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Apec 2008 En Lima, líderes de las economías más gravitantes del planeta no encuentran punto de equilibrio. Pero lo intentan.

APEC El Ojo de la Tormenta

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En cinco días, y durante varios encuentros con Alan García, Hu Jintao realizó visita oficial más prolongada de su mandato.

Esta vez el tejano no se perdió en rodeos. Durante el primer “retiro” de los líderes de APEC, celebrado en la mañana del sábado 22, George W. Bush pidió disculpas porque en Estados Unidos no supieron detener la codicia imperante en Wall Street. Así reconocía de alguna manera el rol que su saliente administración ha jugado en la aterradora crisis financiera que marcó todo el conclave del Asia Pacífico en la capital del Perú.

A pesar que varios de los discursos pronunciados en el paralelo encuentro de líderes empresariales (“CEO Summit”) fueron abiertamente críticos con la potencia del norte, a puerta cerrada los presidentes ocultaron los dedos acusadores. En realidad, como anotó un observador, “no hubo voces discrepantes entre los líderes”. Los mandatarios llegaron con posiciones muy encuadradas y puntuales.

Solo al final, en gran medida alentados por Alan García, se soltaron la trenza. Al cierre el peruano arengó a los invitados: “vamos a vencer esta crisis”. Bush saltó como un resorte y masticó en español: “¡Vamos a ganar!”.

La postal surrealista demuestra, hasta a quienes dudan habitualmente de la utilidad de las cumbres internacionales, que el encuentro de APEC en Lima fue de lo más entretenido. La retórica diplomática pasó a segunda fila y, en días en los que la prensa mundial publica obituarios conceptuales casi a diario, podría decirse que la semana pasada vio el fin de los eufemismos.

El presidente mexicano Felipe Calderón, por ejemplo, condenó que, con respecto a las hipotecas tóxicas, “el criterio del banquero se convirtió en el de un carnicero que tiene que colocar toda su mercadería” antes de que termine el día y se eche a perder.

Otros fueron mucho más parcos. El presidente chino Hu Jintao, que permaneció en el Perú cinco días en lo que fue la visita oficial al exterior más larga de su mandato, constituyó el más poderoso ejemplo. La sombra de la Gran Muralla se alargó tanto como el fantasma de la crisis. Y en Lima, como en todas partes, se preguntan si la primera será suficiente para opacar al segundo.

EL PAQUETE de estímulo fiscal chino, de casi US$ 600 mil millones para animar el consumo interno hasta el 2010, es, junto con el rescate de las instituciones bancarias estadounidenses, la medida más representativa para paliar la crisis. Pero ya hay personajes como el influyente economista Stephen Green, basado en China, que dudan de su efectividad. Pretender reemplazar el aliento exportador del dragón con la demanda interna, sostiene, no es más que un “sueño de opio”. El consumo doméstico viene representando cada vez un menor porcentaje del PBI chino.

La revista Foreign Trade citó en su última edición a una fuente peruana que explicaba cómo en las últimas semanas la prensa peruana solo habla del TLC con China e ignora la implementación del acuerdo firmado con Estados Unidos. Ese país “ha desaparecido del mapa. Ahora todo el mundo habla solo de China”.

Algo de cierto puede haber. Pero en APEC los gringos no fueron olvidados.

“Ganar ahora la reelección es como ganarse unas vacaciones en el Caribe en plena temporada de huracanes”, resumió el –recién reelecto– primer ministro canadiense Roy Harper. Describió a EEUU como “nuestro vecino y principal socio, el epicentro del terremoto financiero”. Tampoco tuvo problemas en reconocer la dimensión “colosal” de la crisis. En la coyuntura actual defendió la naturaleza alternativa de su país, una democracia y economía abierta que tiene los añadidos de sólidos sistemas públicos de educación, salud y seguridad social.

El otro vecino de Estados Unidos, el mexicano Calderón, no se guardó las balas. “Esta es la gran crisis”, sentenció. “En 1929 no existían los mercados globales y esa es la gran diferencia”. Ante la alternativa de mirar a Friedman o Keynes, Calderón propuso “recurrir a ambos y a un invitado: el doctor Freud”.

Pocos aludieron con tanta vehemencia al peso del componente psicológico en la crisis como lo hizo Calderón. “No es solamente un problema económico. Tiene que ver con un grave problema de incertidumbre e incredulidad hacia el futuro”. El mandatario mexicano consideró insuficientes las “soluciones técnicas” y abogó por “medidas adaptativas”.

Para transmitir un escenario de futuro, insistió, es necesario “un liderazgo claro e indubitable”. Calderón reclamó el papel que les compete a los políticos cuando lo que está en juego es el vigor de la demanda global. Desde esa perspectiva no se encontraba nada lejano al machacante optimismo exhibido por Alan García. “Ni las bonanzas son para siempre ni las crisis son para siempre”, sotuvo Calderón en lo que fue una frase recurrente entre los jefes de Estado. “En este espacio brumoso del cielo limeño lo importante es saber a dónde se quiere aterrizar y a dónde se quiere llegar”.

La retórica de Calderón no es vana. El índice de la cadena estadounidense ABC sobre confianza del consumidor fue presentado en los últimos días y muestra un nivel de -52, el peor en los 22 años que tienen los sondeos.

Ya hay referentes ídem para la región. La Encuesta Económica de América Latina elaborada por la Fundación Getulio Vargas de Brasil fue revelada el lunes 24 y arrojó que el clima económico de América Latina descendió vertiginosamente entre julio y octubre. En ese lapso cayó de 4.6 puntos a 3.4 puntos. El Índice de Situación Actual (ISA) entró en la zona de evaluación negativa y el de Expectativas marcó su peor nivel histórico desde 1997.

Con todo, el Perú, junto con Uruguay y Brasil, conserva los mejores números. Son los únicos países que “mantienen” su clima económico por encima de 5.

BARACK OBAMA fue uno de los personajes más importantes de la cumbre, aunque no estuviera presente. George W. Bush pronunció un discurso muy similar al que ofreció en el encuentro del G-20, celebrado el fin de semana anterior en Washington. “Los mercados libres ofrecen la oportunidad para innovar y crear, de este modo todos se benefician de ellos. Por esto, nuestros países tienen que mantenerse comprometidos con el libre comercio, ya que los consumidores se benefician por tener más vendedores y mejores precios. Cuando comencé mi mandato, los EEUU tenían solo tres acuerdos comerciales. Hoy, dejamos este gobierno con 14. No hay duda de los beneficios en Asia Pacífico”, dijo el sábado durante su intervención en el CEO Summit.

Obama parece escuchar que aquí también se necesita a Freud, proyectar liderazgo y diariamente va revelando la conformación de su equipo económico con funcionarios experimentados que puedan darles mayor confianza a los mercados. Los medios norteamericanos registraron que, a su regreso de Lima, Bush y Henry Paulson, secretario del Tesoro, anunciaron nuevos programas de créditos casi en solitario, sin la presencia de reporteros. Mientras tanto Obama declaraba con la casa llena sobre las medidas económicas que tomará apenas siente reales en la Casa Blanca.

“Paulson garantizó la elección de Obama”, resumió el economista David Hale en el CEO Summit. “Creo que será recordado como un secretario del tesoro inefectivo e incompetente”.

Pedro Pablo Kuczynski fue de similar opinión. “En retrospectiva, la decisión de no apoyar a Lehman Brothers fue un verdadero desastre”, dijo durante un evento previo al foro organizado por la revista América Economía. “Su balance era casi igual que el de todos los bancos del Brasil juntos”.

John C. Edmonds, profesor de finanzas del Babson College en Boston, coincidió en criticar la “aleatoria” intervención inicial del gobierno estadounidense. “No rescataron a Lehman pero intervinieron tres veces en AIE”.

El recientemente designado premio Nobel de Economía, Paul Krugman, ya había declarado el mes pasado que dejar hundir a Lehman fue “un gran error” que contribuyó a extender el pánico en los mercados.

La lección pareció ser aprendida. Francisco Aristeguieta, presidente del Citigroup en Colombia, lucía en el Miraflores Park Plaza una sonrisa que seguramente se fue diluyendo con el paso de los días.

El gobierno estadounidense anunció el lunes 24 sus planes para rescatar a Citi, la mayor empresa de servicios financieros en el mundo, con US$ 20 mil millones y garantía para otros US$ 306 mil millones en activos de riesgo. El valor de sus acciones se había desplomado.

Como reacción, Dow Jones subió casi 400 puntos y, por primera vez desde finales de octubre, avanzó en dos días consecutivos. Pero la situación todavía es de sustos constantes. La industria automotriz permanece al borde del colapso y se multiplican las voces que demandan su rescate. Detroit es en este caso la ciudad neurálgica y el centro de operaciones de Ford, General Motors y Chrysler. La segunda sostiene que solo si compra la tercera, la más pequeña, podrían salvarse los 145 mil puestos de trabajo que representan las tres compañías (más los casi 700 mil pensionistas). El rescate demandaría US$ 25 mil millones más del gobierno, sumados a una cantidad igual que ya había sido aprobada para modernizar las plantas. Los congresistas republicanos han mostrado oposición. Pero lo más llamativo es que la propia GM habría retrasado la operación debido a la crítica cartera de pasivos de Chrysler.

APEC, mientras tanto, se comprometió a lo posible. En la Declaración final resulta importante el endose de las 21 economías al rol crítico del comercio y, como pasó con el G-20 una semana antes, se comprometieron a no introducir barreras arancelarias en los próximos 12 meses.

En 1929 ocurrió todo lo contrario. Estados Unidos introdujo la enmienda Smoot-Hawly que elevó los aranceles norteamericanos –Fortress America era el lema– y fue respondida por represalias de otros países que a la postre terminaron por arruinar el comercio internacional.

También se instruyó a los ministros de Comercio Exterior para que se reúnan en Ginebra en diciembre próximo con el objeto de destrabar los impasses fundamentalmente agrícolas en Doha. El acuerdo de último minuto arribó luego de la insistencia del australiano Kevin Rudd.

Como ya se veía venir, un imperativo en las conclusiones de APEC estuvo en la necesidad de mayor democracia en los organismos financieros internacionales y en conseguir que las economías emergentes tengan mayor peso.

No hay programa específico, y se trata de un problema complejo, pues tiene que ver con la distribución de derechos de giro, es decir, el número de acciones de los países en dichos organismos. Hay casos paradójicos. Por ejemplo, Bélgica tiene más poder y votos que China.

Por lo pronto, el primer ministro japonés Taro Aso reiteró su oferta de prestarle US$ 100 mil millones al Fondo Monetario Internacional con miras a su recapitalización y también propuso crear un fondo de US$ 3 mil millones, junto con el Banco Mundial, para inyectarles dinero fresco a los bancos asiáticos y latinoamericanos. Esto mereció una mención en el –otra vez– optimista discurso de clausura pronunciado por Alan García.

Aún sonriente también permanecía el ministro de Economía, Luis Valdivieso, que en una pausa le dijo a CARETAS que confiaba en el desempeño de los sectores de construcción y manufactura en los próximos meses. La desaceleración ya detectada en las áreas de textiles y auto-construcción, añadió, todavía no justificaban las medidas de estímulo fiscal que el gobierno peruano se guarda bajo la manga. La crisis se auscultó por todos sus lados en Lima. Y aunque los eufemismos sean cosa del pasado el futuro sigue envuelto en hondo misterio.


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