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Medio Ambiente Organización de tablistas ecológicos, Surfrider Foundation abre un capítulo en el Perú.

Los Rasca Playas

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Imagen de SR que demuestra que una playa no se limpia sola.

Eran unos cuantos surfers californianos los que en el orwelliano año de 1984 hablaron por primera vez de fundar una institución que velara por el medio ambiente costero, preocupación que en ese entonces era casi una excentricidad digna de gente que pasa demasiado tiempo bajo el sol. Más de 20 años después, la Fundación Surfrider (www.surfrider.org) reposa su prestigio mundial en el talento visionario de aquella tarde. Con más de 50 mil miembros sólo en los Estados Unidos y 60 capítulos regionales distribuidos en Canadá, Puerto Rico, Costa Rica, Argentina y, ahora, Perú, recuenta sus hitos: 65 victorias costeras –como se le llama a las iniciativas para salvar una playa o recinto natural– solo en el 2007, además de un largo historial de procesos legales ganados en beneficio de playas a gigantes corporativos como la petrolera Chevron, miles de campañas de concientización en colegios y hasta la creación de la reserva marina Tres Palmas, en Puerto Rico, establecida por decreto ley y con un presupuesto anual de 100 mil dólares.

Las metas estratégicas de Surfrider comprenden: detener la interrupción humana en los procesos naturales de las playas, asegurar ecosistemas playeros saludables, proteger el oleaje, asegurar acceso universal y de bajo impacto a las playas –atención, Asia–, motivar un movimiento global para el cuidado de las playas y esparcir su visión a través del activismo en capítulos locales como el recientemente abierto en el Perú. Es bajo esas premisas que durante el fin de semana del 23 al 25 de marzo del 2007 lograron convocar mediante Internet a 12 mil voluntarios para limpiar 218 playas alrededor del mundo.

Otra de las carácterísticas del activismo de Surfrider radica en el perfil de su membresía: “Tablistas, nadadores, buzos, bodyboarders, kayakers y entusiastas de la playa en general”. Esa es la importancia de fundar el capítulo en el Perú: parte de las 240 mil horas de trabajo que Surfrider reúne en el mundo pueden dedicarse a este país extremadamente sensible a los cambios del calentamiento global. Bajo la dirección del tablista Alberto Figari, hacerse miembro de Surfrider Perú solo cuesta 50 soles. Por lo pronto, una primera incursión en la actividad medioambientalista ha sido la recolección de basura en La Herradura, que al final de cada día se embolsa en envases tipo supermercado como si fuera la pesca de la jornada. Y es solo el calentamiento. Cómo será cuando se zambullan de lleno en el activismo.


 


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