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Seguridad La ofensiva militar en el corazón de Sendero fue posible gracias a los apuntes de un “mochilero” de droga caído en enfrentamiento.

Vizcatán: El Rastro de la Libreta

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El intento militar de romperle el espinazo a Sendero Luminoso en el Vizcatán ha seguido el rastro de una libreta de notas incautada a un terrorista que cayó abatido hace más de un año, en setiembre del 2007.

Aquel caído indocumentado fue identificado solamente como “Leo” y sus meticulosos “Apuntes de un combatiente del Ejército Popular” significaron la punta de la madeja que hoy ha permitido, no sin bajas humanas y considerable esfuerzo, irrumpir en el santuario donde los remanentes senderistas se valen del narcotráfico para asegurarse la última de las “zonas liberadas”.

El almirante José Aste Daffos, Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, lo atestiguó a mediodía del pasado jueves 19, cuando arribó al cuartel militar de Pichari, convertido en el centro de operaciones militares del Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro.

La visita del alto oficial tenía el propósito de conocer los primeros resultados de la segunda ofensiva militar en Vizcatán, que se inició hace 15 días.

La primera operación, denominada “Excelencia 777”, empezó el 30 de agosto último y culminó luego de 75 días. Como resultado se logró tomar una franja de 50 kilómetros en ambas márgenes del río Mantaro, comprendida desde el nacimiento del río Ene hasta “Bidón”. Es el territorio considerado la despensa de los recursos económicos de Sendero, controlado por las huestes de Víctor Quispe Palomino, (a) “José”, “Iván” o “Martín”, líder del Comité Regional Centro.

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En el cuartel de Pichari el almirante Aste fue recibido por el general EP Raymundo Flores Cárdenas, Jefe del Comando Especial del VRAE y responsable de la ofensiva militar en Vizcatán, quien dio cuenta sobre los últimos enfrentamientos ocurridos en las inmediaciones de “Bidón” el domingo 16. Cinco suboficiales resultaron heridos durante enfrentamientos en las inmediaciones de un campamento senderista denominado “Cedro”.

En las márgenes del río Mantaro han sido ubicados 10 campamentos de Sendero. La madrugada del mismo 16 en la provincia ayacuchana de Huanta, a donde pertenece una parte del hasta hace poco inexpugnable Vizcatán, un grupo de 15 narcoterroristas atacó a un patrullero de la Policía de Carreteras y abatieron a tres policías (CARETAS 2054). “Esa acción al igual que la Tintaypunco en Tayacaja –la terrible emboscada de Huancavelica donde murieron trece personas en octubre último– son acciones desesperadas de las columnas de “Gabriel y Raúl, quienes aprovechan el descuido de los policías y militares, porque les hemos quitado su mamadera”, asegura el general Flores. Hay que subrayar que el episodio de Tintaypunco, si bien puede estar asociado colateralmente a la campaña de Vizcatán, es bastante lejano a este teatro de operaciones.

De todos modos, hay quienes opinan que la guerra de baja intensidad que se viene librando en el VRAE utiliza una equivocada estrategia al instalar bases militares en la parte baja y a orillas del río Mantaro, sin haber tomado las partes altas de ambos lados, desde donde los francotiradores terroristas tienen a tiro de Máuser a los soldados que se internan en la zona. “Esto está próximo a convertirse en un Vietnam peruano”, comparó el especialista Rubén Vargas de la agencia de noticias Inforegión.

Inteligencia militar tenía en su poder una serie de documentos senderistas que dieron cuenta de cómo funcionaba la organización narcoterrorista en Vizcatán. Una de estas y quizás la mas importante por su contenido era la libreta del mando “Leo”, que fue obtenida en Puriyacu, distrito de Huachocolpa, provincia de Tayacaja en Huancavelica el 10 de setiembre del año pasado, y permitió tomar aerofotografías de Vizcatán e identificar las guaridas camufladas en la espesura de la selva.

“Leo” había caído muerto con otro senderista más. Ambos fueron ubicados en un grupo de 30 “mochileros” que chocaron con una patrulla militar en un camino de herradura que servía como una de las rutas de salida de la droga que procedía de Vizcatán. Además de 79 envoltorios tipo ladrillo de pasta básica de cocaína y pertrechos militares hallaron la libreta.

Allí se daba cuenta de la existencia de 20 campamentos senderistas en las riberas e inmediaciones del río Mantaro. Entre ellos el de “Yuraccyacu”: el cuartel del buscado José Quispe Palomino “José”, protegido día y noche por un pelotón de 15 hombres. “José” disponía además de un campo deportivo y un cómodo local de reuniones.

“Leo” consignó la existencia de dos puestos de control ubicados en Río Seco y Bidón, convertidos en una suerte de “aduanas” del paso de la droga, donde un grupo selecto de 20 senderistas y de absoluta confianza de “José” cobraban un “peaje” de 3 dólares por cada kilo de PBC.

Los senderistas también contaban con un centro de producción de droga ubicado entre Unión Mantaro y “Río Seco”, al cual llamaron “Nazángaro”, donde un grupo de 400 jornaleros y químicos rentados procesaban toneladas de droga para comercializarla a narcotraficantes que acudían a puntos intermedios en la sierra de las provincias vecinas de Ayacucho, Huancavelica y Junín. Fueron encontradas 33 pozas de maceración y algunos hornos microondas, que indican que de allí, además de pasta básica, también ya salía refinado el clorhidrato.

Funcionaba toda una organización casi de hormiga para agenciarse no solo de hojas de coca en los valles del Ene y el Apurímac, sino de insumos químicos que procedían de la costa. Inteligencia militar calcula que los senderistas han dejado de percibir alrededor de US$ 320 mil mensuales como consecuencia de la operación militar que logró instalar 9 Bases de Patrullas Temporales (BPT) y un helipuerto en la cuenca del Mantaro.

“Calculamos que íbamos a perder 20 hombres”, dice fríamente el general Flores. “Pero la suerte nos acompañó. Tuvimos tres bajas y 20 heridos”. Es la primera temporada en el infierno. (Abilio Arroyo)


 


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