miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2062

22/Ene/2009
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre SociedadVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Nicholas Asheshov
Sólo para usuarios suscritos Alfredo
Sólo para usuarios suscritos Luis Freire
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Francisco Lora es atravesado de lado a lado por macizo tubo de acero y vive para contarlo.

Milagro Médico

2 imágenes disponibles FOTOS 

Ver galería

Lora en plena emergencia. Mientras estabilizaban sus signos vitales, el personal médico sostenía el pesado tubo para que no causara más daño.

Para el doctor Héctor Van Dyck Arbulú, cirujano especialista en tórax y corazón, que Francisco Lora, de 24 años, esté vivo, es un milagro. “Alguien más ayudó aquí, una fuerza más poderosa que ha permitido que el chico siga vivo”.

Todo comenzó el miércoles 17 de diciembre pasado cuando el protagonista de este caso, un joven de 24 años dedicado al marketing promocional, se dirigía a las playas del sur junto a sus amigos Alex Gonzales y Carlos Castagnola.

Eran casi las 5 de la tarde y el auto Citroen rodaba por la Panamericana Sur. Francisco conversaba alegremente con Alex al volante, sobre el negocio que concretarían con una conocida discoteca del balneario mientras Castagnola dormitaba en el asiento posterior.

De pronto, un pesado tubo de 1.20 metros de largo atravesó con la velocidad de un misil el parabrisas del auto, golpeó a Alex Gonzales en la cabeza y atravesó de lado a lado a Francisco Lora, a la altura del pecho, dejándolo incrustado entre el timón y la puerta lateral derecha del auto.

“El jefe de guardia de la clínica me llamó de urgencia. Me explicó el caso, pero cuando llegué la escena fue impactante. En todos mis años de experiencia jamás había visto nada semejante”, relata el doctor Van Dyck, director médico del Centro de Diagnóstico y Terapia del Corazón de la Clínica Maison de Santé de Surco.

Lora yacía en estado de shock hipovolémico en la unidad de Trauma y Shock de la clínica, atravesado por el tubo que no era otra cosa que el oxidado cardan de un auto. Los emergencistas hacían todo lo posible por estabilizar sus signos vitales y controlar las múltiples hemorragias.

Ubicada estratégicamente en la avenida Benavides, la Maison de Santé o clínica de la Sociedad Francesa de Beneficencia, es receptora de la mayoría de las víctimas de los accidentes de tránsito que se producen en la Panamericana Sur y zonas aledañas.

“Hace poco recibimos a 49 personas en un período de dos horas por un accidente en la carretera. Nos hemos dedicado a perfeccionar el sistema de emergencia así como la unidad de trauma shock con el personal y el equipamiento necesario, porque manejamos casos del SOAT ya casi en forma regular”, explica el doctor Rodrigo Guzmán Zegarra, gerente médico general.

Fue así como Lora llegó a la clínica. “Inicialmente llamamos al personal de mantenimiento para que con sopletes cortara el tubo, pero fue imposible, era de acero. Tampoco lo podíamos retirar porque no sabíamos que órganos estaban dañados y el paciente se podía desangrar”, explica Van Dyck.

En estos casos el protocolo quirúrgico señala hacer una incisión paralela al objeto penetrante y observar los daños por dentro (ver dibujo). Así, semisentado en una silla y con el tubo a cuestas, Lora fue trasladado, con la intervención de unas 20 personas, hasta el quirófano en el cuarto piso. Allí el equipo médico le practicó una toracotomía de emergencia que duró cuatro horas.

El delicado procedimiento, que es realizado solo por cirujanos muy experimentados, permitió cerrar los vasos sangrantes, retirar todos los fragmentos de huesos rotos, proteger el pulmón, afrontar la pérdida de músculo, retirar finalmente el tubo y limpiar la herida.

“Salimos satisfechos de la cirugía, pero nuestra principal preocupación era el posoperatorio. El fierro oxidado podía causar una sepsis generalizada y matar al paciente”. Utilizando antibióticos potentes y de amplio espectro además de lavados profusos de la herida el equipo médico controló una infección severa que es mortal si se presenta en las primeras 72 horas.

Volver a nacer

“No recuerdo absolutamente nada del accidente. Estuve atravesado de lado a lado, pero gracias a los doctores y a Dios mi recuperación ha sido bastante buena y rápida. He vuelto a nacer y ahora sólo pienso en salir adelante y recuperar el movimiento del brazo”, dice Francisco Lora.

Alex Gonzales, sigue aún en estado delicado y Carlos Castagnola, que reaccionó rápidamente frenando el auto que zigzagueaba peligrosamente, viene recibiendo apoyo psicológico.

A esta increíble historia se añade el hecho que hasta el momento no se ha determinado de dónde salió el tubo que causó tamaña tragedia. La policía sospecha que formaba parte de la carga de un camión desconocido que transitaba por el puente Alipio Ponce y que habría resbalado hacia la Panamericana hasta incrustarse en el auto de los jóvenes.

Francisco Lora fue dado de alta el viernes 16, luego de un mes de hospitalización en el que permaneció inconsciente e intubado durante 7 días en la unidad de cuidados intensivos, perdió cuatro costillas, todo el omóplato, sufrió laceraciones en el lóbulo superior del pulmón derecho y pérdida de masa muscular, para no hablar del daño psicológico y sin que su familia reciba hasta ahora el alivio de la justicia a tanta angustia. (Ruth Lozada)


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista