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Espectáculo La delgada línea legal entre el animus iocandi y el animus difamandi.

Humoradas Querelladas

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Ebelin Ortiz en Magnolia Merino es Magaly Medina. Sátira se ampara en la ficción para alcanzar réditos: 17, 9 de rating en su estreno.

Un medroso Carlos Álvarez quiso endosar la carta notarial a Palacio de Gobierno. Era un por si acaso. Innecesario, pues nadie podría callarlo a querellazos, como bien argumenta su abogado Luis Lamas Puccio. Mucho menos Rómulo León Alegría, con el lastre de un proceso judicial en el Tercer Juzgado Penal Anticorrupción. El artículo 134 inciso 2 del Código Penal lo subraya con resaltador: ninguna demanda por difamación procede por la vía penal cuando se trata de hechos judicializados.

La defensa se ampara en el mutis: no se mancillan nombres, no son personajes reales. Pero el público no requiere de leguleyadas para entender. En su espectáculo La cumbre inolvidable, Álvarez se limita a utilizar “La Gasolina” como cortina musical de su imitación del Comandante General del Ejército, Edwin Donayre. Denuncia y paráfrasis fueron crédito de La República, pero Álvarez no pasó esa pelota. La carta del general fue mejor recibida que la de León. Álvarez y Donayre conciliaron antes de salir a escena: una canción y ninguna mención al octanaje de una denuncia por presuntas irregularidades en la asignación de 80 mil galones de combustible.


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