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Personajes En gira relámpago, Ingrid Betancourt instó a los presidentes sudamericanos a cerrar filas para liberar a 700 rehenes aún secuestrados por las FARC de Colombia.

‘Las FARC Tienen Que Cambiar o Morir’

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Betancourt dijo no guardar rencor, pero reservó duros adjetivos contra las FARC.

Ingrid Betancourt viste un elegante vestido negro, un collar de perlas adorna su fino cuello y palabras dulces brotan de su boca. “América Latina es el continente del amor”, dice. No da muestras de rencor. Pero en la muñeca derecha lleva el trozo de cable con el que las FARC la tuvieron sometida durante casi siete años en la jungla colombiana. El jueves 4 se entrevistó con el presidente Alan García en Palacio de Gobierno. No reveló los pormenores de su conversación con AGP ni con el resto de presidentes de Colombia, Argentina, Chile Brasil, Bolivia y Venezuela con los que se reunió en apenas una semana. Se limitó a señalar que la respuesta de AGP fue “creativa, precisa, enriquecida”. Trascendió, sin embargo, que Betancourt instó a los mandatarios abrir un “espacio de reflexión” para discutir de nuevo el canje de secuestrados. En privado, Betancourt es muy crítica de esa parte de la estrategia del presidente Álvaro Uribe, pues considera que la opción del canje se abandonó por completo. Siente, con cierto remordimiento, que la condición del resto de cautivos puede haber empeorado luego de su espectacular rescate. La heroína reservó duros adjetivos para calificar a las FARC “Son un cartel de la droga”, definió. La liberación de los secuestrados será una tarea compleja, según se desprende de la siguiente entrevista.

–¿Cuál es su apreciación sobre las FARC tras su experiencia y la muerte de ‘Tirofijo’?
–Antes de que me secuestraran yo tenía la visión de unas FARC con un programa y una propuesta ideológica. Pensaba que eran un mal necesario y que de alguna manera su existencia podía generar cambios positivos.
Pero luego de vivir en la intimidad de las FARC estos 7 años de secuestro voy descubriendo la organización y me decepciona. Primero, porque veo que el contenido ideológico es prácticamente inexistente. Están congelados en el tiempo y no aportan nada nuevo. No hay por parte de sus jefes una reflexión política. Lo que hay es un ejercicio de ir a buscar en los anales de la historia títulos de políticas que puedan parecer atractivas y meterlas en un talego. Esa es la propuesta de las FARC.

–¿El nuevo liderazgo de la FARC tiene una actitud distinta frente a la liberación de los secuestrados?
–Es muy difícil decirlo. Esa organización es muy hermética. Lo que sí es seguro es que la organización está decapitada. Ellos tenían un programa de transición. Marulanda en algún momento se moría y habían previsto que lo reemplazara Raúl Reyes y resultó que todo les salió mal. Murió primero Raúl Reyes y después murió Marulanda y les tocó poner a Alfonso Cano, que no era un líder de consenso dentro de la organización. Cano tiene que fortalecer su liderazgo y la única manera es defender a extremos. Hay una agresividad militarista. Están incapacitados de moverse porque están resolviendo un problema interno sobre quién se queda con la jefatura. El problema de los secuestrados en este momento está en stand by.

–¿A qué responde su gira relámpago por América del Sur?
–Es interesante hablar con todos los presidentes posibles en un corto tiempo. Si se hace dilatado en el tiempo no funciona. Se necesita la inmediatez de hablar con todos prácticamente al mismo tiempo para tener la posibilidad de armar algo. También hay que entender que se trata de un proceso de reflexión y la respuesta no la tengo yo sino los presidentes. Lo único que puedo hacer es invitar a una reflexión común, un ejercicio que tiene que ser ante todo humanitario, ni político, ni electoral, pues estamos hablando de personas que necesitan una solución, ¡ya!

–¿Las FARC, debilitadas como están hoy, todavía pueden encontrar una oportunidad en la liberación de los secuestrados?
–Espero que hagan esa reflexión. Este es el año negro de las FARC. Iván Ríos asesinado por su lugarteniente, la operación Emmanuel fracasada, la muerte de Reyes, la muerte de Marulanda, la Operación Jaque, la fuga de Oscar Lescano. Imposible peor. Y quedan con unos secuestrados que llevan 11 años y que no concitan el interés. Y eso es grave. Nadie tiene el interés en mover las cosas en Colombia. Las FARC son una mula de terquedad y se han acostumbrado a legitimar sus errores manteniéndolos en el tiempo. Se quedan ahí estáticos y dicen: llegarán condiciones favorables que demostrarán que el error no era un error. Es una actitud dogmática.

–Si las FARC no liberan a los rehenes antes de las próximas elecciones presidenciales en Colombia, ¿cuál debería ser la actitud del próximo presidente de Colombia y de la comunidad internacional frente a ellas?
–No hay ninguna razón ideológica, ni religiosa, ni cultural, ni económica para justificar el secuestro. ¿Qué les estamos exigiendo para la paz? Les estamos exigiendo que lleguen a hacer política. ¡A unos tipos que no tienen ningún proyecto político, no tienen carisma, no tienen idea de cómo expresarse en público! Los comandantes de las FARC están muy cómodos. Tienen mucha plata y un poder de vida y muerte sobre la población en las zonas donde viven. Tienen artefactos de lujo en la selva: celular, i phone, computador con satélite, grandes motores, carros. Sólo si la vida de ellos en la guerra se vuelve desastrosa, la paz será la mejor opción. Si deciden hacer política, los colombianos deben abrirles los espacios con todas las garantías. Pero lo primero que tienen que hacer es liberar a los secuestrados, porque si no son terroristas.

–¿Cree que las FARC puedan transformarse en un grupo político legal?
–Tienen dos caminos: el primero es el de la estática, que es un abismo donde se van a estrellar porque no representan nada para Colombia, y Colombia no tiene ningún interés en ellos, excepto que desaparezcan. Y esa es la tarea del presidente Uribe que los está confrontando militarmente. O tener una opción política de rectificación y regeneración. Yo no sé si ellos sean capaces de tomar esa decisión, pero sí siento que están en una situación donde tienen que cambiar o morir. (Marco Zileri / María Cervantes)


 


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