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Fotografía Luego de seis décadas de trabajo fotográfico, Carlos ‘Chino’ Domínguez vende su archivo histórico.

Un Millón de Miradas

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Legendario Carlos ‘Chino’ Domínguez y descomunal archivo fotográfico que pronto pasará a manos de la Universidad Alas Peruanas. En total, un millón de negativos.

A caja por año, sesenta son las cajas que albergan el fruto de sesenta años de trabajo fotográfico. Apiladas unas sobre otras como formando una muralla del recuerdo, las cajas que contienen el millón de negativos de Carlos ‘Chino’ Domínguez cubren toda una pared de su dormitorio soportando el peso y el paso de los años.

Ubicada frente a su cama, uno diría que esa mole casi casi se erige como el monstruoso espejo de vida de este legendario reportero gráfico que ahora ha decidido vender a la Universidad Alas Peruanas todo su archivo o, como lo llama él, “la memoria del Perú”.

Por eso, como en una lenta despedida, cada madrugada de insomnio el ‘Chino’ puede pasar buenos ratos en su cama observando delante suyo todas esas cajas made in Egypt que antes albergaron mangueras y agujas para las diálisis que puntualmente se realiza tres veces por semana. Aquí, sin embargo, no se plantearán ociosas analogías entre males del cuerpo y del alma peruana retratada a lo largo y ancho de seis décadas.

“En alguna forma lo siento como una liberación”, explica Domínguez sobre la venta de su archivo, “como que me desprendo de esta carga… con la cámara digital me estoy acostumbrando a ver en otra forma, en otro estilo, y me siento bien porque así liquido una etapa de la fotografía social mía que es muy fuerte, hay muertos, golpes de Estado, manifestaciones, cachiporrazos, hay de todo”. Cuando el rostro de la pared de su dormitorio quede nuevamente desnudo, el ‘Chino’ pasará a convertirse en una especie de asesor de la Universidad durante la etapa de escaneo e identificación de toda su obra, lo que demandará alrededor de un año de trabajo.

Con 74 años de vida y una reciente operación de cataratas a cuestas, el ‘Chino’ cree que lo que siempre lo diferenció de otros fotógrafos fue que mientras ellos miraban, él veía. ¿Y qué vio? Vio devociones de todo calibre: religiosas, políticas, intelectuales y artísticas. Vio a los más destacados personajes de la política y también al más anónimo de los ciudadanos. Vio al Perú. Vio el detalle social, como a él mismo le gusta decirlo. Recuerda, particularmente, el encuentro entre Morales Bermúdez y Belaunde, cuando el primero decidió pasar el gobierno a la civilidad, y el militar le tendió la mano al arquitecto, que entonces le agarró el codo. El título de esa foto, pues, estaba cantado: “le dio la mano, y se fue hasta el codo”. Y de ese mismo encuentro saldría esa otra toma en que Morales Bermúdez entorna los ojos al cielo mientras escucha los halagos de Belaunde, foto que el ‘Chino’ solo pudo titular como “el orgasmo del poder”.

Ahora, Domínguez desea dejar atrás fervores y dolores hasta ahora retratados para dedicarse, más bien, a un nuevo ciclo creativo que no se enfoque en los problemas de la calle, sino en lo bello que pueda encontrar en ella, “en un jardín, un pájaro, o hasta una cabeza de pescado”. Y, claro, dedicarse a concretar su ansiado proyecto de un museo de la fotografía peruana. Vale el esfuerzo. (MDP)


 


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