Personajes Diseñadora Ester Ventura mostró sus joyas de cumbre en cumbre.
Altura de Ventura
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ALC-UE y muestra a 6 m de altura. Fue felicitada por presidentes como Cristina Kirchner y Rodríguez Zapatero. |
Le tiene miedo, terror, a la palabra coleccionista. Ester Ventura aclara que ella
atesora, eso es lo que hace,
atesora todo aquello que por su textura, olor, forma o color, le produce “una atracción fatal”. Esto le pasaba desde niña, en su natal Argentina. Claro que en esa época no sabía que esas chucherías irían a convertirse, años después, en joyas y otras preciosuras. “Yo busco y encuentro objetos en los que no se repara porque están rotos o viejos, o porque
ya fueron”, explica. “Pero para mí tienen algo”.
Sus colecciones son harto reconocidas. Baste recordar que fueron parte de la inauguración del Museo de la Nación, en el ‘88. Pero sin retroceder mucho, sus diseños han estado en vitrina durante las cumbres que se realizaron este año en el país: tanto en el ALC-UE en mayo, como en el reciente APEC, las joyas de Ventura fueron admiradas por dignatarios y delegaciones, como muestra de arte nacional.
En la primera reunión, Ventura ocupó vitrinas altísimas del Museo de la Nación, que se alzaban a seis metros del suelo: aunque cada uno de los espacios tenía una propuesta de acuerdo al material, la arquitectura interior, explica la artista, pretendía una estilización de andenes. Meses después, durante APEC, Ventura participó en un desfile en la Huaca Huallamarca y además montó una pequeña exposición en el Museo Pedro de Osma. Fue ahí que, por un natural problema de comunicación entre sus ayudantes y las integrantes de las delegaciones asiáticas, estas se llevaban, entendiéndolas como obsequio, las lindas bolsitas de bayeta con que se entregan las joyas compradas.
A la Aventura
Estuvo hace poco en Ayacucho como jurado del Concurso Nacional de Platería. El viaje de regreso lo hizo en un avión chico, de vuelo no muy amable, según explica; como no eran amables las miradas que los otros pasajeros dirigían contra ella y su peso extra: “una cajota cargada de cortezas de Puya de Raimondi y de piedras”, explica Ventura. “Que ahora mismo se están exponiendo en Larcomar”.
Ventura llegó a Perú en el ’74. Estaba de paso, mochileando de país en país hasta llegar a México. Allá la esperaba trabajo en una película: producción y diseño de arte cinematográfico eran su ocupación hasta entonces. Pero una vez llegada a Perú sintió “que algo central en mi vida iba a suceder. Y sucedió”.
Luego de recorrer varias comunidades andinas, dice, se enamoró del país. Probó su amor casándose con un peruano y teniendo tres hijos, uno de ellos adoptado. Aunque viaja a menudo, su taller de Chorrillos funciona desde hace más de una década.
Pero fue en Cusco, donde vivió por muchos años, que su vida terminó de cambiar de rumbo, hace más de dos décadas: tras apasionarse por el arte peruano, contemporáneo y ancestral, descubrió la joyería. “Y el resto de la historia es conocida”. (R.V.)