miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2064

05/Feb/2009
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre UrbanismoVER
Acceso libre FútbolVER
Acceso libre TurismoVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Acceso libre HistoriaVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Jaime Bedoya
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Nicholas Asheshov
Sólo para usuarios suscritos Alfredo
Sólo para usuarios suscritos Luis Freire
Suplementos
Acceso libre Medio AmbienteVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Opinión Por GEORGE SOROS

2009 Agenda Urgente

CARETAS y Project Syndicate presentan en exclusiva el primero de cuatro artículos del legendario inversionista George Soros sobre los orígenes de la presente debacle financiera y sus consecuencias para el futuro de la economía mundial. Soros dijo en la Cumbre de Davos esta semana que “la magnitud del problema es significativamente mayor que lo que fue en los años 30”. Señaló que en EEUU “el crédito como un porcentaje del PBI era de un 160% en 1929 y creció hasta el 260% en 1932 y comienzos de 1933, como resultado de la deflación y la caída de la actividad económica”. En cambio, en el 2008 el crédito se situó en el 360 % del PBI y aumentará hasta el 500% en los próximos años como consecuencia de la deflación y depresión”.

DAVOS – El estallido de las burbujas causa contracción del crédito, liquidación forzada de activos, deflación y destrucción de la riqueza que puede alcanzar proporciones catastróficas. En un ambiente de deflación, el peso de la deuda acumulada puede hundir al sistema bancario y arrastrar a la economía a una depresión. Eso es lo que debe evitarse a toda costa.

Se puede hacer mediante la creación de dinero para compensar la contracción del crédito, la recapitalización del sistema bancario y la cancelación o reducción de la deuda acumulada de manera ordenada. Para obtener los mejores resultados, estos tres procesos deben combinarse. Eso requiere medidas de política radicales y no ortodoxas.

Si estas medidas tienen éxito y el crédito comienza a crecer, el espectro de la inflación sustituiría a las presiones deflacionarias y las autoridades tendrán que drenar el exceso de oferta monetaria de la economía casi al mismo ritmo que la hayan inyectado. De las dos operaciones, es probable que la segunda sea aun más difícil a nivel técnico y político que la primera, pero la alternativa –depresión global y desorden mundial– es inaceptable. No hay forma de salir de una situación de desequilibrio –deflación y depresión globales– sin inducir primero la opuesta y reducirla después.

- El esfuerzo para inyectar dinero a la economía estadounidense se topará con dificultades en dos frentes: el tipo de cambio y las tasas de interés. El dólar sufrió presiones al principio de la actual crisis financiera, pero a medida que la situación empeoró, tuvo una sólida recuperación.

La fuerza del dólar en los últimos meses de 2008 se debió no a un mayor deseo de tener dólares sino a una mayor dificultad para pedirlos prestados. Los bancos europeos y otros bancos internacionales habían adquirido muchos activos denominados en dólares que habitualmente situaban en el mercado interbancario; a medida que el mercado se contrajo, se vieron obligados a comprar dólares. Al mismo tiempo, los países de la periferia tenían una gran cantidad de obligaciones denominadas en dólares que tuvieron que pagar cuando no les fue posible renegociarlas.

La tendencia se invirtió temporalmente a finales de 2008 cuando la Reserva Federal recortó las tasas de interés prácticamente a cero y emprendió una facilitación cuantitativa. El euro tuvo una recuperación explosiva, pero no duró mucho porque la zona del euro tuvo que enfrentarse a sus propias dificultades internas. Los disturbios generalizados en Grecia resaltaron la grave situación de los países de la región Sur de Europa –España, Italia y Grecia– y de Irlanda.

Las tasas de los CDS de estos países aumentaron, sus calificaciones de crédito disminuyeron y los márgenes de rendimiento de los bonos de sus gobiernos frente a los de Alemania se ampliaron a un grado alarmante. El euro presentó una tendencia a la baja desde el principio de 2009 e incluso la libra esterlina tuvo un mejor desempeño.

- Alemania y el Banco Central Europeo tienen un punto de vista distinto al del resto del mundo sobre el problema al que se enfrenta la economía global. El BCE opera bajo directrices asimétricas: tiene la obligación constitucional de ocuparse únicamente de mantener la estabilidad de precios, no el pleno empleo. Alemania todavía vive con el recuerdo de la inflación descontrolada de la República de Weimar que fue el preludio del régimen nazi. Ambas consideraciones se oponen a la irresponsabilidad fiscal y la creación ilimitada de dinero. Esto debería favorecer al euro como reserva de valor, pero las tensiones internas en Europa operan en la dirección contraria.

El que no haya un mecanismo para proteger el sistema bancario a nivel continental y cada país tenga que actuar por sí mismo plantea dudas sobre su capacidad para hacerlo. ¿Es el crédito de Irlanda suficientemente bueno? ¿Puede el BCE aceptar la deuda de Grecia como garantía después de ciertos límites?

Los cimientos del Tratado de Maastricht se estremecen, sin mencionar las dificultades que tienen el Reino Unido y Suiza para proteger a sus bancos sobrecrecidos. A medida que las autoridades de regulación nacionales buscan proteger a sus propios bancos pueden dañar los sistemas bancarios de otros países. A la larga, las distintas autoridades nacionales tendrán que protegerse mutuamente, pero tendrá que haber un peligro común para que lo hagan.

- Puede suceder que los propietarios de riqueza recurran cada vez más al yen y al oro en busca de seguridad, pero probablemente se toparán con la resistencia de las autoridades –más pronto en el caso del yen que del oro. Además habrá una pugna entre quienes buscan seguridad y quienes necesitan utilizar sus reservas para salvar a sus empresas. Con todas estas fuerzas contradictorias, podemos esperar considerables variaciones de los tipos de cambio.

- En cuanto la actividad económica en Estados Unidos se reanude, es probable que las tasas de interés de los bonos del gobierno se disparen. En efecto, la curva de rendimiento tal vez se hará más pronunciada en previsión de ello. De cualquier forma, es probable que un aumento en las tasas de interés a largo plazo asfixie la recuperación. Es de esperar que las perspectivas de que una oferta monetaria mucho mayor se convierta en inflación conduzcan a un período de estanflación. Sin embargo, ese sería un resultado deseable de primera clase, porque evitaría una depresión prolongada.

Es difícil, pero no imposible, imaginar que la economía estadounidense crezca a una tasa del 3% o más en la próxima década. Estados Unidos ha tenido un déficit crónico de cuenta corriente que superó el 6% del PIB en su punto más alto. Eso desaparecerá y dejará una pesada carga de deuda externa que crecerá aún más por los déficit presupuestales de los próximos años. La proporción del consumo en el PIB tendrá que caer.

El sector de los servicios financieros, que ha sido el segmento de mayor crecimiento de la economía, se contraerá. Dado que los baby boomers se están jubilando en números crecientes, las tendencias demográficas se han vuelto desfavorables. Todas estas son influencias negativas.

- ¿Qué se puede esperar por el lado positivo? Una distribución más equitativa del ingreso, tanto internamente como a nivel internacional. Mejores servicios sociales, incluida la educación. Una política energética constructiva que conduzca a inversiones de gran escala en energía alternativa y ahorro de energía. Una reducción de los gastos militares. Un crecimiento más acelerado en el mundo en desarrollo, que ofrecerá mejores mercados para la exportación y mejores oportunidades de inversión. Pero incluso con las mejores políticas, es probable que el crecimiento interno se rezague en relación con la economía mundial. (George Soros*)

----------------
*George Soros es Presidente de Soros Fund Management. Su libro más reciente es Reflections on the Crash of 2008. Copyright: Project Syndicate, 2009.
www.project-syndicate.org
Traducción de Kena Nequiz.


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista