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Urbanismo Español Fernando Palazuelo e infatigable recuperación del Centro Histórico de Lima. Es el turno de la Casa Wiese.

Redescubriendo el Centro

6 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Palazuelo en balcón del antiguo Edificio Atlas, ya recuperado. Al fondo, Casa Wiese e inversión de 1.5 millones de dólares. A la izq., Edificio Núñez (ver flecha). Ya lo tiene en la mira.

Un espejo brillante entre dos moles de concreto, el mar del Callao aparece nítido desde el octavo piso del edificio Sudamericana ubicado frente a la Plaza San Martín. Ver el mar desde el centro de Lima, estando elevados por encima del tráfico y la dejadez, se aparece con visos de revelación mística o, simplemente, de vulgar reverbero. Vale escoger. En todo caso, el horizonte brillante remite al futuro promisorio del desencantado centro histórico de la capital. El edificio Sudamericana es uno de nueve proyectos de rehabilitación integral de la empresa Arte Express y Compañía, propiedad del empresario español Fernando Palazuelo. Este ya supervisa los toques finales de la restauración de la Casa Wiese, ubicada en el cruce de los jirones Carabaya y Miró Quesada, que desde el 28 de noviembre albergará la muestra de adquisiciones de arte contemporáneo del Museo de Arte de Lima, a su vez en remodelación.

Con una biografía improbable que incluye paso por la Legión Española en la década del setenta, Palazuelo ha dedicado su vida y milagros a rescatar del olvido o, lo que es peor, del desinterés, a joyas arquitectónicas alrededor del mundo. Esa es su preocupación, y su negocio desde 1985. Léase: comprar, arreglar, alquilar y vender cuando los precios sean propicios. Sucedió en Madrid, Barcelona, Bilbao y Mallorca, no siempre ausente de conflictos. Sucedió también en Nepal. En total, más de 120 inmuebles recuperados y fechado, el más antiguo, en el año 1000 d. C., correspondiente a una fortaleza musulmana en Palma de Mallorca.

En Lima, ciudad de la impuntualidad, Palazuelo advertiría a su arribo en el 2004 que el deterioro de valiosos edificios históricos sí que aparecía con puntual desdén. Ante tal abandono casi generalizado, Palazuelo traía su receta para contrarrestarlo: en primer lugar, escuchar los edificios, leerlos, percibir lo que tienen que contar.

Las construcciones que restaura, cree, son lugares que, aunque con ánimo moribundo, aún tienen vida. Hay que escucharlos, dice, para enterarse de sus dolencias. Y también de sus tesoros ocultos: detrás de una cubierta corriente, el estucado veneciano; debajo de un falso techo, cielos rasos con elegantes molduras de yeso; tras una pintura anodina, el negrísimo hierro original. Identificar el alma del edificio y protegerla es, también, otro elemento importante de la restauración. En realidad, explica Palazuelo, los edificios antiguos son como mujeres: “sensibles y con necesidad de un cuidado especial, de cariño y poesía”. Tal poesía reconstructiva, sin embargo, el madrileño la lleva a cabo no con ensoñaciones líricas, sino con ímpetu de estratega militar. Como en toda trinchera, asegura, el trabajo debe realizarse día y noche. Y así lo hacen en la Casa Wiese, donde se trabaja las 24 horas del día para cumplir en enero de 2008 con el plazo de entrega a la empresa que ya la alquiló.

¿Y por qué rescatar lo que para muchos debería simplemente replantearse hasta sucumbir al imperio de las lunas espejadas? El empresario lo explica: “Es una obligación de cara a la historia y, por último, la recuperación de un centro histórico es una garantía de éxito económico, de turismo”. Sin embargo, no todos lo han entendido así. Y no por gusto Porras Barrenechea propuso hace ya varias décadas que en los claustros coloniales amenazados por la arrasadora modernidad se agregara entre los rezos matutinos una súplica más: “De los alcaldes, de los terremotos y de los urbanizadores, líbranos Señor”.

Teniendo de vecinos tanto a tiendas de quesos como a la Bolsa de Valores, la Casa Wiese se encuentra en pleno trabajo de restauración. Con una extensión de 1363 m2, el edificio, lugar de nacimiento del emblemático banco del mismo nombre, data de la década de 1920 y ofrece al visitante un estilo neoclásico tardío, con decorados en madera y hierro forjado y una fachada hecha, en parte, de piedra labrada a mano. En su reconstrucción participa mano de obra enteramente local (más de 200 personas), y un jovencísimo equipo de arquitectos peruanos que, en palabras de Palazuelo, “desprecian la corrupción”. Con nueve edificios en recuperación y la Casa Wiese ya completamente alquilada de antemano, el empresario confirma que no se equivocó. Lima, pues, ha ido cumpliendo a cabalidad con tres requisitos indispensables para él: ser una ciudad de larga historia; estar degradada, para que su trabajo tenga sentido; y tener grandes posibilidades de recuperación. Ahora, Palazuelo ya tiene en la mira a la Avenida Tacna, a la que considera, como propuesta arquitectónica, más interesante que los mismísimos Campos Elíseos de París.(Maribel de Paz)

El Plan de Palazuelo

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LA estrategia de Arte Express para el Centro Histórico de Lima está dividida en tres fases. La primera contó con una inversión de 11 millones de dólares e incluyó edificios alrededor de la Bolsa de Valores y de la Plaza San Martín. La segunda fase contempla el trabajo desde esta misma plaza hasta la avenida Tacna y una inversión de 20 millones de dólares. Y la tercera, con una inversión de entre 50 y 100 millones de dólares, contemplaría el jirón Ucayali, el barrio de Monserrate y la devaluada avenida Tacna. En la imagen, sus actuales propiedades, recuperadas o en proceso de serlo: 1) Edificio de la antigua Compañía de Teléfonos; 2) Edificio Italia; 3) Casa Coca; 4) Casa Wiese; 5) Edificio Encarnación; 6) Edificio Minera; 7) Edificio Sudamericana; 8) Edificio Fénix; y 9) Edificio Fénix-Encarnación.

 


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