Economía Si la crisis pegara en la línea de flotación de la agroexportación, las consecuencias políticas serían imprevisibles.
Portaviones Del Empleo
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Sólo en la planta de acopio y procesamiento laboran 3,500 personas en dos turnos. |
El paquete anticrisis de estímulos fiscales anunciado la semana pasada por el presidente Alan García, no contempló medidas específicas para el sector agroexportación. Sin embargo, sólo la devaluación del euro respecto al dólar castigó severamente los balances de los productores nacionales que trabajan con Europa. CARETAS visitó este fin de semana el complejo agroindustrial de Camposol, en Chavimochic, La Libertad, de lejos el más grande del país, y fenomenal fuente de empleo para una laboriosa muchachada de 10,000 personas.Sábado 13, 3 p.m., desierto de Chavimochic, La Libertad. La brisa acaricia los campos de espárrago que tiñen la pampa de verde y un hangar blanco resplandece bajo el sol. Se trata de la planta de acopio y procesamiento del consorcio agroindustrial Camposol en la Panamericana Norte Km 497.
Poco en el exterior hace imaginar el tráfago que acontece en su interior: miles de personas trabajan, aparentemente, ajenos a la convulsión financiera mundial. Arman largas líneas de producción, por el medio de las cuales corre el espárrago, más fresco que una lechuga, sobre cintas sinfín, camino al frasco.
Camposol es la principal industria agroindustrial del país y una de las más importantes del continente. El 2007 facturó cerca de US$ 130 millones, casi tres veces la facturación de Drokasa en Ica de Pepe Chlimper.
Pero la crisis financiera internacional le pegó en el plexo en el tercer trimestre del año.
El consorcio que lista en la Bolsa de Valores de Oslo, Noruega, reportó pérdidas por US$ 8.2 millones para el periodo julio-septiembre último.
El precio del petróleo llegó a US$ 140 en ese periodo, y la urea se disparó por los cielos, mientras el euro se derrumbó.
“El 90% de las pérdidas es de origen financiero”, precisó Juan José Galiando, gerente general de Camposol. “Pero no hay indicios de una caída en la demanda de nuestros productos”.
Camposol es la principal productora nacional de espárragos blancos y verdes, frescos y congelados, envasados y salpimentados, y se proyecta como el productor Nº 1 de paltas del mundo.
También es gran productor de pimientos, alcachofas y mangos.
En noviembre del 2007, la empresa, fundada por el Grupo Gonzales en 1997, fue adquirida por un consorcio de empresas y fondos de inversión nacionales e internacionales liderados por el peruano Grupo Dyer (28% de las acciones) en unos US$ 180 millones, según información del sector.
La nueva administración mantuvo virtualmente intactos los cuadros gerenciales y anunció un ambicioso programa de inversiones por US$ 36.7 millones para el presente año, fundamentalmente en la expansión de las hectáreas de paltas e infraestructura de riego.
“Se tiene programadas nuevas siembras entre el tercer trimestre del 2008 y el primer trimestre del 2009”, subrayó el último informe financiero de la empresa. “Sin embargo, algunas inversiones no serán culminadas debido a la decisión de la compañía de reservar efectivo hasta que los mercados financieros se estabilicen”.
Camposol tiene 18,000 hectáreas, de las cuales 6,000 has. están bajo producción: 2,945 de espárrago, 981 de palta y 415 de mangos (en Piura), entre otras.
La diversificación productiva del complejo agroindustrial es una de sus fortalezas. El precio del espárrago verde fresco ha caído a US$ 0.40 el kilo, pero el espárrago blanco fresco sigue por encima del punto de equilibrio, mientras la palta fue la estrella de la comarca.
“El balance negativo fue contrarrestado por las ganancias en la palta”, explicó Galindo.
La gigante agroexportadora tiene proyectado aumentar los sembríos de palta hasta 2,000 hectáreas a marzo del 2009 y 4,000 hectáreas a fines del 2010, con lo que Camposol se convertiría, largamente, en el principal productor del planeta.
El fruto de la mayúscula apuesta se cosechará a partir del 2011 y 2012.
“La historia de las recesiones mundiales demuestra que el rubro de alimentos es el menos impacto por las crisis económicas”, dice Samuel Dyer, pressidente del directorio de Camposol. “Simplemente porque la gente no deja de comer”.
El primer impacto de la crisis financiera en el sector agroindustrial corrió como una gota de hiel por Palacio.
Sólo Camposol contrata 10,000 trabajadores, 3,500 en planta, los demás en campo, logística y administración.
En toda la irrigación de Chavimochic la oferta laboral supera las 40,000 personas.
De acuerdo al INEI, la tasa de desempleo es cero en Trujillo e Ica, los dos principales emporios agroindustriales del país, desde hace ya cuatro años.
Según el analista agrario Fernando Cillóniz, la agroindustria peruana genera unos 250,000 empleos anuales.
No es casual que el APRA se impusiera a la propuesta antisistema en las elecciones presidenciales del 2006 precisamente en estas jurisdicciones. Una debacle laboral tendría imprevisibles consecuencias políticas.
Sin embargo, el paquete anticrisis de estímulo fiscal anunciado la semana pasada no contempla medidas específicas para el sector agroexportador.
La irrigación de Chavimochic es un poderoso imán que jala mano de obra de un amplio radio geográfico. “Tenemos gentes de todo el Perú”, describe el ingeniero Julio Arteaga, 48, jefe de producción de la planta, graduado en la Universidad Nacional de Trujillo.
Una encuesta al vuelo entre los trabajadores en Planta lo corrobora.
–¿De dónde es usted?, se le pregunta a una jovencita.
–De Chiclayo, responde sin dejar de pelar espárragos a la velocidad de un rayo.
–¿Y tú?
–De Chimbote.
–¿Y tú?
–De Bagua.
La gran mayoría son jóvenes, hombres y mujeres, no mayores de 23 años.
“Ponemos anuncios en las radios durante semanas enteras para contratar personal”, describe el Dr. Edgardo Huallanca, gerente de Asuntos Humanos de Camposol.
El único requisito laboral es tener DNI y no contar con antecedentes judiciales. El personal es contratado al amparo de la Ley de Régimen Laboral Agrario 27360.
El salario mínimo es de S/. 643 –superior al mínimo urbano– o S/. 21.40 soles por día. Todos los trabajadores están asegurados en EsSalud, pero no reciben gratificación, ni cuentan con estabilidad laboral. Si es despedido se paga medio salario. Los contratos se renuevan anualmente.
“Hay disconformidad en el trabajador”, admite Huallanca.
El 2007, la CGTP estableció una primera base sindical en Camposol y pronto surgieron otras dos independientes. El año pasado, la empresa sufrió su primer paro de 24 horas que paralizó la cosecha. La pérdida diaria fue de US$ 1 millón.
Camposol fue admitida este año como miembro del Pacto Global de las Naciones Unidas que obliga a la empresa a respetar los derechos humanos fundamentales, apoyar la libertad de afiliación y el derecho a la negociación colectiva.
“Debido a la crisis, la empresa ha despedido a una treintena de empleados, pero no va a recortar mano de obra de trabajadores”, dijo Huallanca a CARETAS. “Vamos a renovar el contrato a todos”, aseguró.
El rendimiento laboral en Camposol es estimulado por un complejo sistema de bonos que tienes a miles en la punta de sus pies, bailando por un sueño. El mecanismo de incentivos varía según el producto: blanco o verde, fresco o congelado, grueso o delgado. Y según las funciones desempeñadas: siembra, cosecha, clasificación, pelado, envasado o sellado al vacío.
Y para la nutrida muchachada en labores es evidente que cada penique cuenta. Las manos vuelan como máquinas en las líneas de producción.
En “clasificado” la empresa paga 0.76 céntimos de Sol por jaba repleta. En “pelado” el bono varía en función al diámetro del espárrago. En “campo” la prima para el campeón que rompe la valla de 140 kilos de cosecha al día es 0.32 por kilo extra.
“Así, el ingreso neto de un trabajador promedio varía entre S/. 1,200 y S/. 1,400 mensuales”, describe Huallanca.
La agroindustria es unas de las fuentes de mano de obra más intensivas.
Rechazando las aves de mal agüero, Dyer asegura que la empresa está al día con sus acreedores y tiene US$ 25 millones en caja para encarar la crisis.
Reclama “mayor flexibilidad” al Congreso para que no cambie el régimen laboral. “Se debe considerar que la agroindustria tiene mucho mayor impacto en el empleo que la minería”, dice.
Sugiere al Ejecutivo afinar el régimen de estabilidad jurídica, incrementar el tipo de cambio y aumentar los topes del drawback “para cubrir los próximos dos años que vienen duros”.
“Nos toca enfrentar la crisis en este portaviones”, dice Dyer.
La brisa sobre la pampa de Chavimochic cede paso a la noche. A Planta hace su ingreso el turno nocturno. El complejo industrial trabaja 24 horas. (Marco Zileri)