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Cultural :::: Edgardo Rivera Martínez, primer ganador de El Cuento de las Mil Palabras, presenta nueva novela.

Letras Con Ángel

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Rivera Martínez se encuentra trabajando, a la par, en 2 novelas inconclusas que ha retomado. También ha reeditado, con Alfaguara, A la hora de la tarde y de los juegos.

Este ángel me lo regaló Doris Gibson, cuando gané un concurso hace veinte años. Veintiséis, en realidad, han pasado desde que, en 1982, Edgardo Rivera Martínez (Jauja, 1933) resultara vencedor en la primera edición de El Cuento de las Mil Palabras. “El Ángel de Ocongate” fue la historia que Mario Vargas Llosa y Blanca Varela, entre otros, escogieron como ganadora, y está primera en la antología del concurso que CARETAS publicó este año. El ángel de Doris, por otro lado, se encuentra en una de las paredes de la sala del escritor, elevándose a distancia justa por encima de las cabezas.

Diario de Santa María (Alfaguara, 2008) es la novela recientemente publicada por Rivera Martínez, y la que motiva el encuentro frente al mar, en el departamento del autor.

Portada de Diario de Santa María, en cuyo diseño bastante intervino el autor.

Como en País de Jauja (1993) y Libro del amor y de las profecías (1999), su tierra alberga la historia, que esta vez es de dos muchachas adolescentes, una peruana y la otra francesa, internas en un colegio regentado por monjas: este es, a su vez, escenario para el descubrimiento de la amistad, el amor y el erotismo, en medio del encuentro de dos culturas. “Veo con mucho pesimismo la globalización, el ultraliberalismo, la imposición de los imperialismos. ¿Adónde iremos a dar?”, se pregunta Rivera Martínez. “Me preocupa la pérdida de la fisonomía urbana, por ejemplo: de mi tierra, una modesta ciudad a pesar de haber sido la primera capital del Perú, casi no queda nada”.

Sin embargo, orgulloso desde la tapa misma del libro, en cuyo diseño intervino, no oculta la satisfacción que le produce tenerlo entre las manos. “Me dio mucho gusto escribir esta novela. Me ha procurado horas muy felices. Curiosamente, en mis novelas predomina la alegría, mientras que algunos de mis cuentos son melancólicos. Sí, esa debe ser la diferencia entre ambas escrituras, pero por qué será, yo no lo sé”.

Quién soy sino apagada sombra, en el atrio de una capilla en ruinas, en medio de una puna inmensa. Ciertamente, ese ánimo que atribuye a su producción cuentística se cuela, desde su primera línea, en el texto que envió hace veintiséis años a esta revista. “El Cuento de las Mil Palabras es un desafío”, ha dicho antes Rivera Martínez, “es un arte de síntesis, de concentración, de intensidad”. Tras ganarlo, y quedar finalista en el prestigioso Rómulo Gallegos, decidió no volver a presentarse a ningún otro, aunque ha sido jurado en varios como el Copé o el de la PUCP. A la luz de estos ejemplos, acusa la falta de interés del Estado, que se refleja en la cancelación de los premios nacionales de estímulo a la cultura. Coyuntura en medio de la cual intelectuales como él han sabido continuar con su trabajo. Felizmente. (R.V.)


 


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