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Personajes Los amigos que hizo Roque Gonzales tras salir de la prisión. Pero algunas cosas no cambian.

El Enroque Bolivariano

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Miércoles 13. Roque Gonzales y el ex congresista comunista Gustavo Espinoza conversan en el despacho del parlamentario nacionalista Víctor Mayorga. Ambos son viejos amigos.

Roque Gonzales, de 38 años, acaparó titulares en la prensa, luego de que la Policía le echara el guante junto a seis peruanos en Tumbes, el 1 de febrero pasado. Todos ellos retornaban del II Congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB), realizado en Quito, Ecuador. Fueron acusados de estar vinculados a las FARC colombianas y encarcelados por terrorismo internacional. La supuesta conexión bolivariana-FARC tuvo una importante cobertura en la prensa.

Posteriormente, los detenidos de Tumbes fueron recuperando su libertad por falta de pruebas. Roque fue el último en ser excarcelado. Pasó 10 meses en el penal Miguel Castro Castro. Salió el 18 de diciembre pasado.

Era la segunda vez que pisaba la cárcel. El 16 de junio de 1996, Roque fue acusado de participar en el secuestro del empresario boliviano Samuel Doria, el 1 de noviembre de 1995. El MRTA secuestró a Doria en La Paz y, tras una negociación que duró 45 días, lo liberó previo pago de un rescate de US$ 5 millones. El negociador de los emerretistas fue Néstor Cerpa Cartolini. Según la Policía, en los interrogatorios a los que fue sometido, Roque Gonzales admitió haber participado en el plagio del empresario. Fue condenado a 11 años de prisión en 1996. Recuperó su libertad en el 2006.

Ahora Roque retorna con un nuevo discurso. Repite la posición de Víctor Polay de rechazo a una aventura de lucha armada en el país, pero califica de una lamentable necesidad los secuestros políticos del MRTA. En sus propios textos publicados en prensa, por cierto, se refiere a estos plagios apenas como “retenciones”. Del mismo modo, simpatiza abiertamente con las FARC, un grupo guerrillero que continúa ejecutando crueles secuestros que se prolongan durante largos años.

CARETAS lo entrevistó la semana pasada en su casa de San Martín de Porres y frente a un retrato del ‘Che Guevara’. La segunda parte de la entrevista se realizó en una oficina congresal, a donde llegó para buscar al nacionalista Víctor Mayorga. Allí se encontró con un viejo conocido, el ex parlamentario comunista Gustavo Espinoza, hoy asesor de Mayorga.

–Entrevistado por César Hildebrandt usted dijo que el secuestro del empresario boliviano Samuel Doria, en 1985, fue una necesidad política. ¿Sigue pensando lo mismo?
–Pienso que los secuestros políticos que ocurrieron en América Latina hace 40 años fueron una lamentable necesidad a la que apelaron las organizaciones armadas para solucionar sus necesidades de autofinanciamiento, difusión y propaganda.

–Según la Policía, usted participó en ese secuestro.
–Fui procesado y sentenciado por un tribunal civil sin rostro a 11 años de prisión en 1996. Salí después de nueve años, luego de recorrer las prisiones de Canto Grande en Lima, Yanamayo en Puno y Cachiche en Ica. Me acusaron de pertenecer a una estructura especial del MRTA. Pero ese episodio pertenece al pasado, del cual no quiero ahondar mucho.

–¿Hay condiciones para una ola de secuestros políticos en nuestro país?
–Definitivamente no.

-¿Por qué?
–La humanidad en estas últimas décadas ha logrado mayores avances y conquistas en materia de libertades democráticas y derechos humanos. El día de hoy este tipo de secuestros lo vemos como un lamentable recurso antihumanitario, cruel.

–¿Cual es la relación de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB) con las FARC?
–La vinculación que se establece de la CCB con las FARC es una cuestión aparatosa y mediática en la medida en que la página Web de la CCB hay un link hacia las páginas de la Web de las FARC, así como los hay de otros movimientos internacionales de izquierda. Lo que sí es cierto y lo reconozco es que hay capítulos de la CCB en América Latina, como los capítulos boliviano, ecuatoriano, venezolano y peruano, que tienen una línea de trabajo específico para el tema del conflicto interno colombiano.

–En la computadora de ‘Raúl Reyes’ encontraron comunicaciones internas del secretariado de esta guerrilla colombiana donde se le menciona como uno de sus representantes en Perú. ¿Es cierto esto?
–En ningún país se ha tomado en cuenta las computadoras como una fuente judicial válida y seria. Lo que conozco de esas comunicaciones es una en que mencionan a los responsables de las CCBs en los países latinoamericanos, entre ellos estoy yo. Es una constatación de los líderes de la CCB. Mencionan a Isa Conde y a Amílcar Figueroa.

–Amílcar Figueroa, alias ‘Tino’, operaba para las FARC.
–Según una vez más las computadoras de Reyes…

–¿Hay un acercamiento de las FARC con lo que queda de Sendero?
–En principio las FARC, con 50 años en la insurgencia, son un fenómeno masivo y socialmente legítimo en Colombia. Cuentan con una influencia social enorme y con una capacidad de hombres y armas movilizadas, sumamente inexplicable solo para un tema de la droga. Sendero es una marginal y focalizada popularmente ilegitima por un lado. Ideológicamente entre las FARC y SL no hay puntos de encuentro.

–Pero en el Congreso de la CCB en Quito, participaron voceros de SL
–Esa versión es falsa. Las banderolas expuestas con el símbolo de la hoz y el martillo, son de los partidos comunistas de distintos países.

-¿Va a seguir en la actividad política?
–Sí. Voy a reincorporarme.

-¿En Patria Libre?
–No necesariamente. Intentaré integrarme al movimiento de las organizaciones sociales y de izquierda para impulsar un bloque que aglutine a todas las fuerzas políticas que tengan la madurez de plantear una alternativa realista ante el neoliberalismo.

–¿Y en este bloque popular estaría el partido de Ollanta Humala?
–Desde luego.

–¿Cual es su trayectoria política?
–Fui aprista desde muy niño por influencia de mis padres que fueron militantes de base en Comas. En 1992 me desempeñé como dirigente nacional de la juventud aprista y compartí jornadas de lucha contra la dictadura de Fujimori con Aurelio Pastor, Javier Barrera (Viceministro de Trabajo) y Nidia Vílchez, actual Ministra de Vivienda.

–¿Cómo fue su militancia aprista y por qué salió?
–Formamos un sector de izquierda de la juventud aprista, con una tendencia crítica al primer gobierno de Alan García. Se constituyó una corriente renovadora de jóvenes de izquierda y con el golpe del 5 de abril de Fujimori, este sector juvenil se planteó una disyuntiva de continuar con una lucha puramente institucional. En ese entonces se vivía el mayor auge de las acciones del MRTA y muchos jóvenes empezamos acercarnos a la opción del MRTA desde el APRA.

–¿Qué rol cumplió en esto Víctor Polay?
–Él en ese entonces ya estaba en prisión. Sin embargo, como cualquier dirigente revolucionario supongo que vio con simpatía nuestra inclusión en el MRTA. La propuesta del MRTA antes de las acciones y los atentados, planteaba una propuesta política de proyecto nacional revolucionario, que quedó oscurecido por las acciones, que en cierta medida compartía toda la izquierda.

–El premier Yehude Simon ha puesto la mano al fuego por los dirigentes gremiales y de izquierda que vienen siendo investigados por la fiscalía. ¿Cuál es su apreciación?
–Es ridículo. Si un premier está convencido que hay una situación irregular e injusta y arbitraria, la conducta natural no es actuar como testigo, sino renunciar. Yo tomaría con pinzas esa versión. Desconfío mucho de la coherencia política de Yehude Simon.

–¿Por qué?
–No es el mejor de los ejemplos de reinserción política. Porque los que estuvimos en prisión tenemos que tener un hilo de continuidad y coherencia con nuestras acciones del pasado y presentes.

–¿Él perteneció al MRTA?
–Desconozco. Fue responsable de Patria Libre, como una fuerza política del pueblo. Sin embargo la dureza del régimen carcelario, más que una u otra influencia de carácter doctrinario, terminó con lo que él es ahora, enfeudado al pragmatismo aprista. (Abilio Arroyo).


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