Fotografía Rostros del folclore andino en Lima, retratados por Nelly Plaza.
Galería Vernacular
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Padre japonés y madre peruana, Angélica Harada (Áncash, 1938) es "La Princesita de Yungay". |
Quizás anticipando el sino que la sabiduría popular confiere ahora a sus personajes, o tal vez simplemente por una trágica casualidad que poco tiene de esta, y mucho de la vorágine de una capital antropófaga, este año se cumplen veinte desde aquel día en que su voz se apagó bajo el chirrido de un freno inútil. Pero el accidente automovilístico que en 1988 silenció a Ernesto Sánchez Fajardo, no consiguió lo mismo con el recuerdo del “Jilguero del Huascarán”, como fue apodado el cantante de música andina que llegó a Lima a los once años para vérselas con orfandad y pobreza, hasta que a los veinticuatro sonó,
Sin cariño y sin escuela.
No sólo el Jilguero está presente. También Leonor Chávez Rojas, “Flor Pucarina”, quien se despidió prematuramente, a los 52 años, en octubre de 1987, acompañada por miles de personas que lloraban sus canciones, su último canto. Pero la totalidad de imágenes, que conforman una singular antología gráfica de la música folclórica en Lima, están dedicadas a don Zenobio Dagha Sapaico, “Shino”, compositor huancaíno que murió hace unos días, el 13 de noviembre pasado. A él, y “a todos los cantantes, intérpretes y compositores que mantienen viva con su arte a la música andina”, dice Nelly Plaza, autora de las fotografías de la muestra “Fragmentos de una historia: La música andina en Lima”.
No sólo sus retratos, también testimonios de quienes contribuyeron a la valoración de esta música, como del escritor José María Arguedas, están en la exhibición. Que, además, es acompañada por una banda sonora de las principales piezas musicales interpretadas por los homenajeados.