domingo 17 de febrero de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2065

12/Feb/2009
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre EntrevistasVER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre Opinión VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre TerapiaVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos China Tudela
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Alfredo
Sólo para usuarios suscritos Luis Freire
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2270
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Opinión Por GEORGE SOROS

La Renovación del Sistema Financiero Internacional

Ampliar imagen
NUEVA YORK — El sistema financiero internacional ha estado dominado durante decenios por los EE.UU. y el llamado “Consenso de Washington”(1). Lejos de proporcionar un campo de juego igual para todos, ha favorecido a los países que controlan las instituciones financieras internacionales, en particular los EE.UU., en perjuicio de los países que se encuentran en la periferia de la economía mundial.

Los países de la periferia han estado sujetos a la disciplina del mercado dictada por el consenso de Washington, lo que los ha expuesto a una serie de crisis financieras, mientras que los EE.UU. han estado exentos de la disciplina del mercado, con lo que han succionado los ahorros mundiales para mantener un déficit por cuenta corriente cada vez mayor.

Ese estado de cosas podría haber continuado indefinidamente, porque la disposición de los Estados Unidos a incurrir en un déficit exterior crónico fue acompañada de la disposición de otros países a incurrir en superávits crónicos(2). Le puso fin el estallido de la burbuja inmobiliaria, que reveló el endeudamiento excesivo del sector inmobiliario. La actual crisis financiera ha revelado lo injusto que es ese sistema, porque la crisis se originó en los EE.UU., pero está haciendo más daño a los países de la periferia.

El daño a la periferia es reciente y aún no se ha reconocido su importancia. Los países del centro de la economía mundial han garantizado eficazmente sus depósitos bancarios, pero los países de la periferia no pueden ofrecer a los inversores seguridades igualmente convincentes. A consecuencia de ello, el capital está huyendo de la periferia, donde resulta difícil renovar los préstamos de próximo vencimiento y las exportaciones sufren las consecuencias de la falta de financiación.

Las instituciones financieras internacionales tienen una nueva tarea: la de proteger a los países de la periferia de una tormenta que ha emanado del centro, a saber, de los EE.UU. Su futuro depende de su eficacia para desempeñarla. Si no pueden prestar una ayuda importante, pueden llegar a ser en gran medida irrelevantes.

Se necesita asistencia para proteger los sistemas financieros de los países de la periferia, incluida la financiación del comercio, y permitir a sus gobiernos aplicar políticas fiscales anticíclicas. Lo primero requiere grandes fondos para imprevistos de los que se pueda disponer con poca antelación durante períodos relativamente cortos. Lo segundo requiere financiación a largo plazo, pero el caso es que los 200,000 millones de dólares, aproximadamente, de fondos no comprometidos de que dispone el Fondo Monetario Internacional (FMI) no son ni mucho menos suficientes para ofrecer una asistencia mínimamente eficaz, dadas las necesidades potenciales. Entonces, ¿qué se debe hacer?

Soros en Davos, Suiza, la semana pasada.

La solución más sencilla es la de crear más dinero. Ya existe el mecanismo para emitir derechos especiales de giro(3). Lo único que hace falta para activarlo es su aprobación por el 85 por ciento de los miembros del FMI. En el pasado, los EE.UU. se han opuesto rotundamente a ello. La creación de más masa monetaria es la reacción adecuada ante el desplome del crédito. Eso es lo que están haciendo los EE.UU. a escala nacional. ¿Por qué no hacerlo a escala internacional?

Resulta irónico que los derechos especiales de giro no serían demasiado útiles para proporcionar liquidez a corto plazo, pero sí que lo serían mucho para permitir a los países de la periferia aplicar políticas anticíclicas, si los países ricos prestaran o donasen sus asignaciones a los países pobres, lo que beneficiaría en particular a los países más pobres, que probablemente serán los que resulten más gravemente afectados.

Las instituciones financieras internacionales conservarían el control de los fondos donados y velarían por que se gastaran de la forma idónea. Si se aplicara en gran escala –un billón de dólares, pongamos por caso– el plan de derechos especiales de giro, ese acto aparentemente desinteresado de los países ricos redundaría, en realidad, en su propio interés, en el mejor sentido de este término, al estimular la economía mundial y apuntalar sus mercados de exportación.

Además de donar sus asignaciones de derechos especiales de giro, los más importantes países desarrollados deberían garantizar conjuntamente, dentro de unos límites acordados, bonos estatales a más largo plazo emitidos por los países de la periferia. Al mismo tiempo, se podría inducir a los países con superávits crónicos a que invirtieran una porción de sus reservas de divisas o fondos soberanos en bonos estatales a más largo plazo de los países menos adelantados, lo que beneficiaría a los países más desarrollados de la periferia, como, por ejemplo, Sudáfrica e Indonesia, que están aplicando políticas macroeconómicas correctas.

Como el plan de derechos especiales de giro no es tan útil para proporcionar liquidez a corto plazo, se tendría que conseguirla por otros medios. Los países con superávits crónicos, además de invertir en bonos estatales a largo plazo, podrían contribuir a un fondo fiduciario que complementara el nuevo servicio de liquidez a corto plazo del FMI, que permite a los países recibir una cantidad equivalente a cinco veces su cuota durante tres meses.

Por ejemplo, con arreglo a dicho servicio, el Brasil puede recibir sólo 23,400 millones de dólares, mientras que sus propias reservas ascienden a 200,000 millones. Un fondo complementario y más flexible daría más peso al servicio de liquidez a corto plazo.

Además, los bancos centrales del mundo desarrollado deberían extender líneas suplementarias de crédito cruzado(4) a países en desarrollo y aceptar activos denominados en divisas locales para hacerlas más eficaces. El FMI podría desempeñar un papel garantizando el valor de los activos denominados en divisas locales.

A más largo plazo, los reglamentos bancarios internacionales deberían facilitar las corrientes crediticias a los países de la periferia. A corto plazo, los bancos centrales de los países desarrollados deberían presionar a los bancos comerciales para refinanciar las líneas de crédito. Tal vez podrían hacerlo en coordinación con el Banco de Pagos Internacionales.

Pocas de esas medidas serían posibles sin plantear la enojosa cuestión de la redistribución de las cuotas(5), lo que redundaría en provecho del interés, en el mejor sentido de este término, de los EE.UU. y Europa, porque, a no ser que éstos cedan algunos de sus derechos de voto, los países que han llegado a ser ricos recientemente recurrirán a acuerdos regionales o bilaterales en lugar de cooperar con el FMI. En cualquier caso, probablemente no se pueda eludir esa cuestión, pero se tardará mucho en zanjarla.

La vía mejor sería la de obtener apoyo para un plan de derechos especiales de giro en gran escala aceptando que se inicien las negociaciones. Si el nuevo Gobierno de los EE.UU. abanderara esa vía, respondería a las esperanzas mundiales. (Por: George Soros*)

------------------
*George Soros es Presidente del Soros Fund Management. Su libro más reciente es Reflections on the Crash of 2008 (“Reflexiones sobre el desplome de 2008”). Copyright: Project Syndicate, 2009. www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.


Salvar a los Países de la Periferia

George Soros: “La crisis financiera ha revelado lo injusto del sistema: Se originó en EE.UU., pero está haciendo más daño a los países de la periferia”.

Todos están de acuerdo en que la actual es una crisis financiera. Hay, por cierto, problemas económicos, que los sienten en carne propia los millones que se han quedado sin trabajo, pero ellos no se comparan con los que había a fines de la década del 70 y principios de la del 80. En esa época el llamado Índice de Miseria en los Estados Unidos (la suma de las tasas de inflación y desempleo) andaba por los 20 puntos, mientras ahora bordea los 8. Pero si no se resuelve, y pronto, la crisis financiera puede desembocar en la catástrofe económica sobre la que ha alertado el presidente norteamericano Barack Obama.

Y en materias financieras, hay que escuchar a George Soros, porque es de los que más saben.

El billlonario, que se llamaba Schwartz György cuando nació en Hungría 78 años atrás, es un especulador financiero, inversionista, filántropo y activista político liberal. Es famoso por “quebrar” el Banco de Inglaterra en 1992, y gatillar la crisis asiática al apostar contra el baht tailandés en 1998. De hecho, una de sus máximas es: “encuentra una tendencia cuya premisa sea falsa, y apuesta tu dinero contra ella”.

La edición pasada (CARETAS 2064), Soros señaló que para salvar al sistema financiero se necesita echar a andar un motor con tres cilindros: la recapitalización de los bancos, el retiro de activos tóxicos de los balances de los mismos y la inyección de dinero en la economía. En esas andan las economías centrales, principalmente la de Estados Unidos, pero, según Soros, al hacerlo han olvidado a los países periféricos.

Proteger los sistemas financieros de los países periféricos es vital porque han sufrido corridas de los depositantes extranjeros, les faltan líneas de crédito para su comercio internacional y carecen de financiamiento para aplicar programas anticíclicos. Para dicha protección es indispensable la cooperación internacional. Pero como apunta Soros, los recursos del FMI suman apenas US$ 200,000 millones por lo que, a fin de estirarlos, ha endurecido los términos de sus préstamos, cuando lo que se necesita es que los suelte. Por lo tanto, lo que se precisa es crear dinero –es decir, que el FMI emita derechos especiales de giro– para los países periféricos, tal como los países centrales están haciéndolo para sí mismos. La manera de crear dicho dinero y el nuevo papel del FMI es lo que plantea Soros en esta entrega.

Glosario Mínimo Indispensable


1. Consenso de Washington: Listado de diez políticas económicas consideradas durante los años 1990 por los organismos financieros internacionales y centros económicos con sede en Washington, EE.UU., y formulado originalmente por John Williamson, como el mejor programa económico que los países latinoamericanos debían aplicar para impulsar el crecimiento. El programa enfatizaba medidas de ajuste fiscal, apertura y liberalización de los mercados, que luego se denominaría “neoliberalismo”, especialmente por parte de los críticos.

2. Superavit crónico: Siempre es mejor que sobre a que falte dinero, pero el exceso de divisas puede convertirse en un problema crónico, incidiendo a la baja el tipo de cambio y presionando a la alza la inflación.

3. Derechos Especiales de Giro: Es dinero creado por el Fondo Monetario Internacional sobre el cual los países miembros tienen derecho en proporción a sus aportaciones. Soros plantea que el FMI libere un paquete de US$ 1 millón de millones (un billón) para compensar a las economías emergentes afectadas por la crisis financiera internacional, suma significativa tomando en cuenta que el paquete de rescate de Obama asciende a US$ 700,000 millones.

4. Líneas suplementarias de crédito cruzado: El país receptor garantiza el préstamo en dólares o derechos especiales de giro con la moneda local, lo cual significa que el riesgo cambiario o de devaluación es asumido por el acreedor y no el prestamista, una suerte de herejía para la banca privada.

5. Redistribución de la cuotas: Los países miembros tienen derecho a préstamos del FMI en función a sus aportaciones, pero para que el plan de salvataje funcione Soros plantea cambiar la estructura del FMI de tal forma que la inyección de capitales responda a la magnitud de las crisis locales, y no a la cuota de cada país ante el FMI.


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista