Música El nuevo fenómeno Bareto y el negocio de la vieja cumbia peruana.
Llegó el ‘Baretazo’
Cumbia, su último disco, acaba de ser encumbrado por la reciente encuesta electrónica del diario El Comercio como el mejor del 2008 en su categoría. Tal celebridad se la debe a sus versiones de canciones inagotables como “Vacilando con ayahuasca” (1970), “Soy provinciano” (1978), “Llorando se fue” (1984), “El aguajal” (1981) y “Caballo viejo” (1980). Sumándose parabienes, los muchachos de Bareto han sido señalados en todos los balances periodísticos como algunos de los personajes del año que acaba de irse. Mientras tanto, y en el año que ya empezó, el abuelo Wilindoro Cacique –quien aún no se ha muerto– sigue regateando el precio del pasaje en bote allá en la selva.
No se culpe a nadie. La historia de la cumbia peruana sólo refleja las contradicciones nacionales. Los propios Juaneco y su Combo versoneaban “Mujer hilandera” del folclore brasileño. Los muchachos de Bareto cumplen con el pago de los derechos de autor a la Asociación Peruana de Autores y Compositores (Apdayc). Además, le otorgan a Cacique honorarios de 50% más del bolo del músico mejor pagado de la banda cada vez que éste los acompaña en el escenario, según cuenta su manager Rafael Alvarado. La injusticia en este caso es legal: Wilindoro Cacique, vocalista del trío original de 1966 Juaneco y su Combo junto a Noé Fachín y Juan Wong, percibe cero por regalías de canciones como “Ya se ha muerto mi abuelo”, tanto en ejecución pública como en venta discográfica.