Religión Ciento cincuenta años después de la teoria de la evolución de las especies, darwinismo científico y creacionismo religioso siguen enfrentándose.
Colisión Creyente
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Los buses ateos llegaron a España. La Unión de Ateos y Librepensadores españoles continuaron la iniciativa inglesa. La primera versión del Atheist Bus Campaign obviaba el "probablemente". |
Antes y después de Charles Darwin, la evolución de las especies se ha mantenido como una certeza científica. Sin embargo, el aporte del naturalista inglés –a doscientos años de su nacimiento y ciento cincuenta de su teoría de la evolución de las especies– sigue discutiéndose en su propia tierra natal. El pasado 2 de febrero del 2009, una encuesta de
The Daily Telegraph arrojó resultados a partir de un universo de dos mil seiscientos adultos. Mientras un 40% defendió la tesis del naturalista, el 51% alegó que, junto a la teoría de la evolución, había sido necesaria la existencia de un dios o “diseñador inteligente”. Con cifras superpuestas, un 32% de los británicos se mostraba convencido de que Dios habá creado al mundo hace diez mil años. Richards Dawkins, impulsor de los buses ateos londinenses, glosó el sondeo subrayando “la preocupante ignorancia británica”. Luego cuestionó a The Daily Telegraph por tener horóscopo. La academia británica también fue encuestada: uno de cada tres profesores de ciencias naturales creía que debía enseñarse creacionismo junto a la teoría del Big Bang.
El creacionismo es la sacha teoría que se instala en el intersticio entre la certeza evolucionista y la duda pública que aún parecen suscitar las ideas darwinianas: la selección natural aleatoria y la filiación de un antepasado común como sustento genético de la diversidad biológica. Aunque las evidencias enlazan unas a otras como partes de la cadena de un mismo sistema evolutivo, los grupos de interés religiosos han logrado insertarse en el eslabón perdido.