Internacional El nuevo presidente estadounidense asume su mandato mientras el desempleo se dispara y los grandes bancos de su país se desploman.
Contra el Reloj
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Criticó los “dogmas desgastados que por mucho tiempo han estrangulado la política”. |
Si la voz y el estilo fueran suficientes, Aretha Franklin lidiaba solita con la recesión, el descalabro financiero y el desplome de las bolsas mundiales. La reina del soul, con 66 años y sus kilos de más, hubiera sacado a Washington del crudo frío para trasladarlo a un verano de la década del 60, los años de su propia explosión musical y de aquellos valores que Barack Obama, el nuevo presidente de Estados Unidos, parece empeñado en rescatar.
Pero a pesar del optimismo respirado entre el mar humano y la emoción del momento, Nueva York recibía al primer mandatario negro de ese país con los peores números de un día de inauguración presidencial en los 124 años de existencia del índice bursátil. Wall Street cayó 4% y el impulso de Obama no bastó para contrarrestar el rebote de las islas británicas. Allí y en otros puntos del viejo continente ya se discute abiertamente la posibilidad de estatizar los bancos, incapaces de levantar cabeza.
Los cuatro más grandes de Estados Unidos, por su parte, han visto sus acciones desplomarse entre el 43% y el 64% desde los primeros días de este año: Wells Fargo, Bank of America, J.P. Morgan Chase y Citigroup.
Peor todavía, Obama también es recibido por desoladores números de desempleo.
“Al mirarlo”, dijo a CARETAS desde Washington Michael Shifter del Diálogo Interamericano, “me llamó la atención porque parecía tener el peso del mundo sobre sus hombros”.
Si la carátula de esta edición es un indicativo, el partido que jugará el nuevo presidente de Estados Unidos tendrá, precisamente, la Economía del planeta en juego.
SHIFTER CALIFICA EL DISCURSO como “bastante sobrio y serio. Creo que Obama era muy consciente de las expectativas y usó el lenguaje para dejar en claro que estamos en momentos muy duros y difíciles”. El analista encuentra digno de destacar que, por ejemplo, a diferencia de la intervención de George W. Bush luego del 11 de setiembre, Obama “apeló a la gente para que forme parte de la respuesta a la crisis y asuma su carga de responsabilidad”.
Shifter detectó dardos no solamente dirigidos a Bush, sino también a administraciones como la de Ronald Reagan, quien decía que el gobierno no era parte de la solución sino del problema. Obama, en cambio, criticó los “dogmas desgastados que por mucho tiempo han estrangulado la política”. En uno de los pasajes del discurso aclaró que “la pregunta que nos hacemos hoy no es si el gobierno es muy grande o muy pequeño, sino si es que funciona, si es que ayuda a las familias a encontrar trabajos decentemente remunerados, salud que puedan pagar, un retiro digno. Cuando la respuesta sea positiva, seguiremos adelante. Cuando la respuesta sea negativa, los programas terminarán”.
Como era de esperarse, la sombra de John Milton Keynes se dejó ver en partes importantes del discurso. “Si no hay un ojo vigilante el mercado puede salirse de control”, remarcó el presidente (el término exacto fue “spin out of control”, algo así como salirse de madre). También denostó la “codicia e irresponsabilidad de algunos” que terminó en la actual crisis económica. Neoliberales aquí, Neocons allá.
UN KEYNESIANO DE PURA CEPA, el premio Nobel de Economía Paul Krugman, publicó en la revista Rolling Stone una extensa carta abierta a Obama. Advierte que el año pasado se perdieron dos millones de empleos y ahora desaparecen al ritmo de medio millón por mes. Calcula que a fines del 2009 el desempleo podría ser de alrededor del 9% y si se le añade el subempleo marcaría aproximadamente el 15%.
“Pronto enfrentaremos una catástrofe nacional”, preconiza Krugman. “Y es su trabajo –un trabajo que ningún otro presidente ha tenido que hacer desde la Segunda Guerra Mundial– evitarla”.
Sostiene que, desde entonces, la Reserva Federal sorteó los temporales y provocó las bonanzas con la muñeca atenta a dos variables: la emisión de dinero y las tasas de interés. Hoy puede continuar haciendo funcionar la maquinita pero, aún con las tasas de interés en el subsuelo, no es capaz de estimular el crédito y el consumo. La pelota la tiene el gobierno y el Nobel receta:
- Asistir a los bancos pero comprometerlos a que los flujos de crédito hacia el ciudadano vuelvan a abrirse. Lo último ha sido desatendido por Bush.
- No preocuparse por el déficit y sacar adelante programas de creación de empleo lo suficientemente ambiciosos. Algo que Roosevelt, a pesar de otros éxitos, no logró. Hoy el economista calcula que a la tarea no se le puede destinar menos de US$ 500,00 millones anuales.
- Advierte que los programas de infraestructura que se encuentran listos para arrancar de inmediato no superan los US$ 150,000 millones. Esto obligará a ser “creativos” e impulsar nuevas obras asociadas a Internet y la salud. También a implementar más programas sociales que vayan directo a la vena de las clases más pobres y vulnerables.
- Pasado el primer año –que podrá considerarse un éxito si el desempleo se mantiene tras la raya del 8%– la prioridad central deberá ser el impulso de energías alternativas y el seguro de salud universal. Ambas, con la salida de las tropas de Irak, fueron piedras angulares en el discurso. “Proveer de cobertura para todos los estadounidenses puede ser para su administración lo que la Seguridad Social significó para el New Deal”, compara el economista.
KRUGMAN CALCULA que los esfuerzos consumirán un billón de dólares durante el período de Obama. “Pero Bush gastó al menos el doble con la guerra en Irak y los innecesarios recortes a los impuestos de los ricos”.
Shifter anota que los demócratas de línea dura se inclinan por reinstalar esos impuestos. Pero el nuevo mandatario, explica Shifter, no piensa igual. “Es un punto muy claro de diferencia con su partido”. Es más, “en su paquete de estímulos tiene un monto muy significativo para reducir impuestos”. Su esfuerzo por apelar a los republicanos no se agota allí. Una de sus urgencias es acelerarles la luz verde en el Congreso a los millonarios estímulos requeridos por la Economía. Y los republicanos no parecen tan apurados. Según el último reporte de RGE Monitor, el paquete de estímulo de US$ 800,000 millones, repartidos entre el 2009 y el 2010, tendría que ser aprobado a más tardar en febrero.
Pero Shifter advierte que “si encuentra problemas para imponer su agenda en el Capitolio, no me sorprendería si aprovecha la capacidad que tiene para movilizar a la gente y presionar a los legisladores porque ese es su fuerte”. Su movimiento es en verdad nacional y suprapartidario. “La gravedad de la situación le permite obtener apoyo porque no hay otras opciones”, concluye Shifter. “Sin arreglar la Economía no va a poder hacer nada”.
Diego García Sayán
La columna vertebral: el cambio. Expresado en la economía, el papel del Estado y las relaciones con el mundo. En lo primero, destacable el énfasis en que se requiere “nuevas bases para el crecimiento”: inversión en infraestructura, tecnología y energía limpia. En cuanto al Estado, el pragmatismo. De lado queda el dogma de “achicar” el Estado a cualquier precio.
Clave es la visión del mundo. No opone los derechos humanos y el respeto al Estado de Derecho a la seguridad. El “todo vale” de Bush no sólo fue el marco para graves violaciones a los derechos fundamentales sino que dejó el mundo más inseguro que antes. Ahora Obama dice que la seguridad global no emana sólo de los tanques y misiles sino de la justicia de la causa de los ideales y de la fuerza del ejemplo. Punto para Obama.
Fundamental: una nueva “era de responsabilidad” marcada por el diálogo y no por la imposición. Optimistamente se podría decir que ese marco es el que podría hacer factible, por ejemplo, el “acuerdo de paz justo y duradero” en el medio oriente del que habló Hillary Clinton en días pasados.
Javier Pérez de Cuellar
El hermoso discurso en el estilo de Roosevelt fue una continuación de su campaña electoral. Hay demasiadas promesas pero nada tan concreto como darnos una idea de cuáles van a ser las grandes líneas. Ha despertado tantas esperanzas que le va resultar una tarea muy difícil. En materia internacional, ojala que la señora Hillary Clinton sea una excelente Secretaria de Estado, como lo fue Condoleezza Rice. A pesar de ser republicana fue muy efectiva y será un referente. Esperamos una verdadera apertura hacia América Latina, que vaya más allá de las dificultades que puedan crearle a EE.UU. tanto como Cuba como Venezuela.
La relación de EE.UU. con las Naciones Unidas debería ser de mayor colaboración. Hablo a partir de mi experiencia de secretario general durante diez años. Si bien los miembros del Consejo de Seguridad apoyan al secretario, no es en la forma deseable para que él pueda tomar mayores iniciativas en la solución de los conflictos internacionales”.
Por Dios y Por América
Palabras más, palabras menos.Dos discursos realmente emblemáticos precedieron al de Obama y ambos fueron más cortos.
Cuando Franklin Delano Roosevelt proclamó en 1933 que “lo único que hay que temer es al temor en sí”, su prédica completa fue de 1,883 palabras.
Cuando John Kennedy galvanizó a su país en 1961 al arrancar su discurso anunciando que “la antorcha ha pasado a una nueva generación de estadounidenses”, lo dijo todo en 1,355 palabras.
El discurso de Hussein Barack Obama este 20 de enero fue de 2,600 palabras. Comenzó diciendo “aquí estoy, humilde ante la tarea ante nosotros”. Dijo “Nación” 15 veces; “América”, 9; y pueblo y mundo, 7 veces cada una.
En el pasado, por cierto, los hubo más extensos. (El de W.H. Harrison de 1841 fue de 8,445 palabras). Y también mas cortos. Al asumir el mando por segunda vez en 1793 George Washington dijo solo 135 palabras. El discurso de Teddy Roosevelt en 1905 fue de 985 palabras y el último de F.D. Roosevelt en 1945 de 559. William Henry Harrison dijo 8,445 palabras el 4 de marzo de 1841, en lo que ha sido el discurso inaugural más largo. En contraste, solo gobernó 31 días.