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Medio Ambiente Extractores de oro le sacan la vida a la Reserva Amazónica de Madre de Dios.

Pesadilla de Tarzán

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Tarzán del ecoturismo, Joe Koechlin, se enfrenta ante amenazante incursión minera en la Reserva Amazónica y el refugio de animales de la isla Rolín.

Metiéndole toda la potencia a un cómodo lanchón de turistas, el piloto va navegando por el río Madre de Dios dejando atrás la ciudad de Puerto Maldonado. Los tripulantes, en su mayoría birdwatchers, sacan binoculares mientras escuchan el potente pulmón de los guacamayos de la región madredina. Tras 45 minutos de viaje arriban al paraíso de la Reserva Amazónica Inkaterra –situada frente a la Reserva Nacional Tambopata–, donde unos reconfortantes eco-bungalows los esperan.

En el lugar la observación será el deleite. El camino sobre los árboles (Canopy Walk) permite ver a muchas de las 500 especies de aves de Madre de Dios, además de 67 tipos de sapos, 362 de hormigas y 3,000 de plantas medicinales registradas en la Reserva Amazónica (CARETAS 1850 y 1961). Luego un buen spa contra el estrés y todos listos para Morfeo. Desafortunadamente, una pesadilla minera atenta actualmente contra la armonía del lugar.

En el último año, la minería artesanal se ha apoderado de las márgenes del río Madre de Dios para extraer oro mediante la técnica del dragado: embarcaciones con brazos mecánicos que succionan material a varios metros de profundidad en el río, para luego obtener oro al combinársele con mercurio. El resultado: una bulla que atenta contra el concierto de guacamayos y el sueño de los turistas, y peor aún, la contaminación fluvial por el mercurio.

Increíblemente, según la Dirección de Energía y Minas del Gobierno Regional de Madre de Dios, no existen dragas entre Puerto Maldonado y la frontera con Bolivia. Sin embargo, “el Ministerio de Energía y Minas tiene registradas a 79”, indica el director general de Minería, Víctor Vargas. Las informales escapan al conteo, a lo que Vargas remata: “Junto a Puno, Madre de Dios registra la mayor minería informal del país”.

CLARO, EL PROBLEMA no le causa gracia alguna a Joe Koechlin, dueño del albergue Inkaterra, presidente de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur) y preocupado Tarzán del ecoturismo. “A las orillas de la Reserva Amazónica hay 14 dragas durante la época de lluvias y hasta 40 en período de estiaje. Ninguna tiene registro de matrícula”, alerta: “¡Son totalmente ilegales y están degradando el subsuelo día y noche!”.

Pero la pesadilla de Koechlin no termina ahí. A tan sólo 10 minutos en lancha del albergue se encuentra la isla Rolín, que actúa como centro de rescate de animales silvestres capturados ilícitamente. En los últimos 10 años Koechlin, quien tiene la concesión de la isla, viene buscando la reintroducción de éstos en su hábitat, pero la minería también ha llegado a esta zona reservada de la Marina de Guerra. El último viernes 13 el comandante de la Capitanía de Puerto comprobó que un pueblo minero, con maquinarias y hasta kioskos, ya estaba asentándose en la isla.

EN EL PANORAMA COMPLETO el sistema de dragas de Madre de Dios “extrae mensualmente 30 kilos de oro: casi el 20% de la producción total de la región”, acota el ingeniero Vargas. Con el precio del metal, que la semana pasada llegó a US$ 945 la onza, y teniendo en cuenta que “en la región la pureza del oro es de 22 kilates (Vargas dixit)”, no extraña la creciente minería informal.

Pero teniendo como precedente la enorme deforestación de cientos de hectáreas en el distrito madredino de Huaypetué, eminentemente minero, dicha actividad y la selva no son compatibles. Menos las dragas con el turismo. Va siendo hora de resolver el problema y dejar a Tarzán nuevamente soñar.

La minería está afectando el ecoturismo en Madre de Dios y el rescate de animales en la isla Rolín. Antes sólo se manifestaban en época de lluvias, pero ahora es perenne.


 


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