Personajes Lo que muchos quisieran hacer con César Hildebrandt casi lo logra Arturo Pacheco Girón en 1971.
Casi lo Suenan
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Endureciendo sus puños ante el entonces novel periodista que había ganado su confianza. |
Arturo Pacheco, fuerza de choque del APRA de aquellos tiempos, irrumpió en un recital poético de Hora Zero organizado por la Asociación Estudiantil José Carlos Mariátegui en la entonces segunda casa aprista: la Universidad Federico Villarreal. Volaron sillas, arengas e insultos. Con golpes y una cabeza rota, Pacheco inauguró una manera heterodoxa de hacer crítica literaria. Ello ocurrió en junio de 1971, y la anécdota derivó en una entrevista de César Hildebrandt publicada en CARETAS 438. En 1971, Pacheco buscó asilo político en la embajada de México tras ser perseguido por organizar un paro general. Terminó su huida en Guatemala, de donde volvió ya bastante flaco y calvo. Nunca pudo acercarse nuevamente al partido para el cual había golpeado tantas cabezas comunistas, y su diezmado Comando Indoamérica jamás se repuso de su ausencia. Asumió brevemente el comando de defensa que acompañaba a Andrés Townsend Ezcurra, pero fue varias veces desautorizado por el mismo. Lo mismo sucedió con Javier Alva Orlandini durante el segundo belaundismo. Pacheco Girón terminó sus días liderando indistintamente invasiones y desalojos de terrenos. Lo asesinaron junto a su familia el 26 de agosto de 1990. Emboscado, acribillado y dinamitado. Hoy, regresa a la memoria a propósito de la reedición de
Cambio de Palabras, libro de entrevistas de Hildebrandt. El ‘Búfalo’ Pacheco, el que desarmaba conciliábulos comunistas a punta de perros y golpes, fue su primer entrevistado. Aquella antológica conversación con el burdo bardo bien podría ser considerada en la tercera edición. Aquí algunos extractos:
–¿Es una organización clandestina?
–Clandestina ya no es porque la conocen todos, ¿no?