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Personajes Jorge Lanata, divo del periodismo argentino, hace de la revista musical un género periodístico.

Entre Plumas y Corruptelas

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Jorge Lanata flanqueado por la cantante Cecilia Milone y la primera vedette Ximena Capristo. La revista está dividida en secciones como las de un diario.

Las colas argentinas son memorables. Largas filas en los bancos en tiempos del corralito. Numerosos porteños agolpados en el Microcentro o La City financiera de la capital. Esta vez, decenas de señores y señoras que dan la vuelta a la cuadra 4 de Esmeralda hasta llegar a Corrientes, avenida que acoge a los teatros más concurridos de Buenos Aires. La hilera es para ver a Jorge Lanata, chúcaro director del diario Crítica de la Argentina y plato de fondo de La Rotativa 2009.

La Rotativa es quizá la única revista musical que combina vedetismo con periodismo, alternando los destapes del propio Lanata con los de Ximena Capristo, lideresa de opinión en un tema aún más resbaloso que la política porteña: el baile del caño. La cola también es por ella.

Lanata tiene experiencia con las revistas. Colaboró desde los 14 años con Siete Días y el magacín de Clarín. Luego escribió para Humor, El Porteño y El Periodista. Finalmente, fundó Veintiuno, Veintidós, Veintitrés, EGO y Página/30. A eso se le suma un trajinado currículum de cinco programas televisivos, cuatro de radio, dos documentales (Deuda, Los últimos días del Che) , dos novelas, un libro de cuentos, tres libros periodísticos, un vídeo clip ( “La Argentinidad al Palo” ), una compilación (El Nuevo Periodismo, 1987), un cameo en un video de Andrés Calamaro (“Carnaval de Brasil”), una corresponsalía de guerra en Franja de Gaza, un diario fundado a los 26 años (Página/12) y un último libro: sus memorias. Hora 25 (Alfaguara, 2008) acaba de llegar al mercado peruano. En Argentina fue bien recibido, sin prensa ni lanzamiento de por medio. “Que el libro se defienda solo” es el argumento de un Lanata consciente de los anticuerpos que despierta su continua fundación y fundición de medios en lo que él llama el microclima periodístico. “Hacer prensa sería exponerse en torno a un libro que ya es en sí mismo una exposición”, se convence el periodista, quien reconoce a éste como su libro más querido.

El mentado microclima también ha denostado su aparición en las tablas. “Me putearon. Dijeron que iba a perder credibilidad, pero eso es una tontería”, piensa en voz alta. “La gente no es tonta: sabe que puedo bajarme un ministro y, simultáneamente, hacer una humorada en el teatro”. A sus 48 años, Lanata se muestra ante el público como siempre: cigarrillo en mano y reloj de pulsera en la muñeca. “Han querido censurarme el tabaco, lo cual es una tontería. También auspiciarme con relojes: otra tontería”. Su gusto por los relojes de pulsera es una debilidad frívola que reconoce, pero que alguna vez le ha servido para algo más serio, como pagarle la planilla a su equipo (vendió 40 para ello). No sólo le critican sus sensualidades, sino también sus vicios. El tabaco y las grasas, principalmente. Él lo toma como una forma de mantenerse fiel a sus elecciones. “El periodismo no ha dejado de ser romántico”, cuenta cigarrillo en mano. “Es romántica la idea de ver a un tipo a altas horas de la noche trabajando en una oficina, mientras todo el resto del edificio está a oscuras”. De inmediato Lanata se sacude la gravedad. Sabe que puede agitar la cazuela y no tomarse tan en serio. El reto es conciliar el bótox de la Kirchner con las siliconas de la Capristo. No fuerza el humor. Basta con llevar cada noche la portada recién armada de Crítica. De la redacción al Teatro Maipú, a sólo unas cuadras de distancia. Del diario a la revista. Allí se acicala, bebe un vaso de agua y enciende ventiladores y micros. Y habla. Porque Lanata habla como Cecilia Milone canta tangos y boleros. O mejor. A su lado están las muchas caras del actor Jean Françoise Casanova y, antes, el pop andrógino de Miranda. La inspiración del periodista yace en los recuerdos de monólogos de actualidad a cargo de dramaturgos como Enrique Santos Discépolo y hombres de teatro como Florencio Parravicini. Por eso sus textos cruzan historia argentina con los terrenos de los Kirchner en El Calafate (región de la Patagonia). Es decir, pasado con presente.

–¿Qué diagnóstico del kirchnerismo le daría a un visitante de paso por el teatro?
–Lo que me molesta en líneas generales de este gobierno es su doble discurso. Hablan como si gobernaran desde la izquierda cuando en realidad lo hacen desde la derecha. Es hipócrita que esta pareja (los Kirchner) critique a Menem cuando están pagando US$ 26 mil millones de deuda externa en cinco años.

–¿Es el mentado estrabismo ideológico de Kirchner?
–Lo más gracioso es que periodistas como José Pablo Feinmann –quien está muy cerca al gobierno– hablan de eso como una virtud. Los Kirchner reivindican la generación del setenta, pero a la vez llevan un gobierno con mucho clientelismo y corrupción. Mientras tanto, mucha prensa como el Grupo Clarín agradece los grandes favores que le ha hecho el gobierno, como por ejemplo el último decreto firmado por Néstor Kirchner para permitir la fusión de CableVisión y Multicanal. El 80% del mercado del cable en manos de una sola empresa.

–¿Cuántas presiones ha recibido para no sacar Crítica?
–Muchísimas. El gobierno ha querido evitar todos los auspicios. El 2 de marzo cumplimos un año y me sigue pareciendo una locura. Martín (Caparrós) ya no está como subdirector debido a su agenda de viajes, pero sigue colaborando. ¿Sabes? Estoy acostumbrado a las presiones. A Página/12 le pusieron cinco bombas. La última no explotó porque estaba defectuosa; seguramente era argentina. Presiones sí, pero nunca me ofrecieron una coima. Saben que no la voy a aceptar. Mi fantasía es poder irme cuando me dé la gana. Irme en el corte de un programa de televisión, por ejemplo. Eso me da aplomo: la confianza de saber que puedo mandar todo a la mierda.

–¿Por qué se ha generado tantos anticuerpos? ¿Quizá porque habla mucho de sí mismo, como cuenta en su libro?
–Fundé Página/12 a los 26 años, y eso es algo que muchos no me perdonan. Y mi viejo no era el dueño, así que no fui otro Bartolomé Mitre (periodista del 1800). El ego es un tema difícil para mí, porque todos dicen que lo tengo muy grande pero yo no lo veo. Tampoco sé si está mal. El problema sería no enorgullecerse de uno mismo.

–En Hora 25 habla de sus muchas pérdidas y rupturas. El colegio, la carrera, la primera esposa… ¿Son un daño colateral del periodismo?
–No lo creo. El periodismo me dio muchísimo. Viajé, leí y viví cosas que jamás hubiera podido haber experimentado. No olvides que fui un chico de provincia, de esos que se visten para ir al centro. Yo nunca quise cambiar al mundo: quise simplemente entrar al mundo. Mis rupturas fueron elecciones. El periodismo no me quitó: me dio. Pero claro, finalmente el papel sirve para limpiarte el culo.

–¿La enfermedad de su madre (meningioma) tiene que ver con su forma de entender el periodismo?
–Soy periodista porque hay cosas que pasan que me enojan, y creo que hay que decir. Y sí, a veces pienso que el hecho de que mi madre no pueda articular palabras me empujó un poco a trabajar con ellas. Ella me ha enseñado que las palabras no son siempre necesarias para expresarse. (Carlos Cabanillas)

Lanata Dixit


- "El plan B de Cristina Kirchner es en realidad el plan bótox".

- "(Ray) Bradbury tiene razón: la gente no habla de nada".

- "Una entrevista es un uno a uno entre dos personas. Y eso es un clásico: no tiene pierde."

- "En aquella época (la niñez) la muerte no era un asunto personal. La muerte era, a lo sumo, un perro muerto."

- "Cuando yo era chico, e inmortal, las nubes bajaban tanto a la altura de Sarandí que era posible pellizcarlas con la mano."


 


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