Personajes ¿Dónde yace el cuerpo del Capitán de los Mosqueteros de Luis XIV?
D‘Artagnan: La Última Batalla
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El célebre mosquetero existió en la vida real. Actor Tree Beerbohm interpretándolo. |
Pocas naciones tienen la suerte de honrar a un héroe ligero y humano, capaz de alentar en los peores momentos de crisis la reconciliación entre el amor a la vida y el sacrificio de la vida. Francia le debe a D’Artagnan ser una de esas naciones. Otros personajes han quedado asociados a la soledad del poder y la gloria, pero D’Artagnan encarna las virtudes que todo francés sueña secretamente con poseer: espíritu justo y alerta, compasión hacia los infortunios ajenos, humor para hacer frente a las propias desdichas, entrega a los placeres de la mesa y el buen vino, lealtad y audacia en las lides del amor. Añádase a esta lista intemporal, dos elementos del arte militar del siglo de Luis XIV: la destreza del jinete y la fineza del espadachín. No sorprende por eso que muchos franceses crean que D’Artagnan fue inventado por Alejandro Dumas y que su existencia se limita a brillantes novelas de capa y espada y a innumerables películas. Grande ha sido por eso la sorpresa del probable hallazgo de sus restos, en una modesta iglesia holandesa.
Y sin embargo nada destinaba a Charles de Batz-Castelmore a la vida que le fue dado vivir bajo el nombre de D’Artagnan. Nacido en 1611 en la sureña región de Gascuña, la carrera militar en París se le ofrecía como la única alternativa al limitado horizonte de una familia que, aunque noble, carecía de tierras y de fortuna. La suerte le permitió defender al joven rey durante la Fronda de los príncipes (1648-1653) y contar con su esquiva confianza hasta el final de sus días. Desde entonces se convirtió en escolta del monarca, soldado de operaciones temerarias y hombre de misiones delicadas. En 1661 Luis XIV le encargó la detención y el despiadado encarcelamiento del poderoso ministro de Finanzas Nicolas Fouquet, el primer caso emblemático de lucha del Estado contra la corrupción en su propio seno.
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En 1673 es enviado a participar en el asedio de la ciudad holandesa de Maastricht. El 25 de junio, al frente de sus mosqueteros, ataca las fortificaciones de la ciudad para salvar del fuego enemigo a un compañero de armas, cuando recibe en la cabeza el impacto mortal de un disparo de mosquete. Los testimonios difieren sobre las dificultades para recuperar el cuerpo del héroe caído y desde entonces se multiplicaron los rumores sobre el destino de su cadáver.
Los turistas contemporáneos contemplan su casa en el parisino malecón Voltaire, visitan su museo en Gascuña y admiran las estatuas que mantienen su sonrisa inalterable bajo el bigote fino en ciudades de Francia y Holanda. Su primer biógrafo, el panfletario Courtilz de Sandras, dejó correr la imaginación para crear la leyenda de un héroe sin sepultura. Un siglo y medio más tarde, Dumas imaginó su amistad con Athos, Porthos y Aramis, regida por el sabor de la aventura y una divisa memorable: “Uno para todos, todos para uno”.
El pasado 20 de noviembre, una historiadora especialista en el siglo XVII irrumpió con estrépito en el universo de admiradores del héroe gascón: Odile Bordaz anunció el descubrimiento de la tumba desconocida. Respetada autora de “Por los caminos de D’Artagnan y los mosqueteros” y curadora del Castillo de Vincennes, la historiadora analizó cientos de mapas y documentos de archivos para reconstruir la batalla de Maastricht y establecer el paradero final de los nobles franceses caídos en combate. Para ella, no existen dudas. Los holandeses permitieron su rápida inhumación en la vecina iglesia de la comuna de Wolder, incorporada más tarde a la ciudad de Maastricht. Pero no todos los archivistas coinciden con Odile Bordaz y los más exigentes esperan la apertura de documentos parroquiales que se hallan en la biblioteca del Vaticano. La municipalidad de Maastricht teme que los herederos de D’Artagnan soliciten la exhumación y el traslado de sus restos a Francia. La última palabra puede tenerla el párroco de la iglesia de San Pedro y San Pablo de Wolder, Piet van der Art, quien exige pruebas antes de autorizar que se interrumpa el reposo de los muertos. Al fin y al cabo, el mismo jueves 20, un test ADN permitió confirmar que el cráneo hallado en la catedral polaca de Frombork perteneció al astrónomo Nicolás Copérnico. Aunque no es seguro que lo sucedido con el sabio que retiró a la tierra el carácter de centro del universo, se repita con el temerario gascón que hizo de la lealtad el centro de su vida. (Fernando Carvallo)