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Urbanismo Los paneles publicitarios en la Panamericana representan un peligro del tamaño de cuatro canchas de fútbol profesional. Testimonio de parte.

El Desierto Encubierto

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El mismo tramo de la Panamericana con paneles y sin paneles, gracias a la magia de la computadora. La diferencia es casi onírica.

Según la ONG Luz Ámbar, en la Panamericana Sur hay 228 hay paneles publicitarios, entre legales e irregulares. El tamaño máximo permitido para cada uno, según la Ordenanza 1094, es de 180 metros cuadrados; pero seamos más discretos y, para efectos prácticos, digamos que el tamaño promedio de estos colosales avisos publicitarios de carretera es de solo 150 metros cuadrados. Una multiplicación sencilla arroja la monstruosidad de 34 mil 200 metros cuadrados de publicidad gigante. Es decir, cuatro campos de fútbol FIFA en avisaje de dudoso ingenio y, más peligroso aún, de alto potencial distractor. Tal cualidad, aplicada a vehículos que en carretera sobrepasan con facilidad los 100 kilómetros por hora, convierte a la Panamericana en un colorido camino hacia la tragedia. Bien lo sabe Cinthia McKenzie, conductora que hace dos veranos casi pierde la vida en el kilómetro 35 de la Panamericana.

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Antes de eso, Cinthia nunca había tenido ningún accidente de tránsito o mínimo raspón en la pintura de su Volkswagen Gol del 96. Aquel mediodía iba a menos de 100 porque había algo de tráfico cuando vio un panel publicitario que le llamó la atención. Una escena romántica: la pareja de enamorados observando abrazados la puesta del sol en el horizonte marino, sólo que en vez del sol se trataba de una galleta gigante que se sumergía lentamente en el agua, como quien la remoja en un vaso de leche, con los jóvenes tórtolos casi en contraluz. Tal vez por la originalidad de la idea o por algún motivo subconsciente, Cinthia se quedó observando el panel. Tres segundos, dice. Cuando volvió la vista a la carretera se vio a punto de embestir a una station wagon que estaba delante de ella. Viró a la derecha oyendo las bocinas de los que venían detrás de ella y la esquivaban, viró a la izquierda, perdió el control del auto y solo intentó dirigirlo a la berma central, en donde terminó hundido y destrozado. Su opinión sobre los paneles es actualmente desfavorable (ver recuadro). Todo por una galleta.


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