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Fútbol Vuelta olímpica por los 10 años de la exitosa carrera futbolística de Norberto Solano, fichaje estrella de Universitario, con o sin apagones.

Solano en su Cancha

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"Profesionalmente no es un retroceso y más bien siento que nunca me fui", dice El Maestrito desde el Monumental que oscureció ante su vuelta.

“En nuestra mesa nunca faltó un buen pescado, gracias a Dios”, dice Nolberto Solano refiriéndose a la base proteínica que le permitió una profesión y una carrera en la que la FIFA lo acaba de reconocer como el mejor lanzador de tiros libres del mundo. Su padre fue marino y en aquellos años, cuando Ñol era un niño, su situación le permitía darle estudios en un buen colegio, atención de primer nivel en salud y un entorno que él llama “bastante bueno”. “Tuve en cambio compañeros en las categorías menores que venían de situaciones deplorables, bajaban cerros o venían de callejones violentos y ‘gorreaban’ un sencillo para el micro. El fútbol sin embargo, traía abajo todas las diferencias, la alegría de jugar nos hacía a todos iguales. Allí mandaba el talento”.

Y desde que pisó las canchas de Alianza Lima, con 11 años, su talento asomaba distinto. Solano le adjudica buena parte de su éxito profesional a su pegada notable con la pelota detenida. “Desde chico los técnicos me pedían ejecutar todos los tiros de esquina y tiros libre, yo pensaba que era porque como siempre fui ‘chato’ nunca iba a poder cabecear, pero algo más había allí. Yo le pegaba bien, con técnica más que potencia. Y esa técnica me nació pero hubo que perfeccionarla. Miraba mucho patear a Roberto Arrelucea y después a otros compañeros como al propio Maradona. Alguna vez llegó a decirme: ‘Eh peruanito, dejáte de pegarle así que me estás dejando mal’”.

Primer Sueldo: 500 Soles

A finales del ’91, aún como menor de edad –16 años– el destino lo ubicó azarosamente en Cristal. “Yo siempre iba a ver a mis ‘tíos’ Leo Rojas y Percy Olivares y en una de esas visitas a camarines, Juan Carlos Oblitas me invitó a jugar por Cristal y me hizo desistir de firmar por Boys. El arreglo lo hice con Francisco Lombardi. Era un contrato de 2 años con 12 mil dólares de prima y un sueldo mensual de 500 soles. El día que firmé, cuando mi padre vio los primeros 3,000 dólares sobre la mesa, casi se desmaya”.

Cuenta que el debut fue a los 17 años ante CNI en Iquitos y complementa: “ese año jugué 6 ó 7 partidos e inclusive en la Copa Libertadores contra América de Cali, Oblitas me puso en la banca y me hizo ingresar el último minuto para poder cobrar premio”. Después llegó el préstamo a Municipal, el retorno como titular indiscutible a Cristal, el subtítulo de la Libertadores ’97 y la salida al equipo más importante del continente: Boca Juniors. “Le tenía respeto al equipo y a la presencia de Maradona, pero quería demostrar mi juego. En mi primera práctica solo le dije: Buenas tardes, maestro”.

Nombrar a Diego fue suficiente para que Solano continuara sólo con el relato: “El hacía lo que quería, bajaba a los hora que le provocaba a las comidas; para los partidos apenas si calentaba, tomaba la pelota, hacía unas cuantas piruetas y saltaba a la cancha. El preparador físico tenía el plan para todos menos para él y el “Bambino” Vieira, que nos dirigía lo justificaba diciendo: ‘y…que le puedo decir al más grande de todos a estas alturas’”. Compartió el vestuario de Boca solo 5 meses con Maradona aunque el aprecio real que le tomó el eterno 10 argentino lo constató 2 años después cuando, por pedido suyo, fue invitado a su despedida en la Bombonera. Entonces ya era del Newcastle o como él dice: “mi segunda casa”. Fue el gran salto, en lo económico y en lo profesional también. “Es la mejor liga del mundo. Ni en Italia ni en España hay el ritmo de ida y vuelta constante que hay en la Liga Premier. Además Inglaterra me enseñó la importancia de saber vivir en sociedad, respetarse desde el hecho de decir por favor y gracias”.

Cómo Triunfar En Inglaterra

“Hay 3 formas de triunfar en Inglaterra: o eres muy inteligente y tocas en primera para buscar la devolución, o eres una bala para desbordar o eres una pared grande para jugar como central. En todos los casos hay que tener recursos técnicos. Yo jugaba al ras del piso, tocaba en primera y me movía siempre, eso me hizo todo más sencillo”. Se considera ídolo del Newcastle pero aun así y por rebeldía contra el técnico Bobby Robson, que lo marginó inclusive de la suplencia, decidió marcharse al Aston Villa. Le fue bien, quedaron sextos, por encima también de su ex club y lo consideraron el mejor del año en su cuadro. Después, con nuevo técnico, volvió al Newcastle y, tras sus primeros problemas conyugales, la mudanza al pie del Támesis. “Con la separación, mi esposa se fue con mis hijos a Londres y yo los seguí fichando por el West Ham United.”

Pero, paralelo al éxito en la cancha, existía el drama en casa: “El que falló en mi matrimonio fui yo. Tal como fui hombre para la infidelidad, lo soy para admitir mis errores”.

A estas alturas el diálogo tocó un tema sensible, la estrella dejó ver el lado humano y se despachó como en una catarsis: “Ella compartió conmigo la experiencia en Boca y fue valiosísima en mi adaptación a Europa. Me hizo mejor persona y si busqué tan afanosamente volver con ella es porque la amo. Ahora estamos en un proceso de decisiones, ella sigue con mis hijos en Grecia hasta que termine el año escolar; en junio deben volver y espero que para reunir a la familia. He dado todo para que esa relación se recomponga”.

El balance que hace de su carrera es realista: “Quedo en deuda con la selección y en el logro de títulos pero en lo individual sí me considero un futbolista exitoso. He sido dedicado y responsable, me tracé metas y las cumplí”.

De Amigos Y Colegas

Admite que el fútbol le dio amigos pero no los más cercanos e íntimos. “Los amigos de verdad pertenecen al barrio, me reuní con ellos hace poco y me siguen diciendo ‘negro’. En el fútbol conservo la amistad de muchos compañeros y nunca tuve problemas con nadie”. La repregunta entonces surgió inmediata:

–“¿Tampoco con el “Chorri”?”

–“No, tampoco con él. Hubo intenciones del Newcastle por contratarlo en algún momento, le hablé bien de él a Robson, enviaron a un reclutador de figuras, lo evaluaron pero el fichaje nunca se dio. Entonces su empresario creó la fábula de que yo había impedido su llegada. Yo desmentí la versión de frente y espero que me haya creído. Por lo demás siempre fuimos buenos compañeros y nos seguimos saludando muy bien”.

Ahora volver al país a través de la “U” le renueva la ilusión aun cuando la improvisación asome inesperada desde la involuntariamente oscura presentación del plantel merengue la semana pasada. “Profesionalmente no es un retroceso y más bien siento que nunca me fui. De Inglaterra estamos muy lejos y no descubro nada con ello. Grecia sin embargo, tiene niveles de informalidad parecidos a los nuestros”. En su expresión se nota la serenidad del deber cumplido y la seguridad económica que le brindó el talento que trajo en el ADN. El fútbol que le espera es inferior al que dejó pero es consciente de que “a los 35 años no se rinde igual ante el rigor de las ligas más fuertes. Sé que vuelvo a un torneo distinto, con una geografía diversa, para jugar de una semana a otra, entre la altura y el llano; entre el extremo calor y un penetrante frío. Sé que no encontraré las mismas facilidades que en Europa, pero estoy feliz de volver. Por muchos motivos, más allá de instalarme otra vez en Perú y reencontrarme con viejos afectos, aquí entras a cualquier lado, cierras los ojos y comes bien. Con la ‘U’ quiero hacer mi trabajo, darles alegrías y ganarme con ello el cariño de la hinchada sin que me regalen nada”.

–“¿Quiénes son los mejores técnicos que te dirigieron?”

–“Fueron muchos pero destaco a Robson, Markarián, Oblitas y Autuori”.

Lo que vendrá para Ñol luego de dejar la carrera lo expresa con su última respuesta.

–“Si adquieres un club, para que juegue bien y lo gane todo ¿quién debería dirigirlo?”

–“Ah, a ese equipo lo dirigiré yo”.

Aun sin mundiales a cuestas, Solano es de las pocas luces que alumbran la brumosa historia del fútbol peruano. Un toque de distinción emergido de la tierra y el cascajo. Un exponente diferente de un fútbol dolorosamente devaluado. Ñol está de vuelta y como con su querida trompeta, está listo para dar las mejores notas en sus últimos recitales. Acaso con él en la cancha, surjan las luces en las próximas noches cremas, que anhelamos algo más luminosas que aquella sombría y vergonzosa en el Monumental. (Eddie Fleischman)

Marcando a Manco

Mientras regresa un ídolo, se acosa a una promesa

El Reimond Manco del Mundial Sub 17 de Corea del Sur 2007 no es el mismo de estos días. De aquel niño con gesto travieso, desparpajo y simpatía, jugador atrevido y desenfadado; a éste, siempre niño, en estos días algo exhibicionista, de tenida farandulera y de rendimiento regularón, hay una distancia. En el lapso de un año debutó en primera, jugó un mundial y emigró a una liga de segundo escalón en Europa para encontrar la abundancia a la que todos, en su situación, aspirarían. Presente prometedor, pero aún no plasmado en éxitos resonantes. Entonces llegaron los contratiempos. Buscó una exposición mediática excesiva que no tardó en pasarle factura. Manco merece ser criticado por desenfocarse de su compromiso deportivo y por no cubrir las expectativas que genera; pero no merece la secuencia de agravios y calificativos que le dispararon recientemente a él y su esposa. Su conducta debería cambiar si pretende responder al rigor europeo, pero eso lo decidirá él. Sería oportuno que se le diera un poco de paz. Por el encono con que a veces es tratado pareciera haber un perverso afán por verlo volver pronto en medio del fracaso antes que aplaudirlo por un futuro retorno a lo Solano. (E.F.)


 


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