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Ecología Es uno de los ríos más contaminados del mundo, pero bióloga Anna Zucchetti tiene el plan para revivir al Río Hablador.

El Rímac Tiene Quien le Parle

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“Necesitamos hacer un fideicomiso con recursos de Sedapal y las empresas asentadas en el Rímac para invertir en su recuperación”, propone Zucchetti.

Con las botas bien puestas y actitud de legionario, la bióloga italo-criolla Anna Zucchetti avanza con paso firme por el fangoso cauce del río Rímac. Lucha sin pilum ante la abundancia de zancudos, esquiva el muladar de basura acumulada y no se marea ante los hedores de un río que pareciera no hablar otra cosa sino pestes. Pero por un momento frunce el ceño y expresa contrita: “El Rímac es el ejemplo más patético del descuido por nuestros ríos durante décadas”.

Y es que a lo largo de sus tortuosos 160 kilómetros de recorrido, desde su nacimiento en los nevados de Ticlio, hasta su desembocadura en el mar Pacífico, el río Rímac sufre el vertimiento inmisericorde de desagues domésticos, mineros e industriales hasta convertirlo en uno de los ríos más contaminados del mundo. A pesar de ello, 9 millones de habitantes de Lima dependen de él para proveerse de agua potable.


 


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