejar de ver tierra por más de un día. Es como atravesar un río casi sin mojarse los pies, pisando piedra tras piedra que asoma sobre el agua. A ello hay que agregar que la corriente marina Kuro‐shiwa impulsa las embarcaciones precisamente de Asia hacia América, hasta el punto de que ha ocurrido que embarcaciones pesqueras japonesas a fines del S. XIX, que perdieron el rumbo por averías en su velamen, hayan encallado en las costas de California.
2. Relaciones entre Asia y las civilizaciones precolombinas de América
La navegación fue progresando con el transcurso del tiempo, las embarcaciones se hicieron más resistentes y veloces, los hombres de mar aprendieron a utilizar las corrientes y los vientos. No hay razón lógica para pensar que durante casi 160 siglos (¡que no es poca cosa!), a nadie más en Asia se le habría ocurrido aventurarse en el Océano. Doce mil años después del paso de los primeros pobladores, sin duda que las poblaciones asiáticas ubicadas ante el Océano construían embarcaciones que les permitían desplazarse con cierta facilidad por el mar. Pero todavía estamos a 1,000 años antes de Cristo, en la época de la dinastía Shang en China, que coincide con la cultura Olmeca en México y con Chavín‐ Cupisnique en el Perú. Si pensamos en 1,500 años más tarde (que es el equivalente al tiempo transcurrido entre el Emperador Justiniano y nosotros), con todo lo que ello significa de progreso natural, estamos ya en el siglo V después de Cristo, con importantes y culturalmente muy sofisticadas dinastías en China; y en el Perú se dan a su vez culturas tan notables como la Mochica y la Nazca.
Ahora bien, considerando que las rutas marítimas entre China y América eran practicables (posiblemente con más facilidad de China a América que de América a China), parece aventurado afirmar dogmáticamente que nunca hubo contacto alguno en los tiempos antiguos. Más aún si se tiene en cuenta la gran cantidad de coincidencias con la cultura china o japonesa que se encuentran en las civilizaciones americanas prehispánicas.
En los huacos mochica que representan personas –las que, como se sabe, no son invenciones de un artista sino verdaderos retratos- encontramos algunos personajes que no corresponden absolutamente al tipo indoamericano. Es así como existen varias piezas que muestran un personaje de barba y bigotes largos –siendo el tipo étnico americano absolutamente lampiño- con una suerte de sombrero inusual para esta cultura y que evocan marcadamente la idea de un mandarín chino. En uno de esos ceramios se advierte en su base el dibujo de olas, lo que puede indicar que se trataba de alguien que había llegado por el mar.
Otro personaje extraño es el representado por otro huaco mochica bigotes delgados y largos y una pequeña perilla como barba, de gran similitud con la usanza manchú. Sin embargo, éste no parece haber tenido la misma acogida que el anterior –a quien se le retrata con respeto y dignidad- ya que en este caso estamos ante un prisionero atado que posiblemente será sacrificado.
Y en México encontramos también representaciones de tipos humanos perfectamente chinos.
Como señala Paul Rivet, en muchas regiones de América se conservaba hasta la llegada de los españoles la leyenda de que hombres pálidos y barbados habían visitado estas tierras. Por ejemplo, en el caso del Sur del Perú, los españoles recogieron la leyenda del dios Viracocha, una suerte de Dios Creador (no en el sentido cristiano de creación ex nihilo, sino en el sentido demiúrgico griego que transforma el caos en cosmos), en la medida que puso orden en las cosas, enseñó a trabajar la tierra y a gobernar la sociedad. Este hombre era de piel pálida, tenía una barba larga, llevaba sandalias y túnica. Esto hizo suponer a los españoles que primero escucharon estas leyendas que podía tratarse de europeos; e incluso algún cronista de gran riqueza imaginativa, llegó a decir que podría ser que algunos de los Apóstoles hubiera venido tempranamente a evangelizar estas tierras. Pero parecería que más fácil es pensar que el origen de esta leyenda –y otras similares- pudiera encontrarse en algunos esporádicos viajeros chinos.
A veces la leyenda dice que el personaje extranjero apareció de la nada en el Lago Tititicaca. Otras versiones sostienen que salió del mar y que luego se fue también por el mar. En algunas ocasiones cuentan que tenía varios ayudantes de su mismo tipo.
Dentro de la misma línea, en el Norte del actual Perú encontramos una leyenda que da origen a la Cultura Lambayeque (hoy también llamada Sicán). Un rey muy poderoso, prácticamente un semidiós, llamado Naylamp llegó por el mar, acompañado de un gran séquito, alrededor del año 700 d.C. Traía un ídolo tallado en una piedra verde –quizá jade- llamado Yampallec, el cual por derivación habría dado el nombre a dicha región: Lambayeque. Inmediatamente, Naylamp organizó a los habitantes de la región y logró establecer un reino de paz y prosperidad que tuvo hasta doce generaciones de gobernantes. Sin embargo, una vez que el pueblo estuvo organizado, Naymlap volvió a la mar y desapareció hacia el Poniente. No deja de ser significativo que los que pertenecieron a esta cultura Lambayeque tuvieran los ojos muy rasgados o almendrados, como se puede apreciar en las representaciones de personas humanas de toda su cerámica y en los dibujos en el oro labrado.
Otro aspecto notable es el hallazgo de dibujos tanto en México como en el Perú que pueden ser leídos como ideogramas chinos. La cultura olmeca trabaja fundamentalmente con el jade (otra coincidencia) y en sus esculturas se encuentran incisiones que se asemejan notablemente a la escritura de la época Shang. (Ilustración No. 6) Por otra parte, en el Perú se han encontrado huacos Nazca que llevan el dibujo con toda claridad del ideograma chino “Tien” que significa “cielo” o “divinidad”.
Una coincidencia bastante notable es la figura mítica y la simbolización del dragón. Mientras que el dragón europeo tiene cuatro patas y tiene alas, el chino es una suerte de serpiente con un lomo surcado de la cabeza a la cola por aletas en punta como las del stegosaurius y no tiene patas sino cuatro garras. El dragón peruano no es como el europeo sino como el chino: un animal gigantesco, sin alas, generalmente con cuatro garras y no patas, con la misma apariencia de stegosaurius que el chino.
También el felino es un elemento mítico importante en ambas culturas. Y curiosamente sus representaciones son tan semejantes que sugieren que pudieran pertenece a una misma tradición. Y la misma sensación, al mismo tiempo extraña y familiar, la experimentamos cuando comparamos los descomunales guardianes considerados deidades auxiliares, humanizadas pero de aspecto feroz, en la entrada de los templos y palacios, que se aprecian en China y Japón: nos hacen recordar marcadamente a las cabezas clavas de Chavín de Huántar.
Una de las semejanza más llamativa entre las deidades chinas y las indoamericanas es la presencia por toda América de un rostro que recuerda impresionantemente al “Taotie” chino.
Este personaje aparece en el imaginario chino como una mezcla de dragón y de felino, con ojos protuberantes, marcadas ventanas nasales, colmillos, cuernos y garras. Su imagen es conocida en China desde el año 2000 a.C., durante la dinastía Shang. Curiosamente, imágenes muy similares a las del rostro absolutamente imaginativo de esta divinidad las encontramos tanto en México como en el Perú, en múltiples incisiones en piedra o en dibujos sobre cerámica. La primeras aparecen precisamente en las civilizaciones americanas contemporáneas de la dinastía Shang, como son la Olmeca en México y la Cupisnique-Chavín en el Perú; y luego estas imágenes se perpetúan a través de las culturas americanas posteriores. Y resulta sorprendente que encontremos aún hoy en día una imagen muy parecida a la del Taotié nada menos que en las máscaras que se utilizan en el baile de La Diablada en Puno.
Hay autores que han sostenido también que un gran número de nombres de localidades del Perú, no tienen significado alguno en las lenguas andinas y, en cambio, pueden ser entendidos en chino como descriptivos del lugar al que se aplican o como reproducciones de nombres de ciudades chinas. Sin embargo, éste es un terreno particularmente discutible, que debe ser analizado por equipos que conozcan bien tanto el quechua como el chino. Puede señalarse que hay coincidencias bastante curiosas, como es el caso de Chuicón, que es el nombre de una laguna al pie del nevado Misimi, en la provincia de Jauja; en chino, Chuy‐Kong significa “cavidad con agua”. También, Montán es una hacienda en Cajamarca sobre la cumbre de la cordillera donde nace el abundante torrente de Montán; en chino, Mong‐Tan significa arroyo grande. Y Monsefú, pueblo de la actual provincia de Chiclayo, significa en chino “negocio feliz” (Mong‐se‐fu) y podría denotar que el pueblo se desarrolló rápidamente por el comercio con los vecinos. Pero estamos ante suposiciones que no pueden ser demostradas todavía.
En general, no existe hasta el momento una prueba arqueológica irrefutable, concluyente, de la visita de asiáticos a América entre los S. X a.C. y S. XVI d.C. Sin embargo, tenemos una inmensa cantidad de indicios que nos permiten intuir que esos viajes se realizaron.
Hay representaciones pictográficas chinas y peruanas que nos dejan asombrados por sus coincidencias, al punto que parecen copiadas una de la otra. Dibujar dos bocas puede dar resultados bastante similares en diferentes culturas en la medida que los dibujos se ciñan a la realidad de lo que es una boca. Pero cuando ambos artistas se alejan de la boca real y crean una boca imaginaria –por ejemplo, la de una suerte de hombre felino- es sorprendente que su imaginación se desarrolle en la misma forma en China y en el Perú. Sin embargo, hay esas “bocas” chinas y peruanas que son absolutamente idénticas.
Es cierto que, como alguien ha dicho, la coincidencia es la madre de la superstición, mientras que la relación de causalidad es la madre de la ciencia. Pero la coincidencia es cuando menos un indicio de causa. Cuando no hay pruebas causales porque el paso de las embarcaciones no deja huella en el mar o porque no se conocía la escritura y no pudo haber registro, la prueba indiciaria es la única que ayuda a hacer progresar el conocimiento. Y, en todo caso, esas coincidencias nos hacen ver que existe un problema, que todavía hay mucho por dilucidar y demostrar en las relaciones precolombinas entre Asia y América.
3. Asia y América en tiempos hispánicos.
Durante la época española, las relaciones entre Asia y América siempre existieron, aunque desde una nueva perspectiva. Tanto el Virreinato de Nueva España (hoy México) como el Virreinato del Perú, emprendieron exploraciones en el Océano Pacífico que vincularon América Latina con Oceanía y, por este camino, con el Asia.
Ruy López de Villalobos fue un osado marino español quien, a mediados del S. XVI, partiendo del puerto de Acapulco (hoy México) con cuatro navíos, navegó hacia el Poniente a la búsqueda de las Islas de las Especias. Es así como descubrió en 1543 el archipiélago que hoy llamamos Filipinas y lo llamó de esta manera en homenaje al rey Felipe II de España.
Otro gran navegante del Pacífico fue don Álvaro de Mendaña y Neyra quien, partiendo del Callao, en el Virreinato del Peru, en 1567 con dos barcos, descubrió las islas Salomón, a las que dio ese nombre porque pensaba que el Rey Salomón había obtenido ahí el oro con el que adornó el Templo de Jerusalén. En esta ocasión, formaba parte de la expedición el historiador, soldado, aventurero y mago Pedro Sarmiento de Gamboa. Las enfermedades de su tripulación lo obligaron a regresar a América, llegando al puerto de la Navidad, en México. En razón de la posibilidad de seguir descubriendo y ocupando islas para España, se le autorizó un segundo viaje, esta vez con cuatro barcos y llevando a bordo a su esposa Isabel Barreto, que era excelente navegante. Así alcanzó las islas hoy llamadas Marquesas; y les puso este nombre en honor de la Marquesa de Cañete, esposa del entonces Virrey del Perú. Como nota curiosa, cabe mencionar que cuando Mendaña, allá en la Polinesia, se vio aquejado de la enfermedad de la que murió, en sus últimos momentos nombró Capitana de la expedición a su mujer; y es ella quien llevó a salvo los barcos hasta Manila.
También partió del Perú, en los primeros años del siglo XVII, la expedición del portugués Pedro Fernandes de Queirós, a la búsqueda de la mítica "Terra Australis".
Pero, sin duda, el mayor acercamiento entre la América Española y Asia se produjo cuando se instauró la ruta del llamado "Galeón de Manila". Este era un servicio regular de navegación entre Acapulco, en México, y Manila, en las Filipinas. El galeón partía siguiendo casi el paralelo geográfico y bajaba unos pocos grados hacia la Línea Ecuatorial para llegar a Filipinas, siempre al amparo de la Corriente Ecuatorial que va en esas latitudes de Este a Oeste. El regreso era más difícil: había que subir hasta el Japón y de ahí tomar la Corriente Kuro Sivo y la Corriente del Norte que llevaba la nave hasta California y de ahí bajar a Acapulco.
Lo interesante es que, antes de que se fundara propiamente Manila, ya ese lugar se había constituido en centro comercial, donde se reunía la mercadería de varios países asiáticos y muy particularmente de China a fin de enviarla a América y luego de ahí a España. En esta forma se instauró un intercambio comercial, que duró más de 240 años, entre el Asia y América. La mercadería que venía del Asia consistía básicamente en clavo de olor, canela, cuerdas, cerámica china, pero también sedas, oro en filigrana, marfiles y piedras preciosas.
Pero, entre esas mercaderías, una que tuvo gran repercusión en Andalucía y en el Perú, fue el mantón de seda chino, llamado mantón de Manila porque era embarcado en ese puerto.
Una tradición en el Perú, que duró desde el S. XVII hasta mediados del S. XVIII, exigía que las mujeres no mostraran en público sino solamente un pie y un ojo. Para ello, vestían un ropaje de falda larga llamada la saya. Pero además utilizaban un manto sobre los hombros que les cubría la cabeza y que, coquetamente, la limeña sabía acomodar para cubrirse la mayor parte del rostro. Por eso se les llamaba “tapadas”. Esta era sin duda una costumbre morisca, llegada a América vía España. Pero el elemento central de esta tradición cultural, que duró más de 200 años, era el manto; y los más preciados eran ciertamente los mantos chinos de seda que venían de Manila.
4. El Asia y la América independiente.
Obtenida la independencia de España en la mayor parte de las naciones de Latinoamérica, se iniciaron esfuerzos por los nuevos países para promover el comercio entre América y el Asia.
En el caso del Perú, el primer contacto se realiza a principios de 1841, cuando una misión comercial peruana hace un viaje exploratorio a China. Como resultado de tal misión y ante las posibilidades promisorias de un comercio entre ambos países, se creó en el Perú la denominada Compañía Asiática. Esta fletó un bergantín llamado "Ana", que zarpó del puerto peruano El Callao el 15 de Julio de 1841. Dado el éxito de las negociaciones, otros barcos peruanos comenzaron a realizar viajes de comercio a China. A fines de 1841, el bergantín peruano "Rimac" retornó del Asia con muy buenas noticias. La grana o cochinilla y el algodón peruano habían sido acogidos en China con mucho entusiasmo, pagando por ellos precios mayores que los pagados por la misma mercadería procedente de otros países asiáticos. A su vez, el bergantín "Rimac" traía en el viaje de regreso mercadería china surtida para ser vendida en el Perú.
En términos generales puede decirse que las mercancías peruanas más fáciles de vender en China eran el cobre en barras y el algodón; a su vez las mercancías chinas que erainteresante importar en el Perú consistían fundamentalmente en arroz, sebo, aceite, comestibles y sedas. El negocio podía ser muy rentable.
Lamentablemente, pronto comenzó un comercio diferente: el negocio de la inmigración de trabajadores chinos al Perú. Tomando como ejemplo a Cuba quien inició este sistema, el Perú importó mano de obra china en la segunda mitad del S. XIX, en condiciones oprobiosas. Esta operación surgió como consecuencia de la abolición de la esclavitud, dado que los campos de cultivo de la Costa peruana quedaron sin operarios ya que habían sido en su mayor parte trabajados hasta entonces por los esclavos negros. Y la población india peruana no tenía interés en abandonar sus pequeñas propiedades agrícolas en la Sierra alta para bajar a trabajar en la Costa bajo las órdenes de un patrono. Como consecuencia de ello, un viajero europeo de la época decía que la agricultura peruana de la Costa se parecía a la Venus de Milo: bella pero sin brazos. En cambio, China podía ser simbolizada por Guanyin, la diosa de la misericordia, que tiene demasiados brazos para un solo cuerpo. Era tal la falta de puestos de trabajo y la cantidad de youmin o campesinos sin tierra que vagabundeaban por los puertos de China que, aunque prohibida y severamente penada por las leyes imperiales, la emigración constituía la única estrategia de supervivencia. No había otra solución para los kuang kun (esto es, "bastones pelados"), llamados así porque eran demasiado pobres para formar una familia y, por tanto, no podían tener retoños.
Entre los años 1849 y 1874 ingresaron al Perú cerca de 100,000 trabajadores chinos, la mayor parte oriundos de la región de Cantón y la mayor parte también embarcados en Macao.
Después de los años muy duros de trabajo pactados en su contrato, estos sufridos inmigrantes se dedicaron a abrir pequeñas tiendas de abarrotes, modestos restaurantes de comida china (llamados entonces fondas y hoy en día “chifas”), negocios de baratijas y también a emplearse como cocineros en las casas de las familias peruanas importantes. Como dice un escritor peruano de fines del S. XIX: "Tener un cocinero chino era un desideratum".
El efecto de esta inmigración marcó definitivamente al Perú. En primer lugar, el esfuerzo de la mano de obra china le permitió al Perú desarrollarse durante el S. XIX. Por otra parte, muchas costumbres chinas fueron introducidas en la vida peruana, especialmente en materia de alimentación. La cocina peruana ha recibido una influencia importante de la china. Incluso hay influencias muy sutiles pero absolutamente extendidas: todos los niños peruanos, cualquiera que sea su condición o clase social, resuelven sus controversias con el juego de presentar simultáneamente uno a otro sus manos, ya sea en forma de puño, en forma abierta o con los dedos índice y medio extendidos; y según la forma de las manos, gana uno o el otro. En realidad, se trata del juego denominado en mandarín Pau Jien Tap (envolver, tijera y martillo) y que en cantonés se llama Shin Kin Pau, lo que se ha castellanizado como Yan Quen Po. Sin embargo, es considerado tan peruano que he tenido que soportar la incredulidad de las personas cuando he tratado de explicar que se trataba de un juego chino, traído al Perú por los inmigrantes.
Sin embargo, no todos los chinos que llegaron al Perú en el S. XIX lo hicieron en condiciones tan duras. Algunos vinieron como representantes de firmas chinas que buscaban establecerse en Lima, a fin de iniciar un comercio entre los dos países. También hubo el caso de personas que llegaron con un cierto capital y que, en unos casos, crearon una casa importadora de productos de China y, en otros, incluso alquilaron grandes haciendas a los peruanos, convirtiéndose en personas económicamente muy importantes. Hubo asimismo un gran número de herbolarios y de taifu o médicos chinos que se establecieron en Lima.
Pero con la entrada al S. XX, todos los rezagos de un sistema oprobioso de inmigración desaparecieron. Volvió a surgir con mucha fuerza una inmigración china masiva. Pero esta vez se trataba de hombres libres que venían al Perú a buscar trabajo y fortuna. Una vez más, aunque la mayor parte eran campesinos sin tierra, había inmigrantes de todas las clases sociales y con muy diferentes condiciones económicas. Y desde entonces, las personas de origen chino han jugado en el Perú un papel muy importante en todos los campos: el medio intelectual, la política, las profesiones liberales y los negocios.
Si tenemos en cuenta la cantidad de inmigrantes chinos que llegaron al Perú desde el S. XIX hasta hoy dado que la mayor parte se casó en el Perú con mujeres peruanas, podemos decir que aproximadamente el 25 % de la población peruana tiene, de una manera o de otra, ancestros chinos. Y no me estoy refiriendo a las migraciones precolombinas sino simplemente a aquellas que tuvieron lugar durante los S. XIX y XX.
5. Perspectivas para el futuro.
Hoy en día, Asia juega un papel importantísimo en el punto de vista latinoamericano. De un lado, las reuniones del APEC han contribuido notablemente a crear una consciencia de “Cuenca del Pacífico” como una unidad nuclear de relaciones económicas. De otro lado, los intercambios comerciales bilaterales entre los países latinoamericanos y los países asiáticos han aumentado en una forma insólita en los últimos años. Para el Perú, China es su principal comprador de harina de pescado, que es uno de los productos que lideran las exportaciones peruanas. Por otra parte, China también es gran comprador de minerales. Y últimamente comienza a convertirse en comprador de uvas y otros productos agrícolas. Debemos recordar que dentro de la “Cuenca del Pacífico” encontramos a la mitad de la población mundial; asimismo, dentro de su marco, se crea más del 50% del Producto Bruto Mundial; y, por otra parte, en el interior de esta “cuenca del Pacífico” se lleva a cabo más del 47 % del comercio mundial.
Estas cifras son elocuentes y decisivas: Asia y América Latina deben formar un bloque común, basado en una consciencia de una historia común y de un futuro igualmente común y ventajoso para todos.
El nuevo mapa de las relaciones entre Asia y América no puede colocar a estas dos regiones en los extremos opuestos del mundo, de espaldas la una a la otra, sino que debe estar centrado en la Cuenca del Pacífico, con Asia y América mirándose frente a frente. (Fernando de Trazegnies Granda*)
---------------
*Catedrático, Ex Ministro de Relaciones Exteriores del Perú, autor de “En el País de las Colinas de Arena”, reflexiones sobre la migración china al Peru del siglo XIX.