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Corrupción Robo masivo de brevetes que van a parar a la mafia de la falsificación.

Con Licencia Para Chocar

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En la sede del Ministerio de Transportes en Lince los pericotes desaparecieron mil hologramas que se aplican a los brevetes.

Los pericotes también manejan con brevete. La Asociación Peruana de Empresas de Seguros (Apeseg) descubrió últimamente que la mayoría de responsables de accidentes de tránsito son portadores de licencias de conducir falsificadas. Subyace a los ríos de sangre un mercado negro descarado y millonario.

Como consecuencia, las estadísticas se apilan impunes. El último año dejó 875 muertes por accidentes de tránsito. Entre 1997 y 2007, sumaron 30 mil. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el Perú es solo superado por Bolivia en las muertes por accidentes de tránsito en relación con la cantidad de autos (ver cuadro).

¿Cuánta responsabilidad recae en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones? Mucho se ha escrito, por ejemplo, sobre la efectividad del programa Tolerancia Cero. Pero peor sería descubrir que funcionarios del propio sector estuvieran involucrados en la mafia de brevetes falsificados.
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Dos hechos recientes dan cuenta de la situación: el robo de mil hologramas que se aplican en las licencias de conducir en las propias oficinas del MTC en Lince y la desaparición de un envío con similar cantidad de brevetes, exactamente 961, que salieron para ser entregados en Puno.

Ambos casos ocurrieron en octubre último. El primero fue detectado el 27 de ese mes y en el segundo la desaparición se hizo evidente luego de los reclamos de los usuarios que esperaban los documentos trasladados por la compañía Olva Courier.

CARETAS intentó comunicarse con el ministro Enrique Cornejo. La respuesta fue derivada a José Luis Castañeda, recién nombrado director de Transporte Terrestre. “La reacción del Ministerio fue inmediata”, dijo. “Con los hologramas la Procuraduría del Ministerio hizo la denuncia de manera inmediata y la Dirincri tomó las declaraciones de todo el personal. La única que no asistió fue una señorita que ya no trabaja allí. El 20 de enero el tema pasó a la Fiscalía y la investigación ha sido ampliada”. En Puno la valija le fue robada a la compañía transportadora. Es obvio que los dos botines terminaron en manos de la mafia de licencias truchas que prolongan la espiral de accidentes.

La falsificación alcanza cotas insospechadas. Operativos policiales en el jirón Azángaro han encontrado que no hay límites en la materia. “Plantillas” perfectas permiten no solamente conseguir licencias de conducir falsas, sino también levantamientos judiciales de órdenes de captura, récords “limpios” de conducción, tarjetas de propiedad y circulación, pólizas de seguros para transportistas y gravamen vehicular policial.

SEGÚN EL ESPECIALISTA Julio Rissotto, cada licencia falsa es vendida por aproximadamente 600 soles. Calcula que el negocio representa aproximadamente S/.70 millones al año.

Rissotto considera que una buena oportunidad se perdió con los lectores de identificación digital, cuya adquisición fue anunciada por la ex ministra Verónica Zavala hace más de dos años, en octubre del 2006, pero nunca fueron puestos en funcionamiento.

“A más tardar para el mes de mayo de 2007 el sistema de control de los brevetes con 105 lectores debía estar completamente operativo y de la mafia sólo quedaría un recuerdo”, lamenta. La Policía nunca recibió los lectores.

La detección digital, por cierto, es un método cada vez más extendido. Uno de los últimos casos es el de Puerto Rico. Los datos de identificación solamente se pueden ver con la luz ultravioleta de los lectores, que también captan una serie de fotos del chofer, repartidas sobre el documento. Además del número de licencia al conductor se le asigna un segundo número secreto de identificación. El riesgo de utilizar licencias robadas, como en los dos escandalosos casos mencionados, es reducido al mínimo.

El ministro Cornejo anunció la semana pasada que reduciría los “engorrosos” trámites para sacar el brevete. Pero este drama le obliga a enfocar las luces en otra dirección. (Enrique Chávez)


 


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